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23/9/14

Al rojo vivo

Legalizaron el aborto 50 años antes que Gran Bretaña; despenalizaron la homosexualidad 77 años antes que Alemania; permitieron el divorcio 70 años antes que Argentina. ¿Cómo tomaron, hace casi un siglo atrás, el cielo por asalto?  

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6/3/14

8 de marzo: desenredando un viejo entuerto



Como cada año, empiezan las discusiones sobre qué se conmemora el 8 de marzo. No falta el comentario interesado de algún periodista que se burla y pregunta cuándo es el día de los hombres; ni el de alguna mujer que dice que no quiere tener un día donde se la festeje. Cada año, repetimos que es un día de lucha y que, si es necesario destacarlo, es porque aún siendo la mitad de la humanidad, las mujeres no vivimos en igualdad de condiciones con la otra mitad. Pero también en el movimiento de mujeres surgen otras discusiones: ¿es el día de la mujer o de la mujer trabajadora?, ¿se conmemora a las obreras neoyorquinas muertas en el incendio de una fábrica textil de 1908 o ese incendio es una leyenda?, ¿lo propuso la socialista alemana Clara Zetkin en 1910 o la ONU en 1977? Resolver estos interrogantes no tiene un objetivo meramente erudito. Detrás de estas preguntas, se cuelan distintas formas de pensar la lucha por la emancipación de las mujeres.

El incendio de la fábrica textil y el Woman’s Day de las norteamericanas

La historia más divulgada sostiene que el 8 de marzo de 1908, en una fábrica textil de Nueva York, hubo un incendio intencional –en el que perecieron 129 obreras-, provocado por el dueño que, de esa manera brutal, decidió acabar con una protesta de las trabajadoras. Pero ese hecho no fue noticia de los diarios, donde era habitual leer sobre incendios accidentales, algo frecuente en las fábricas textiles de la época. Y además, el 8 de marzo de 1908 era domingo. Sin embargo, hubo un incendio que tuvo gran repercusión por la cantidad de muertos; pero fue el 25 de marzo de 1911, en la Triangle Shirtwaist Company.
En 1908, las norteamericanas definieron, en el Congreso Nacional del Partido Socialista de EE.UU., lanzar una campaña activa por el voto femenino. Para ello, designaron el último domingo de febrero de 1909 como el Día de la Mujer (Woman’s Day), aunque en Chicago se tuvo que conmemorar el 31 de enero porque el teatro que pretendían alquilar para el mitín, no estaba disponible para esa fecha.

La propuesta de las socialistas alemanas y las mujeres en la Revolución Rusa

El 26 y 27 de agosto de 1910, se realizó en Copenhague la IIº Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas, donde los principales debates fueron sobre el voto femenino, la protección social de las madres y la necesidad de establecer una relación más regular entre las socialistas de distintos países. Allí, las delegadas alemanas Clara Zetkin y Kate Duncker proponen la siguiente moción: “De acuerdo con las organizaciones políticas y sindicales del proletariado, las mujeres socialistas de todas las nacionalidades organizarán en sus respectivos países un día especial de las mujeres, cuyo principal objetivo será promover el derecho al voto de las mujeres. Será necesario debatir esta proposición en relación a la cuestión de la mujer desde la perspectiva socialista. Esta conmemoración deberá tener un carácter internacional y será necesario prepararla con mucho esmero.” La propuesta no incluía la conmemoración de ningún hecho histórico, por eso no señalaba una fecha precisa. A diferencia de las norteamericanas, en esta ocasión se eligió el plural: “día de las mujeres” y no “de la mujer”, enfatizando el carácter internacional de la convocatoria. El 19 de marzo del año siguiente, las socialistas alemanas celebraron el Día Internacional de las Mujeres. Las suecas lo hicieron coincidir con el 1º de mayo y, los años siguientes, lo festejaron el 12 del mismo mes. Recién en 1914, las socialistas de Alemania, Suecia y Rusia se pusieron de acuerdo en conmemorarlo el 8 de marzo. Y así lo hicieron también en los años siguientes.
El 8 de marzo de 1917 (23 de febrero, según el antiguo calendario ortodoxo), las trabajadoras rusas lo conmemoraron con manifestaciones, huelgas y motines por el pan, por la paz y contra el régimen zarista: una chispa que, en medio de las penurias de la Iº Guerra Mundial, dio inicio a la revolución con la que la clase obrera conquistó el poder ocho meses más tarde, bajo la dirección del Partido Bolchevique. “El 23 de febrero era el Día Internacional de la Mujer. Los socialdemócratas se proponían festejarlo en la forma tradicional: con asambleas, discursos, manifiestos, etc. A nadie se le pasó por las mentes que el Día de la Mujer pudiera convertirse en el primer día de la revolución.” Así empieza uno de los capítulos de la Historia de la Revolución Rusa, escrita por León Trotsky.

El Día de la Madre creado por Stalin y el Día de por los Derechos de la Mujer de la ONU

Pero más tarde, con el stalinismo en el poder, retrocedieron los derechos conquistados por las mujeres durante la Revolución Rusa: se prohibió el aborto y se destacó la contribución de las mujeres, como madres y amas de casa, al engrandecimiento nacional. Se disolvió el Secretariado Internacional de Mujeres y todos los organismos partidarios encargados del área. A mediados de los ’30, el Día Internacional de las Mujeres se convirtió, en la Unión Soviética, en el equivalente al Día de la Madre de los países capitalistas: se entregaban regalos y ramos de flores a las madres. Fue en 1965 que, por un decreto de la burocracia estalinista, se declaró el 8 de marzo como un día no laborable: el Día Internacional de la Mujer Trabajadora.
Antes que eso, el 8 de marzo de 1945 –finalizando la IIº Guerra Mundial-, la esposa del entonces presidente norteamericano Franklin Roosevelt había propuesto elaborar una carta de derechos de las mujeres, para que sean tenidas en cuenta como artífices de la paz ante la naciente Organización de las Naciones Unidas. Allí reclamaba derechos para las madres, trabajadoras y ciudadanas que se integraban a la construcción de un nuevo orden mundial. Recién en 1975, las Naciones Unidas declaran el Año Internacional de la Mujer y en diciembre de 1977 proclaman el 8 de marzo como Día Internacional por los Derechos de la Mujer y la Paz Internacional, recordando a Clara Zetkin, pero sin mencionar los acontecimientos de la Rusia revolucionaria.

Lo que se oculta detrás de un nombre

Para muchos grupos feministas, el 8 de marzo es un día para luchar sólo por algunos derechos para las mujeres. Abandonando el cuestionamiento radical al sistema capitalista que legitima, reproduce y garantiza la subordinación de las mujeres, se limitan a exigir mayor equidad en una sociedad que funciona en base a la más profunda de las inequidades, como es la concentración de las propiedades y las grandes riquezas en un puñado de familias que amasan su fortuna a expensas de la explotación de millones de asalariados y asalariadas, que lo único que poseen es su fuerza de trabajo y su prole. Otros grupos, aún reivindicándose anticapitalistas, consideran que la lucha contra la opresión patriarcal es tarea exclusiva de todas las mujeres unidas tras este propósito común.
Las corrientes stalinistas, por su lado, impusieron la idea de que la emancipación de las mujeres es algo de poca importancia en la lucha por la revolución social y que, combatir el veneno del machismo con el que la burguesía inficiona al movimiento obrero desvía la atención de la batalla central del proletariado, que es contra la burguesía, dividiendo las filas de los explotados. Lamentablemente, a su misógina ceguera pequeñoburguesa, pretendieron disimularla con la imposición, por decreto, del Día de la Mujer Trabajadora.
Por el contrario, el marxismo revolucionario reconoce que no sólo las obreras, sino las más amplias masas femeninas son víctimas de la desigualdad, la falta de derechos, la violencia y la subordinación que impone la opresión patriarcal. Que ser el 80% de las víctimas de las redes de trata, no tener derecho a decidir sobre el propio cuerpo, ganar un 30% menos que los varones o ser el 75% de los analfabetos del mundo son algunas muestras patentes de esta inequidad. Y señalamos, sin tapujos, que el capitalismo instila, también y principalmente entre los trabajadores, la misoginia y la violencia machista para mantener divididas las filas de los explotados.[1]
Pero si el capitalismo reproduce la milenaria opresión de las mujeres, descargando más brutalmente estos agravios contra las mujeres trabajadoras ¿cómo y con quiénes  luchamos por la emancipación femenina? Ésta es una de las controversias más importantes en el movimiento de mujeres.
El 8 de marzo, consideramos nuestro deber irrenunciable impulsar, en la más amplia unidad, las luchas de las mujeres por las mejores condiciones de vida posibles, por los derechos democráticos más elementales, incluso en alianza con aquellas mujeres y organizaciones que no consideren aún, como nosotras, que es necesario acabar con el capitalismo para que esos derechos sean verdaderamente efectivos y universales. También peleamos por los derechos sindicales de las mujeres trabajadoras. Pero nuestra lucha no se limita a la ampliación de los derechos formales en el estrecho marco de las democracias capitalistas; ni tampoco a reivindicaciones corporativas o económicas de la clase obrera.
Impulsamos la organización, la movilización y la lucha de las mujeres con la perspectiva de la revolución socialista, para acabar con este sistema de explotación y sentar las bases para la completa emancipación de las mujeres. En ese camino, apostamos a que las mujeres trabajadoras –las más oprimidas entre las oprimidas, las más explotadas entre los explotados- encabecen la lucha por su propia emancipación, convenciendo a sus hermanos de clase de la importancia que tiene incorporar la lucha contra el machismo en el programa revolucionario del proletariado y, a las más amplias masas femeninas, de unirse a las filas proletarias para derrocar el capitalismo patriarcal que hoy nos oprime.


[1] Por eso siempre repetimos que, “cada vez que una mujer es abusada, golpeada, humillada, considerada un objeto, discriminada, sometida por su compañero... ¡la clase dominante se ha perpetuado un poco más en el poder! Y la clase obrera, en cambio, se ha debilitado. Porque esa mujer perderá la confianza en sí misma y por lo tanto en sus propias fuerzas. Pero la clase obrera también se debilita porque ese hombre que golpeó a su compañera, que la humilló, que la consideró su propiedad, está más lejos que antes de transformarse en un obrero conciente de sus cadenas, está un poco más lejos de reconocer que en la lucha por romper sus cadenas debe proponerse liberar a toda la humanidad de las cadenas y contar a todos los oprimidos como sus aliados.” Discurso en el Acto del PTS en la Federación de Box, 9 de julio de 2004.

5/3/14

Pecados&Capitales

La hipersexualización de las imágenes publicitarias, los programas de televisión y las revistas; la inclusión de personajes de telenovelas y películas que son gays, lesbianas o trans y, en otro plano, la extensión del matrimonio igualitario en diversos países y el desarrollo de espacios gayfriendly en las grandes metrópolis, nos podrían hacer creer que la sociedad contemporánea ha alcanzado los ideales de “libertad sexual” que se enarbolaban en los años ‘60. SEGUIR LEYENDO AQUÍ

23/10/13

Ante un auditorio colmado, se presentó la nueva edición del libro "Pan y Rosas"


Con un auditorio repleto de jóvenes estudiantes, trabajadoras de las comisiones de mujeres que impulsa Pan y Rosas, de INDEC, subte, docentes, obreras de la textil Elemento en lucha, activistas feministas de distintas agrupaciones y trabajadores, se presentó la nueva edición corregida y ampliada del libro Pan y Rosas. Pertenencia de género y antagonismo de clase en el capitalismo, de Andrea D’Atri, candidata a diputada nacional por la Ciudad de Buenos Aires, del Frente de Izquierda.

La presentación se realizó en el 10º aniversario de la agrupación de mujeres Pan y Rosas y comenzó con los saludos de las compañeras de Pan y Rosas de México, Brasil y el Estado Español, como también de otras mujeres feministas que enviaron sus felicitaciones.

Luego, la socióloga María Alicia Gutiérrez, profesora e investigadora de la Facultad de Ciencias Sociales destacó que el libro constituía “un importante esfuerzo intelectual, tiene la enorme virtud de poner en tensión una relación compleja como la del marxismo y el feminismo. Creo que la pregunta que se formula en la contratapa Andrea es una buena interpelación, que dice así: ‘¿Acaso el feminismo sólo puede proponernos una restringida emancipación limitada a sectores minoritarios que gozan de algunos derechos democráticos en determinados países a expensas de la extensión de brutales agravios contra la inmensa mayoría de las mujeres a escala global? ¿Qué debería plantearse el feminismo en tanto movimiento emancipador que denuncia la actualidad social política y cultural de las mujeres bajo el dominio patriarcal? ¿Qué tendría para decir el marxismo revolucionario?’” Y luego problematizó: “Mucho tienen para decir tanto el marxismo y el feminismo de los inicios del siglo XXI respecto a los problemas que nos aquejan: desigualdad, injusticia, pobreza, discriminación, exclusión. Ahora bien, ¿qué tienen de común que nos permita desarrollar una lucha conjunta?” Y finalizó su intervención señalando que “la lucha es por la emancipación total sin por ello perder de vista las propias especificidades.”

Después, dirigió unas palabras la escritora, fotógrafa y activista feminista lesbiana, Marian Pessah que dijo: “Siempre creo que en el patriarcado en el que vivimos, cada vez que sale un nuevo libro o voces de mujeres estamos revolucionando, nos metemos en las grietas del patriarcado, para gritar mas alto, para mostrar nuestras voces, porque las mujeres generalmente somos vistas a través de los ojos de los hombres.” Leyó varios párrafos del libro de Andrea D’Atri y destacó que el mismo sintetiza la confluencia de la teoría y la práctica. También destacó las críticas que el libro plantea a la institucionalización y oenegización de los movimientos sociales, durante el neoliberalismo, denunciando que la misma agencia que financió el Plan Cóndor, durante las dictaduras militares, ha provisto de mucho dinero a las organizaciones feministas. De allí señaló la importancia de que la militancia no sea “un trabajo” y no acepte financiamientos para llevar adelante sus luchas. Al finalizar, saludó la presencia de muchos compañeros en la sala diciendo que la ponía contenta saber que ellos estaban allí dispuestos a abdicar de sus privilegios y sumarse a nuestra lucha.

También estuvo presente María Luisa Peralta, activista lesbiana, que comenzó diciendo que la izquierda siempre carga con la acusación de ser sectaria, pero que “más allá de las diferencias ideológicas que podemos tener en algunos puntos, hemos compartido muchas luchas concretas, y eso es lo valioso.” Hizo hincapié en que no podemos perder la memoria sobre esta nuestra propia historia de lucha, menos aún cuando el relato oficial parece haber cancelado toda historia de lucha previa al 2003. “Nosotras sabemos que hay mucha historia antes y hay muchas cosas que suceden hoy por fuera del los espacios oficiales. Entonces esta presentación y los 10 años de Pan y Rosas son parte de eso”. Compartió con la autora la idea de que con la política estatal de la “ampliación de derechos” se intenta poner un techo que no cuestiona el orden burgués y patriarcal que aparece como inconmovible.

Por su parte, Andrea D’Atri, fundadora de la agrupación de mujeres Pan y Rosas, planteó las paradojas que dejó el neoliberalismo en la lucha de las mujeres por su emancipación: ampliación de derechos y ampliación de vejámenes y agravios. Más muertes evitables, como las que suceden por abortos clandestinos; desarrollo inusitado de las redes de trata para la esclavitud sexual; precarización de la fuerza de trabajo femenina se combinan, compleja y contradictoriamente con algunos derechos democráticos elementales. Finalmente, destacó que Pan y Rosas surgió en Argentina en una década que el gobierno insiste en presentar como “ganada”, pero que ha sido de mayores oprobios para las mujeres: casi 3 mil muertas por abortos clandestinos, más de 600 desaparecidas por las redes de trata, 45% de las trabajadoras en situación de precarización. También señaló que Pan y Rosas no sólo participa de la lucha en las calles, sino que también destaca la importancia de la lucha de ideas –y por eso la elaboración del libro como también de seminarios, talleres y otras publicaciones- y la lucha en el terreno político.

La presentación del libro terminó con la proyección de un video realizado por TV PTS sobre los diez años de la agrupación, que arrancó los aplausos de todo el auditorio.

5/8/13

La emancipación de las mujeres en tiempos de crisis mundial (Parte II)

En el primer número de IdZ, señalábamos que el neoliberalismo reconfiguró la  situación de las mujeres a escala mundial: nuevos derechos vinieron acompañados de mayores agravios, junto a la feminización de la pobreza y de la fuerza de trabajo precarizada. Hoy, cuando asistimos a la emergencia de un nuevo periodo de crisis económica, social y política, ¿cómo hacer que la “ampliación de derechos” conquistada no cristalice como estrategia última de integración, sino que se transforme en punto de apoyo para una lucha radical por la emancipación de las más amplias masas femeninas? SEGUIR LEYENDO AQUÍ

A emancipação das mulheres em tempos de crise mundial (II)

No primeiro número de Ideas de Izquierda assinalamos que o neoliberalismo reconfigurou a situação das mulheres em escala mundial: novos direitos vieram acompanhados de maiores prejuízos, junto à feminização da pobreza e da força de trabalho precarizada. Hoje, quando assistimos à emergência de um novo período de crise econômica, social e política, como fazer com que a “ampliação de direitos” conquistada não cristalize como estratégia última de integração, senão que se transforme em ponto de apoio para uma luta radical pela emancipação das mais amplas massas femininas? LEIA MAIS

25/7/13

Quienes más sufrieron con lo viejo más luchan por lo nuevo

Entrevistamos a Andrea D’Atri, fundadora de Pan y Rosas y candidata a diputada nacional por la Ciudad de Buenos Aires.
¿Qué se propone Pan y Rosas?
Se propone desarrollar la organización de las mujeres trabajadoras, amas de casa y estudiantes, poniendo en pie un amplio movimiento de mujeres en lucha en las calles, organizado en los lugares de trabajo, en los barrios, en los colegios y las universidades. Luchamos por el derecho al aborto, contra toda forma de violencia hacia las mujeres, contra las redes de trata, por los derechos de las mujeres trabajadoras… Pero nuestra lucha no se limita a “la ampliación de derechos”.

¿Qué quiere decir esto?
Fijate lo que está pasando con el retroceso del derecho al aborto en el Estado Español, en medio de la crisis. ¡Los derechos avanzan y retroceden según la relación de fuerzas más general! Por eso, la clave es prepararse para triunfar, barrer con los capitalistas y empezar la edificación de una sociedad liberada de las cadenas de la explotación y la opresión. Porque, como escribía Lenin, “la igualdad ante la ley no es aún la igualdad ante la vida.” Y nosotras luchamos por la igualdad ante la vida, por eso, luchamos por el socialismo.

En el último año, surgieron más comisiones de mujeres en fábricas, gremios, agrupaciones sindicales, impulsadas por Pan y Rosas…
Sí. Conversando con compañeras nuevas de la universidad, decía que si nos entusiasmaba esto es porque no vemos, en las mujeres trabajadoras, sólo un objeto de explotación, una víctima de la violencia y de los mayores agravios, sino porque las consideramos sujetos de emancipación. ¡Sobran ejemplos en la historia! Fijate que fueron las mujeres más pobres de París las que encabezaron la gran Revolución Francesa de 1789; fueron las obreras textiles de San Petersburgo las que, en 1917, marcharon al grito de Pan, Paz y Abajo el Zar, dando lugar a la Revolución Rusa.

Y hay síntomas de que las mujeres volverán a ocupar un puesto destacado en las luchas por venir…
¡Claro! En los últimos dos años, vimos a las mujeres egipcias en las manifestaciones de Plaza Tahrir, reclamando por sus derechos. Es la perspectiva que tenemos por delante y no tan lejana, con los cambios que atraviesa la lucha de clases a nivel mundial y, en particular, en Sudamérica. No hay duda de que, en escenarios potencialmente más convulsivos, las mujeres tendremos un lugar protagónico, porque, como decía Trotsky, “Quienes luchan con más energía y persistencia por lo nuevo son quienes más han sufrido con lo viejo”.

¿Y cómo se expresa esto en la campaña electoral?
Queremos poner en la agenda política nacional todas las demandas obreras y populares, incluyendo las de las mujeres. La participación en las elecciones y la eventual obtención de bancas en el Congreso tienen el fin de impulsar la movilización que, como sabemos, es la única manera de obtener verdaderos triunfos. Por eso, la agitación de nuestras ideas y nuestro programa por los derechos de las mujeres va de la mano con avanzar en la organización de un gran movimiento de lucha, agrupando más trabajadoras y jóvenes en las principales empresas, gremios, colegios o facultades. Y junto a la campaña electoral, participamos en las luchas que ya enfrentan los ataques de hoy y que anticipan lo que se puede extender más aún después de las elecciones, como el caso de las obreras de Kromberg.

El derecho al aborto es uno de los perfiles de la campaña…
Sí, tanto el PTS como los frentes en los que participamos en las elecciones y, en este caso, el Frente de Izquierda, siempre levantamos con especial énfasis la lucha por el derecho al aborto en la campaña. Incluso cuando nadie se animaba a hacerlo, cuando era un tema tabú en la época menemista. Por eso, además de los afiches y los spots de campaña, nos proponemos preparar una gran movilización por el derecho al aborto para el 28 de setiembre, cuando se conmemora el día de lucha por la despenalización del aborto en América Latina y el Caribe.



Este año, Pan y Rosas cumple una década de existencia
El 19 y 20 de diciembre de 2001, las movilizaciones sacudieron al país, mientras se tomaban fábricas, surgían asambleas vecinales y se organizaban movimientos de desocupados. Aunque Pan y Rosas se formó recién a mediados del 2003, empezó a gestarse al calor de estos procesos. En la fábrica Brukman bajo control de las obreras, nos conocimos las mujeres del PTS, de agrupaciones feministas e independientes que después conformamos Pan y Rosas. Éramos no más de diez, que veíamos que casi ninguna organización de mujeres planteaba que la lucha contra el patriarcado estaba indisolublemente ligada a la lucha contra el capitalismo. Y nosotras estábamos convencidas de que hacía falta una voz que denunciara las miserias a las que el capitalismo somete doblemente a las mujeres y que se propusiera organizar a las mujeres trabajadoras y de los sectores populares. 
Finalmente, a mediados del 2003, durante los preparativos del XVIII Encuentro Nacional de Mujeres en Rosario, un grupo de viejas activistas por el derecho al aborto convocaron a todas las feministas, grupos y partidos de izquierda a organizarse para enfrentar el ataque de la Iglesia. Allí, con esta decena de compañeras, acordamos participar juntas del Encuentro de Rosario. Y, al regreso, con cerca de treinta compañeras, fundamos la agrupación. Hoy, somos un millar de mujeres en todo el país, estudiantes, trabajadoras y amas de casa. Y además, están nuestras compañeras de Pan y Rosas de Chile, Brasil, México y el Estado Español.

5/7/13

La emancipación de las mujeres en tiempos de crisis mundial (Parte I)

La sintomática emergencia política de los sectores más oprimidos cuestiona la idea de emancipación como conquista progresiva y acumulativa de derechos (tal como propone un feminismo partidario, exclusivamente, de la estrategia del lobby parlamentario para la “ampliación de ciudadanía”) y pone en jaque la perspectiva de “democratizar radicalmente la democracia” (como plantea el postfeminismo), que se demuestra inviable cuando la crisis económica, social y política sigue desarrollándose. SEGUIR LEYENDO

3/7/13

La emancipación de las mujeres en tiempos de crisis mundial

La sintomática emergencia política de los sectores más oprimidos cuestiona la idea de emancipación como conquista progresiva y acumulativa de derechos (tal como propone un feminismo partidario, exclusivamente, de la estrategia del lobby parlamentario para la "ampliación de ciudadanía") y pone en jaque la perspectiva de "democratizar radicalmente la democracia" (como plantea el postfeminismo), que se demuestra inviable cuando la crisis económica, social y política sigue desarrollándose.
Así empieza el artículo La emancipación de las mujeres en tiempos de crisis mundial, que escribí con Laura Lif y sale publicado en el primer número de la revista IDEAS de IZQUIERDA. Muy pronto en librerías y kioscos de diarios y revistas de todo el país.

A emancipação das mulheres em tempos de crise mundial

A sintomática emergência política dos setores mais oprimidos questiona a ideia de emancipação como conquista progressiva e acumulativa de direitos (tal como propõe um feminismo partidário, exclusivamente, aquele da estratégia do lobby parlamentar para a “ampliação da cidadania”) e põe em xeque a perspectiva de “democratizar radicalmente a democracia” (como propõe o pós-feminismo, ou feminismo pós-moderno), que se mostra inviável quando a crise econômica, social e política segue desenvolvendo-se. LEIA MAIS

28/2/13

8 de marzo: Un día de lucha propuesto por las mujeres socialistas

En agosto de 1910, en Dinamarca, cien mujeres socialistas de distintos países europeos, realizaban su IIº Conferencia Internacional. Debatían cómo conquistar el derecho al voto para las mujeres, la protección social para las trabajadoras madres y sobre cuáles eran las mejores medidas para establecer relaciones entre las socialistas de todo el mundo. En esa conferencia se aprobó que luchar por la jornada de trabajo de 8 horas, por las 16 semanas de licencia por maternidad y otras medidas. Pero las delegadas alemanas hicieron una moción que fue aprobada por unanimidad y pasó a la historia.
La resolución que presentaron Clara Zetkin y Kate Duncker decía: “Según las organizaciones políticas y sindicales del proletariado, las mujeres socialistas de todas las nacionalidades organizarán en sus respectivos países un día especial de las mujeres, cuyo principal objetivo será promover el derecho al voto de las mujeres. Será necesario debatir esta propuesta con relación a la cuestión de la mujer a partir de la perspectiva socialista. Esta conmemoración deberá tener un carácter internacional y será necesario prepararla con mucho esmero.”
Los años siguientes, el Día Internacional de las Mujeres se celebró, en diversos países, pero en distintas fechas. Recién en 1914, las socialistas alemanas, rusas y suecas coincidieron en conmemorarlo el 8 de marzo. Esa fecha fue, finalmente, la que quedó fijada en la historia como el Día Internacional de las Mujeres, porque el 8 de marzo de 1917 (23 de febrero en el antiguo calendario ruso), las trabajadoras rusas conmemoraron su día, en medio de la Primera Guerra Mundial, con manifestaciones, huelgas y motines por el pan, por la paz y contra el régimen zarista: una chispa que dio inicio a la revolución con la que la clase obrera conquistó el poder ocho meses más tarde, bajo la dirección del Partido Bolchevique, de Lenin y Trotsky.
Hoy, 103 años después que Clara Zetkin propusiera a las socialistas conmemorar el Día Internacional de las Mujeres, para todos los revolucionarios –pero, particularmente, para las revolucionarias- sigue en pie la misma tarea: colaborar en la organización de las trabajadoras en la lucha por sus derechos y para que se incorporen a la lucha por la revolución proletaria, única perspectiva realista para quien ansíe la emancipación femenina y la liberación de la humanidad de todas las cadenas de explotación y opresión que hoy la mantienen aprisionada, bajo el orden capitalista.

20/9/12

Por un gran movimiento por los derechos de la mujer trabajadora y la juventud

Por Andrea D’Atri y Laura Lif


En la Argentina K, la mitad de las trabajadoras están precarizadas y sin derecho a organizarse. ¡Nadie habla de estos millones de jefas de familia, madres solteras, jóvenes superexplotadas, inmigrantes! Por eso, en nuestra Conferencia Nacional de Trabajadores, votamos impulsar una campaña por los derechos de la mujer trabajadora que ya cuenta con múltiples iniciativas, en todo el país.
En la Ciudad de Buenos Aires, compañeras de Pan y Rosas, de la Juventud del PTS y obreras textiles se organizaron con el lema “En la industria textil, los derechos de las obreras no están de moda”. Otro de los sectores más precarizado es, sin dudas, el servicio doméstico. Por eso, en Neuquén, junto a la banca obrera del Frente de Izquierda, colaboramos con la Asociación de Empleadas Domésticas, presentando un proyecto de ley por sus derechos laborales.

¡Organizar a las mujeres que somos mayoría en educación, salud y servicios!

Las mujeres somos mayoría en escuelas y hospitales, donde nuestras compañeras de la agrupación Marrón clasista y la Corriente Nacional 9 de Abril, impulsan esta campaña por los derechos de la mujer trabajadora. En ADEMYS organizamos el curso “Aportes de los estudios de género a la práctica educativa”. Pusimos en pie comisiones de mujeres en INDEC, Ministerio de Economía, INCAA, Promoción Social de la Ciudad, IOMA y otras dependencias.
En otros sectores de servicios, como en telefónicos y aeronáuticos, también nos organizamos para viajar a Posadas.

¡Basta de discriminación en la industria!

Y aunque somos minoría en el sector industrial, en las fábricas alimenticias hay miles de compañeras que tienen trabajos no calificados, con altos ritmos de producción que provocan lesiones y enfermedades. Por eso, con la comisión interna de Pepsico, peleamos ¡y ganamos! la categorización para las obreras, un gran estímulo para llevar esta lucha a otras fábricas. Ahora, la comisión interna de Kraft plantea “Kraft discrimina a las mujeres”, exigiendo categorías, aumento del plus de guardería y otras reivindicaciones. En Sociales-UBA, con la agrupación Bordó de alimentación y trabajadoras de la fábrica Soriano, iniciamos una campaña denunciando las deplorables condiciones de trabajo.
También nos organizamos en la industria gráfica. En WorldColor, las mujeres, el sector más explotado, se preparan, con el apoyo de la comisión interna que dirige la Bordó, para viajar al Encuentro; como en Donnelley, donde en planta son todos varones, pero su comisión interna sacó una declaración contra los femicidios, mientras las mujeres de sus familias formaron su propia comisión y recorren fábricas vecinas para organizar el viaje.

¡Junto a las aguerridas mujeres de los ingenios azucareros!

Estas millones de trabajadoras son las que sufren acoso de los jefes y patrones; las que se organizan en los barrios para buscar a sus hijas secuestradas por las redes de trata o para pedir justicia para sus hijos asesinados por el gatillo fácil; las que además cargan con las tareas del hogar; y que pelean por tierra y vivienda para sus familias, como en los asentamientos del noroeste.
En Jujuy, acompañamos la lucha de la comisión de mujeres del Ingenio La Esperanza. En Tucumán, impulsamos la solidaridad activa con la comisión de mujeres del asentamiento del Ingenio San Juan, que resistieron los desalojos de Alperovich y las amenazas de la patronal y la burocracia azucarera. ¡Fueron los trabajadores rurales de UATRE los que, en una charla organizada por Pan y Rosas, propusieron juntar dinero para que las compañeras pudieran viajar al Encuentro!

¡Ni una muerta más por abortos clandestinos! ¡Desmantelamiento de las redes de trata! ¡Basta de violencia contra las mujeres!

Y las más jóvenes engrosan las dramáticas estadísticas de muertes por abortos clandestinos, ¡6 de cada 10 mujeres que llegan a los hospitales con riesgos causados por abortos, tienen entre 15 y 18 años! Pero Cristina, que se jacta de la “ampliación de derechos”, se mantiene junto a los reaccionarios jerarcas de la Iglesia, en contra de legalizar este elemental derecho ¡que hubiera impedido que murieran más de 2500 mujeres en los años de gobierno K!
Las jóvenes son víctimas de secuestros por redes de trata y prostitución que operan con total impunidad, con la complicidad de las fuerzas represivas, funcionarios políticos y judiciales. Cada 30 horas, una mujer es asesinada: el último y letal eslabón de una larga cadena de violencias contra las mujeres.
Por eso, en todo el país, Pan y Rosas y la Juventud del PTS luchamos por educación sexual, acceso a los anticonceptivos y derecho al aborto. Exigimos el desmantelamiento de las redes de trata y las fuerzas represivas del Estado. ¡Basta de violencia contra las mujeres! Esas son, también, las banderas que llevamos al Encuentro.

¡Vamos al XXVII Encuentro Nacional de Mujeres!

Ocultando su maternidad para conseguir un empleo, soportando el acoso sexual, realizando malabares para combinar horarios de trabajo con exigencias familiares, sufriendo las consecuencias de todas las formas de violencia... así transcurre la vida de millones de mujeres trabajadoras y jóvenes en la Argentina K. Vidas que no se muestran en Clarín ni por “cadena nacional”.
Por eso, el PTS, su Juventud y Pan y Rosas nos proponemos organizar a centenares de trabajadoras, amas de casa y estudiantes en un gran movimiento por los derechos de la mujer trabajadora y la juventud. El primer paso es prepararnos para viajar al XXVIIº Encuentro Nacional de Mujeres del 6, 7 y 8 de octubre en Misiones.

Los ojos de las mujeres

Sin embargo, nuestra lucha por la emancipación femenina no se agota en la destacada participación que tenemos en los Encuentros, ni tampoco se limita a la organización de comisiones, agrupaciones sindicales, estudiantiles y otras formas de participación política en la que confluimos con compañeras independientes.
Le damos una gran importancia a la elaboración teórica marxista, publicando ya varias ediciones de nuestros libros Pan y Rosas y Luchadoras, como también La mujer, el Estado y la revolución, de la norteamericana Wendy Goldman, junto a centenares de artículos en revistas, periódicos y folletos. En los últimos meses, organizamos charlas en Psicología UBA, Quilmes y La Plata, además de seminarios sobre Marxismo y Feminismo, donde participaron centenares de estudiantes, compartiendo por primera vez las aulas universitarias con las mujeres trabajadoras, en la UNLu y la UNSAM del norte del conurbano, en Jujuy y Tucumán.
Lamentablemente, la mayoría de la izquierda, sostiene “ritualmente” algunas consignas por los derechos de la mujer, cuando la ocasión lo impone, pero cotidianamente reproduce, sin cuestionar, el machismo imperante. Otros se adaptan acríticamente a las “modas” teóricas feministas, abandonando el marxismo y la perspectiva revolucionaria. En el PTS consideramos que una crítica despiadada a las miserias de la vida cotidiana, entre ellas el machismo, es parte de nuestra comprensión marxista del mundo, de nuestro programa en la lucha por transformar radicalmente la sociedad capitalista y de nuestra práctica militante. Porque, como decía León Trotsky, “si en realidad queremos transformar la vida, tenemos que aprender a mirarla a través de los ojos de las mujeres.” Todas y todos los militantes del PTS, siguiendo las mejores tradiciones del marxismo, asumimos con esfuerzo, paciencia y orgullo las tareas de elevar la autoconfianza de las mujeres trabajadoras y desterrar los prejuicios machistas del movimiento obrero, que sólo dividen y debilitan las fuerzas de los explotados.

¡Nos vemos en Misiones!
Bajo el kirchnerismo, los Encuentros se fueron vaciando y haciendo cada vez más rutinarios, por la acción de la Iglesia, del gobierno y las agrupaciones reformistas como el PCR que no quieren que se discutan y voten acciones por el derecho al aborto y por los derechos de las mujeres trabajadoras. Sin embargo, pese a estos intentos por vaciarlos de participación, siguen siendo un gran escenario político, de debates e intercambio de experiencias vitales de miles de mujeres.
Para muchas compañeras que viajan con Pan y Rosas y el PTS, representa una gran oportunidad para hacer una “escuela política” en gran escala y una experiencia de actividad común entre militantes y compañeras independientes.
Allí, esperamos debatir, divertirnos, intercambiar experiencias, enfrentar juntas a las fuerzas reaccionarias de la Iglesia, pelear por nuestras ideas, compartir actividades culturales, sociales y políticas... y fundamentalmente, empezar a construir un movimiento de mujeres de lucha, independiente de todas las variantes políticas patronales, para conquistar todos nuestros derechos.

5/7/12

Hace 155 años nacía Clara Zetkin: La gran organizadora de las mujeres obreras y socialistas

El 5 de julio de 1857, nació Clara Zetkin, la mujer que desde el Partido Socialdemócrata Alemán, se transformaría en la más grande organizadora de las mujeres obreras y socialistas de su tiempo.

Organizar a las mujeres, aunque el gobierno lo prohibía

Bajo el régimen imperial, en Alemania, las mujeres, los estudiantes y los aprendices de oficios tenían prohibido adherir a organizaciones políticas y asistir a reuniones donde se discutiera de política. Recién en 1902, esta ley fue reformada: a partir de entonces, las mujeres tuvieron derecho a la actividad política, pero siempre y cuando la ejercieran separadas de los hombres. Por esta razón, el Partido Socialdemócrata Alemán impulsó la formación de su sección femenina que, con Clara Zetkin a la cabeza, organizó las Conferencias Internacionales de Mujeres Socialistas, reuniendo a centenares de delegadas de toda Europa. Sin embargo, la prohibición legal no parece haber sido la única razón para la organización de las mujeres socialistas: el Ministerio del Interior, que espiaba a los revolucionarios, señalaba en uno de sus informes secretos que los hombres socialistas ¡oponían una “resistencia pasiva” a la participación de las mujeres en el partido!

Por los derechos de las mujeres trabajadoras

Clara Zetkin denunció la situación de opresión de la mujer trabajadora en el capitalismo, luchó por todos los derechos de las mujeres trabajadoras empezando por el derecho a igual salario por igual trabajo. También combatió contra todas las restricciones que impedían a las mujeres hacer política; denunció la hipocresía del matrimonio burgués y abogó por el derecho de la mujer “a disponer de sí misma”. Estuvo a favor de la libre decisión de las mujeres sobre el aborto y la anticoncepción, a lo que se oponían algunos dirigentes del Partido Socialdemócrata Alemán, y de la educación laica y mixta. Luchó por el derecho al voto, al igual que otras mujeres feministas burguesas, con quienes siempre sostuvo que había que “luchar juntas, marchar separadas” y logró que la socialdemocracia alemana fuera el primer partido político europeo que incluyera este derecho en su programa. Fue Clara Zetkin quien propuso que el 8 de marzo se conmemorara el Día Internacional de las Mujeres.

Junto a Rosa Luxemburgo, Lenin y Trotsky contra la traición de la socialdemocracia

Cuando los diputados socialdemócratas aprobaron, en el parlamento, los créditos de guerra que llevarían a la carnicería de la Iº Guerra Mundial, Clara Zetkin junto a su amiga, la revolucionaria Rosa Luxemburgo, y otros dirigentes del ala izquierda enfrentaron esta traición de la dirección del partido. Tanto Clara Zetkin como Rosa Luxemburgo sufren cárcel y exilio durante la guerra, por defender posiciones antibelicistas. Esto las lleva a unirse a Lenin, Trotsky y otros dirigentes socialdemócratas de distintos países que comparten el rechazo a este rumbo que había tomado la mayoría de la socialdemocracia y abogan por la formación de una nueva organización internacional, la Internacional Comunista.

Las Tesis para la propaganda entre las mujeres

Prontamente, entabla una amistad con Lenin, quien le encarga la elaboración de unas tesis para el trabajo político entre las mujeres que serán refrendadas en el IIIº Congreso de la Internacional Comunista. Allí, Clara señalaba que había que “admitir a las mujeres como miembros con idénticos deberes y derechos que el resto de los miembros en el partido y en todas las organizaciones proletarias (sindicatos, cooperativas, consejos de fábrica, etc.)”, como también “combatir los prejuicios relativos a las mujeres en las masas del proletariado masculino, fortaleciendo en el espíritu de los obreros y las obreras la idea de la solidaridad de intereses de los proletarios de ambos sexos.” Estaba convencida de que el principio fundamental del trabajo político entre las mujeres debía ser la “agitación y propaganda por medio de los hechos”. Con esto se refería a la “acción para despertar la iniciativa de la obrera, para destruir su falta de confianza en sus propias fuerzas y, movilizándolas en el trabajo práctico en el dominio de la organización y de la lucha, para enseñarle a comprender por medio de la realidad que toda conquista del Partido Comunista, toda acción contra la explotación capitalista, es un progreso que alivia la situación de la mujer.”
Clara Zetkin murió en Rusia, en 1933. Pero quedó inmortalizada para la historia de la clase obrera mundial como la revolucionaria que siempre luchó por los derechos y la organización de las trabajadoras y de las mujeres socialistas.

9/4/12

Una vez más sobre el "matrimonio mal avenido" entre marxismo y feminismo

Este artículo fue escrito a pedido de las compiladoras de Grovigli, a publicarse próximamente (probablemente, con otro título) en la colección Sessimoerazzismo de la editorial Ediesse, Roma (Italia). Se solicita no copiar ni citar hasta tanto se publique en su versión original en italiano. Pour lire en français, cliquez ici

A principios de los ’80, en su célebre artículo, Heidi Hartmann analizó las controversias entre el feminismo radical y el marxismo que habían originado lo que denominó “un matrimonio mal avenido”: el constituido por una teoría feminista que, según la autora, era “ciega” al análisis histórico y al materialismo, y un marxismo que, aunque aportara una visión de las leyes del desarrollo histórico, contaba con categorías que eran “ciegas” al sexo. Hartmann proponía, en dicho artículo, una “unión más progresiva” entre marxismo y feminismo, que superara esas controversias planteadas en la década anterior, con el surgimiento del feminismo de la diferencia.[1]

La italiana Carla Lonzi y el colectivo Rivolta Femminile habían denunciado, en 1970, que “la igualdad es un intento ideológico para someter a la mujer a niveles más elevados. Identificar a la mujer con el varón significa anular la última posibilidad de liberación. Para la mujer, liberarse no quiere decir aceptar idéntica vida a la del varón, que es invivible, sino expresar su sentido de la existencia.”[2] El feminismo reivindicativo, con su política igualitarista, era criticado por proponer la asimilación a un orden social y simbólico que invisibilizaba a las mujeres. El nuevo feminismo, por el contrario, proponía crear un nuevo orden simbólico, partiendo del pensamiento de la diferencia sexual y la materialidad de la condición femenina. Mientras las feministas de la igualdad aducen, en su defensa, que las mujeres no reclaman “lo idiosincrásico de la identidad masculina –sea ello lo que fuere-, sino la parte que estiman que les corresponde en lo genéricamente humano que los varones han definido a la vez que monopólicamente se han atribuido”[3]; las feministas de la diferencia insisten en que no habría tal universal humano anhelable, por fuera de la diferencia sexual.

Algunas autoras enroladas en la corriente de la diferencia sostuvieron que ese orden social y simbólico falogocéntrico, en el cual las mujeres estaban subordinadas, se había construido sobre un matricidio originario, que introducía a las mujeres en la ley del padre. Por eso, para las feministas de la diferencia era necesario restituir una genealogía de mujeres y la relación madre-hija. Incluso, proponer al lesbianismo como modelo simbólico de las relaciones entre mujeres. “Intentemos descubrir también la singularidad de nuestro amor hacia las otras mujeres (...). Este amor es necesario para no seguir siendo servidoras del culto fálico, u objetos de uso y de intercambio entre los hombres, objetos rivales en el mercado, situación en la que nos han puesto a todas.”[4] Luisa Muraro y otras feministas vinculadas a la Librería de Mujeres de Milán, desarrollaron el concepto de affidamento para referirse a una práctica de cuidado mutuo entre las mujeres, construida en oposición a la ley paterna. La norteamericana Adrianne Rich lo conceptualizó como continuum lésbico: una forma de relacionarse entre mujeres sin la intervención masculina, desafiando radicalmente la heterosexualidad normativa, basada en la supremacía del varón.

¿Pero cuáles eran los fundamentos políticos en los que se enraizaba esta aguda crítica al igualitarismo? El telón de fondo socio-histórico de esta controversia entre distintas corrientes del pensamiento feminista era la brutal contraofensiva contra las masas, sus organizaciones y las conquistas heredadas de décadas anteriores: una respuesta imperialista a las acciones que las masas habían llevado adelante poniendo en cuestionamiento el orden mundial existente (Mayo Francés, Otoño Caliente italiano, Primavera de Praga, etc.). Pero la restauración capitalista se iba imponiendo con métodos relativamente pacíficos: el denominado “pacto neoliberal” consistió en dividir a las masas en sectores privilegiados de las clases medias y trabajadoras (especialmente en los países centrales), mientras la mayoría se hundía en la desocupación y la extrema pobreza, hacinándose en las periferias de las grandes metrópolis, relegada a sobrevivir mediante la asistencia estatal. Para sostener el proceso de reformas, evitando la irrupción de los movimientos de masas, la fragmentación social también tuvo su correlato político, incluyendo la “cooperación” con los movimientos sociales. En este marco, se inscribe la incorporación de la agenda feminista en la política pública de los Estados, los gobiernos y organizaciones interestatales, incluyendo los organismos financieros. Fue entonces que el feminismo obtuvo reconocimiento a cambio de integración; legalidad a cambio del abandono de su radicalidad. El feminismo pasó de cuestionar las bases del modo de producción capitalista a legitimar que la democracia burguesa es el único régimen en el que se puede ir logrando, paulatinamente, mayor equidad de género, a través de algunas reformas parciales que no cuestionen sus fundamentos.

Contra la perspectiva de este feminismo reformista, el feminismo de la diferencia desestimó la disputa por el poder, replegándose en la política de creación de una contracultura basada en nuevos valores, surgidos de la diferencia sexual. Junto con el rechazo al feminismo igualitarista, fue impugnado el proyecto de una sociedad igualitaria, liberada de todas las formas de explotación y opresión. Como señala Celia Amorós, “el fantasma del tedioso mundo de lo idéntico es utilizado como tinta de calamar para enturbiar los contornos nítidos y pregnantes de una sociedad igualitaria.”[5] El marxismo fue cuestionado, asimismo, porque parecía no presentarse como una alternativa, ni teórica ni práctica, viable: la restauración del capitalismo avanzaba en los estados obreros burocratizados del este de Europa, Rusia y China, donde se produjo un enorme retroceso en las condiciones de vida de las masas, fortaleciendo la ideología triunfalista del capitalismo. Claro que para sostener este escepticismo respecto del marxismo fue necesaria la operación ideológica de presentar como tal a la versión caricaturizada y oficialista de los partidos stalinistas: un marxismo estéril y conservador o, más vale decir, un conjunto de dogmas con los que la burocracia intentaba justificar la coexistencia pacífica con el orden capitalista y, poco después, su propia participación directa en la restauración.

Sin embargo, ni la integración a la democracia capitalista del feminismo igualitarista ni la resistente insistencia contracultural del feminismo de la diferencia han podido evitar que, a pesar del mayor acceso de las mujeres a lugares de poder y la conquista de derechos democráticos elementales, se sigan reproduciendo y aumentando a escalas globales impensadas, la violencia y la opresión de millones de mujeres en todo el mundo. La contradicción planteada entre la ultra-radicalidad teórica del feminismo de la diferencia y el más reformista de los fatalismos en la acción política del feminismo de la igualdad, es irresoluble. El marxismo, lejos de esto, nos permite entrever un horizonte de liberación donde la igualdad no equivalga al reino de lo idéntico y uniforme, ni la diferencia se constituya como jerarquía.

Decía Engels, en 1875, que “la concepción de la sociedad socialista como el reino de la igualdad es una idea unilateral francesa, apoyada por el viejo lema de 'libertad, igualdad, fraternidad'; una concepción que tuvo su razón de ser como fase de desarrollo en su tiempo y en su lugar, pero que hoy debe ser superada.”[6] Esa igualdad sólo puede existir a fuerza de abstraer los elementos particulares de la existencia social: los derechos democráticos universales son el reverso –y sólo pueden existir bajo esta condición- de la explotación de una clase mayoritaria –atravesada por múltiples diferenciaciones- por parte de una minoritaria y parasitaria clase propietaria de los medios de producción. El estado capitalista consigue ese divorcio fetichista de la política y la economía, ofreciéndonos el resultado de un ser humano escindido: propietario o desposeído, por un lado; pero igualmente ciudadano, por otro. Sólo liberando las fuerzas productivas, hoy constreñidas en el marco de la propiedad privada, la sociedad podrá superar el estrecho horizonte del derecho burgués y escribir en sus banderas, como señaló Marx –en una visión dialéctica de la dicotomía entre igualdad y diferencia-, “¡De cada cual, según sus capacidades; a cada cual según sus necesidades!”[7]

Por otra parte, la idea de que un cambio profundo de los valores y de la cultura son necesarios para la consecución de la igualdad, no es un invento de las feministas de la diferencia. Ya Lenin planteaba, en 1920, que “la igualdad ante la ley todavía no es igualdad frente a la vida. Nosotros esperamos que la obrera conquiste, no sólo la igualdad ante la ley, sino frente a la vida, frente al obrero.”[8] Y Trotsky –lejos de cualquier automatismo adjudicable a la concepción marxista de la revolución proletaria- esboza, en su Teoría de la Revolución Permanente, el carácter permanente de la revolución socialista como tal; es decir, como un proceso de “duración indefinida y de una lucha interna constante, [en el que] van transformándose todas las relaciones sociales. (...). Las revoluciones de la economía, de la técnica, de la ciencia, de la familia, de las costumbres, se desenvuelven en una compleja acción recíproca que no permite a la sociedad alcanzar el equilibrio”[9]

Suponer que la subordinación de las mujeres puede resolverse progresivamente, sin necesidad de emprender una lucha anticapitalista, es una utopía reaccionaria. Las demandas pueden ser absorbidas por la democracia capitalista para ganar legitimidad, al tiempo que sus críticas pueden ser condenadas a la marginación impotente o al enclaustramiento académico despolitizado y desmovilizador. El sistema nos quiere encerradas en esta falsa dicotomía: nos incorporamos al Estado y sus instituciones para reformar “desde adentro” –incorporándonos a regímenes que se fundan, legitiman y reproducen el orden existente-, o bien le damos la espalda a las luchas donde se juega la relación de fuerzas con las clases que ejercen su dominación a través del Estado, sosteniendo que la única vía de emancipación es la autoemancipación. En esta controversia, el marxismo puede terciar, dando fundamentos para un nuevo feminismo socialista que aún espera ver la luz.

Bibliografía

  • Amorós, Celia (2007) La gran diferencia y las pequeñas consecuencias... para las luchas de las mujeres, Cátedra, Madrid.
  • Cirillo, Lidia (2002) Mejor huérfanas. Por una crítica feminista al pensamiento de la diferencia, Anthropos, Barcelona.
  • D'Atri, Andrea (2004) Pan y Rosas. Pertenencia de género y antagonismo de clase en el capitalismo, Las Armas de la Crítica, Buenos Aires.
  • D'Atri, Andrea (2009) “A la búsqueda de un nuevo encuentro entre Feminismo y Socialismo: con amplitud, pero también con estrategia” en Revista Venezolana de Estudios de la Mujer Nº 33, CLACSO - Universidad Central de Venezuela, Caracas.
  • Hartmann, Heidi (1981) “The Unhappy Marriage of Marxism and Feminism: Towards a more Progressive Union”, en Women and Revolution de Lydia Sargent (ed), South End Press, USA.
  • Irigaray, Luce (1985) El cuerpo a cuerpo con la madre. El otro género de la naturaleza. Otro modo de sentir, La Sal, Barcelona.
  • Irigaray, Luce (2007) Espéculo de la otra mujer, Akal, Madrid.
  • Lonzi, Carla (1978) Escupamos sobre Hegel y otros escritos sobre liberación femenina, La Pléyade, Buenos Aires.
  • Marx, Karl (1971) Crítica al Programa de Gotha, Ed. Compañero, Buenos Aires.
  • Muraro, Luisa (1994) El orden simbólico de la madre, Horas y Horas, Madrid.
  • Trotsky, León (2000) La teoría de la revolución permanente, CEIP, Buenos Aires.

[1] Hartmann, Heidi (1981) “The Unhappy Marriage of Marxism and Feminism: Towards a more Progressive Union”, en Women and Revolution de Lydia Sargent (ed), South End Press, USA.

[2] Manifiesto de Rivolta Femminile, Roma, julio de 1970.

[3] Amorós, Celia (2007) La gran diferencia y las pequeñas consecuencias... para las luchas de las mujeres, Cátedra, Madrid.

[4] Irigaray, Luce (1985) El cuerpo a cuerpo con la madre. El otro género de la naturaleza. Otro modo de sentir, La Sal, Barcelona.

[5] Amorós, Celia op.cit.

[6] Engels, F., Carta a Bebel, Londres, 1875.

[7] Marx, Karl (1971) Crítica al Programa de Gotha, Ed. Compañero, Buenos Aires.

[8] Lenin, A las obreras, discurso de 1920

[9] Trotsky, León (2000) La teoría de la revolución permanente, CEIP, Buenos Aires

16/5/11

El espectro de la revolución

A PROPÓSITO DE EL HOMBRE QUE AMABA A LOS PERROS DE LEONARDO PADURA



“Adoptando un continente grave y severo, amenazador por momentos, le dije: —Mire, Jacson: es ésta la última oportunidad que le brindo para que, en su propio beneficio, me diga toda la verdad. El asesinato de Trotsky ha producido una sensación tal en el universo entero que viene ocupando las primeras páginas de todos los periódicos y relegando a un segundo término las propias informaciones de la guerra.”[1]

Gral. Leandro Sánchez Salazar


Con una estructura similar a la de su anterior obra, La novela de mi vida, el cubano Leonardo Padura nos presenta, nuevamente, tres novelas en una con El hombre que amaba a los perros (Tusquets, Buenos Aires, 2010, 572 p.).
La novela de mi vida transitaba por tres historias: la del profesor Fernando Terry –llegado a Cuba desde el exilio con el propósito de hallar un manuscrito perdido del poeta nacional del siglo XIX, José María Heredia-, la del mismo Heredia –un verdadero prócer de las letras cubanas- y, por último, la del hijo de Heredia, convertido en masón a principios del siglo XX. En El hombre que amaba a los perros, también la Historia aparece de la mano de la ficción: el protagonista Iván Cárdenas –un escritor devenido, en cierto modo, en detective- es la excusa para abrir paso a dos personajes verdaderamente protagónicos.
Y también aquí se entretejen tres líneas narrativas. Por un lado, la protagonizada por este frustrado escritor cubano que, en los ’70, es relegado –por supuestas leves críticas al régimen- a editar artículos científicos para una revista de veterinaria. Iván Cárdenas tuvo la oportunidad de escribir “la novela de su vida” gracias a que, por casualidad, se encontró con un exiliado español en las playas de La Habana que le confió la historia –hasta entonces nunca revelada- de Ramón Mercader, el asesino de Trotsky. A su muerte, este “hombre que amaba a los perros” le deja un manuscrito que encierra todos los detalles de esta escabrosa historia en la que se aclara que él mismo era Ramón Mercader, algo que Padura permite sospechar al lector desde el primer momento. Pero el escritor Iván Cárdenas no se atreve a hacer nada con esa historia que le relata este desconocido que pasea sus dos borzoi en la playa, más que dejarle el manuscrito heredado a otro amigo escritor, Daniel Fonseca, quien después de leerlo también decide silenciarlo.
Ésta, siendo la historia de menor relevancia, es sin duda la que actúa como nexo entre las historias de los otros dos hombres que –al igual que Iván- amaban a los perros. Pero además, es la que permite al autor desplegar, sutilmente, sus opiniones sobre la Cuba actual (¿otra “revolución traicionada”?) y el papel que pudo haber desempeñado el régimen castrista en la protección de agentes stalinistas como Ramón Mercader.
Otra línea narrativa se desarrolla alrededor de la figura de Ramón Mercader, alias Jacques Mornard o Franck Jacson o Román Pavlovich, enterrado como Héroe de la Unión Soviética bajo una lápida con un cuarto seudónimo: Ramón Ivanovich López. Se trata del “hombre sin historia que entra en la historia con otro que en cambio es todo historia”, según las palabras de Leonardo Padura.[2] Desde sus días como combatiente de la guerra civil española –cuando, a petición de su madre Caridad del Río Hernández, acepta la misión secreta para la cual deberá entrenarse en Moscú-, hasta sus últimos años en Cuba –donde muere, enfermo de cáncer, en 1978.
Finalmente, la tercera historia es la de León Trotsky, el dirigente junto con Lenin de la Revolución Rusa de 1917, el creador y dirigente político y militar del Ejército Rojo y el fundador, en 1938, de la IV Internacional. El periodo de su vida abarcado por Padura es el de los años que transcurren entre 1929, cuando es deportado desde Alma Ata a la isla de Prinkipo –expulsado definitivamente del territorio de la Unión Soviética- y 1940, cuando es asesinado en su última morada de refugiado en Coyoacán (México).
En La novela de mi vida, el Poeta Nacional se atreve a enfrentar al tirano: “Ningún poema va a tumbar un tirano. Pero les hace una muesca, que a veces es indeleble. Porque recuerde que queda la otra Historia, la de verdad, que un día borrará su nombre de los edificios que construyó y que escupirá su tumba ya que hoy no puede escupir su figura, y con esa Historia, si es que vale en algo, estará mi poesía. Y eso, ni todo su poder lo podrá evitar.”[3] En El hombre que amaba a los perros, por el contrario, el escritor cubano desgrana su escepticismo, haciendo dudar a uno de los personajes acerca de la relevancia que pueda tener esa verdad histórica que le ha sido confiada: “¿Me preguntaron a mí, le preguntaron a Iván, si estábamos conformes con posponer sueños, vida y todo lo demás hasta que se esfumaran (sueños, vida, y hasta el copón bendito) en el cansancio histórico y la utopía pervertida?”[4] En La novela de mi vida, había un manuscrito buscado por un hombre; en El hombre que amaba a los perros, tenemos a un hombre buscado fatalmente por un manuscrito. Una historia que le quema en las manos, que lo obsesiona y lo aterra, como a todos aquellos que fueron partícipes de ese secreto.
Y las tres historias entrelazadas aquí tienen como protagonistas a hombres que aman a los perros; de ahí el nombre para esta novela que, desde su título, homenajea al escritor Raymond Chandler.[5] Como en las novelas negras del norteamericano, aquí tampoco la resolución del misterio es el objetivo principal (imposible, además, tratándose de una historia sobre la cual existen abultadas biografías, obras de teatro y hasta películas) y, también como en las novelas de Chandler, a los protagonistas se los presenta como personajes decadentes (Mercader) o derrotados (Trotsky).[6]
Pero no vamos a centrarnos aquí en una valoración literaria, para la que carecemos de ilustrados criterios, sino en la visión de Trotsky que presenta Leonardo Padura y, por consecuencia, del trotskismo, en momentos en que se plantea, con mayor urgencia, el futuro de Cuba. El autor nos autoriza al decir que “la novela va a tener muchas lecturas políticas”, así que sumamos la nuestra.[7]

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