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17/5/11

Comentario a "El manuscrito de los desterrados" de Nora Bruccoleri

Tuve el gusto de escribir en la contratapa de El Manuscrito de los Desterrados, de la poeta mendocina Nora Bruccoleri. Aquí pueden leer algo sobre la presentación de este libro, que se hará el 21 de mayo. Les copio mi comentario para la contratapa.

El Manuscrito de Los Desterrados de Nora Bruccoleri está diseñado como una táctica para subvertir la visión de sus lectores sobre una realidad contra la que la poeta protesta. Una obra incisiva, de grave densidad, que se inscribe en “la promisoria ruta de la poesía social”, como expresa, en el prólogo, Federico Mare. La estrategia poético-militante de Bruccoleri es convertir a los lectores de su poesía en lectores críticos de esa realidad que la subleva. Por eso sus poemas no son evasivos, ni intimistas, ni ornamentales. Son poemas cocidos en el fuego de la represión, la injusticia, la opresión. Y amasados, también, con las manos de quienes resisten, luchan y transforman.
Para quienes somos militantes, como la autora de este libro, la poesía de Bruccoleri es un registro testimonial de las luchas que compartimos: luchas estudiantiles de ayer y de hoy; solidaridad con los pueblos originarios desterrados ayer por la conquista, hoy por las multinacionales; trabajadores muertos por la superexplotación y por la represión policial; mujeres que sueñan con su emancipación; oprimidos que ansían romper sus cadenas.
Sus poemas son un registro memorioso del pasado, con sus batallas y sus muertos; pero también encierran la intención de un futuro, donde los desterrados sean el odio y la explotación del hombre por el hombre. Por eso, su poesía da indicios del camino a emprender para quien quiera cargar con las lecciones de ese pasado, con la intención de construir un futuro liberado de todas las ignominias que hoy denuncia, sin ambages, la poeta mendocina.


Andrea D'Atri

16/5/11

El espectro de la revolución

A PROPÓSITO DE EL HOMBRE QUE AMABA A LOS PERROS DE LEONARDO PADURA



“Adoptando un continente grave y severo, amenazador por momentos, le dije: —Mire, Jacson: es ésta la última oportunidad que le brindo para que, en su propio beneficio, me diga toda la verdad. El asesinato de Trotsky ha producido una sensación tal en el universo entero que viene ocupando las primeras páginas de todos los periódicos y relegando a un segundo término las propias informaciones de la guerra.”[1]

Gral. Leandro Sánchez Salazar


Con una estructura similar a la de su anterior obra, La novela de mi vida, el cubano Leonardo Padura nos presenta, nuevamente, tres novelas en una con El hombre que amaba a los perros (Tusquets, Buenos Aires, 2010, 572 p.).
La novela de mi vida transitaba por tres historias: la del profesor Fernando Terry –llegado a Cuba desde el exilio con el propósito de hallar un manuscrito perdido del poeta nacional del siglo XIX, José María Heredia-, la del mismo Heredia –un verdadero prócer de las letras cubanas- y, por último, la del hijo de Heredia, convertido en masón a principios del siglo XX. En El hombre que amaba a los perros, también la Historia aparece de la mano de la ficción: el protagonista Iván Cárdenas –un escritor devenido, en cierto modo, en detective- es la excusa para abrir paso a dos personajes verdaderamente protagónicos.
Y también aquí se entretejen tres líneas narrativas. Por un lado, la protagonizada por este frustrado escritor cubano que, en los ’70, es relegado –por supuestas leves críticas al régimen- a editar artículos científicos para una revista de veterinaria. Iván Cárdenas tuvo la oportunidad de escribir “la novela de su vida” gracias a que, por casualidad, se encontró con un exiliado español en las playas de La Habana que le confió la historia –hasta entonces nunca revelada- de Ramón Mercader, el asesino de Trotsky. A su muerte, este “hombre que amaba a los perros” le deja un manuscrito que encierra todos los detalles de esta escabrosa historia en la que se aclara que él mismo era Ramón Mercader, algo que Padura permite sospechar al lector desde el primer momento. Pero el escritor Iván Cárdenas no se atreve a hacer nada con esa historia que le relata este desconocido que pasea sus dos borzoi en la playa, más que dejarle el manuscrito heredado a otro amigo escritor, Daniel Fonseca, quien después de leerlo también decide silenciarlo.
Ésta, siendo la historia de menor relevancia, es sin duda la que actúa como nexo entre las historias de los otros dos hombres que –al igual que Iván- amaban a los perros. Pero además, es la que permite al autor desplegar, sutilmente, sus opiniones sobre la Cuba actual (¿otra “revolución traicionada”?) y el papel que pudo haber desempeñado el régimen castrista en la protección de agentes stalinistas como Ramón Mercader.
Otra línea narrativa se desarrolla alrededor de la figura de Ramón Mercader, alias Jacques Mornard o Franck Jacson o Román Pavlovich, enterrado como Héroe de la Unión Soviética bajo una lápida con un cuarto seudónimo: Ramón Ivanovich López. Se trata del “hombre sin historia que entra en la historia con otro que en cambio es todo historia”, según las palabras de Leonardo Padura.[2] Desde sus días como combatiente de la guerra civil española –cuando, a petición de su madre Caridad del Río Hernández, acepta la misión secreta para la cual deberá entrenarse en Moscú-, hasta sus últimos años en Cuba –donde muere, enfermo de cáncer, en 1978.
Finalmente, la tercera historia es la de León Trotsky, el dirigente junto con Lenin de la Revolución Rusa de 1917, el creador y dirigente político y militar del Ejército Rojo y el fundador, en 1938, de la IV Internacional. El periodo de su vida abarcado por Padura es el de los años que transcurren entre 1929, cuando es deportado desde Alma Ata a la isla de Prinkipo –expulsado definitivamente del territorio de la Unión Soviética- y 1940, cuando es asesinado en su última morada de refugiado en Coyoacán (México).
En La novela de mi vida, el Poeta Nacional se atreve a enfrentar al tirano: “Ningún poema va a tumbar un tirano. Pero les hace una muesca, que a veces es indeleble. Porque recuerde que queda la otra Historia, la de verdad, que un día borrará su nombre de los edificios que construyó y que escupirá su tumba ya que hoy no puede escupir su figura, y con esa Historia, si es que vale en algo, estará mi poesía. Y eso, ni todo su poder lo podrá evitar.”[3] En El hombre que amaba a los perros, por el contrario, el escritor cubano desgrana su escepticismo, haciendo dudar a uno de los personajes acerca de la relevancia que pueda tener esa verdad histórica que le ha sido confiada: “¿Me preguntaron a mí, le preguntaron a Iván, si estábamos conformes con posponer sueños, vida y todo lo demás hasta que se esfumaran (sueños, vida, y hasta el copón bendito) en el cansancio histórico y la utopía pervertida?”[4] En La novela de mi vida, había un manuscrito buscado por un hombre; en El hombre que amaba a los perros, tenemos a un hombre buscado fatalmente por un manuscrito. Una historia que le quema en las manos, que lo obsesiona y lo aterra, como a todos aquellos que fueron partícipes de ese secreto.
Y las tres historias entrelazadas aquí tienen como protagonistas a hombres que aman a los perros; de ahí el nombre para esta novela que, desde su título, homenajea al escritor Raymond Chandler.[5] Como en las novelas negras del norteamericano, aquí tampoco la resolución del misterio es el objetivo principal (imposible, además, tratándose de una historia sobre la cual existen abultadas biografías, obras de teatro y hasta películas) y, también como en las novelas de Chandler, a los protagonistas se los presenta como personajes decadentes (Mercader) o derrotados (Trotsky).[6]
Pero no vamos a centrarnos aquí en una valoración literaria, para la que carecemos de ilustrados criterios, sino en la visión de Trotsky que presenta Leonardo Padura y, por consecuencia, del trotskismo, en momentos en que se plantea, con mayor urgencia, el futuro de Cuba. El autor nos autoriza al decir que “la novela va a tener muchas lecturas políticas”, así que sumamos la nuestra.[7]

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25/4/11

“Este libro nos muestra que el mundo atrasa cien años”

EXITOSA PRESENTACIÓN DE LA MUJER, EL ESTADO Y LA REVOLUCIÓN EN LA 37º FERIA DEL LIBRO


En la 37º Feria del Libro, ante un auditorio colmado por más de doscientas personas, la agrupación de mujeres Pan y Rosas y Ediciones IPS presentaron la coedición en castellano de La mujer, el Estado y la revolución, de la historiadora norteamericana Wendy Z. Goldman.
Christian Castillo, director del Instituto del Pensamiento Socialista (IPS) y dirigente del PTS planteó que “al recrear el libro las medidas tomadas por los bolcheviques en los primeros años de la revolución y las ideas que defendían, y si las comparamos con los valores hoy prevalecientes, podríamos decir que el mundo atrasa cien años. No sólo en lo que hace al cuestionamiento de la opresión de la mujer en el seno de la familia burguesa sino en la forma de tratar a los niños, con métodos pedagógicos revolucionarios, completamente de avanzada”. Y luego agregó que “con la edición de este trabajo queremos colaborar a recuperar una historia que el burocratismo stalinista hizo que fuera dejada de lado. Su importancia no es sólo para reconstruir el pasado sino sobre todo por nuestra lucha presente y futura, que debe incluir la disputa contra los valores y costumbres impuestos por la clase dominante y su cultura”.
Desde una pantalla de video, Wendy Goldman destacó que en todos los momentos revolucionarios de la historia se pone en cuestionamiento el orden de la vida privada, tal como sucedió en la Revolución Rusa de 1917 y también en los años ’70, cuando siendo estudiante comenzó a reflexionar sobre el amor libre, la liberación sexual y la emancipación femenina. Posteriormente, Andrea D’Atri –fundadora de Pan y Rosas y autora del prólogo a esta edición- se refirió a la incorporación de las mujeres al trabajo asalariado, la socialización del trabajo doméstico, la extinción de la familia y el amor libre, los cuatro pilares programáticos en los que se fundaba la emancipación de las mujeres para el bolchevismo. Para finalizar, interpeló a la militancia de la izquierda marxista diciendo que este libro “nos permite asomarnos a esa visión ambiciosa, creativa, rupturista, de vanguardia, de los líderes bolcheviques de hace un siglo atrás. Y pensar, un siglo después, si los revolucionarios de hoy somos capaces de crear un ámbito de reflexión y construcción de relaciones más libres, comprometidas y diversas que cuestionen la naturalización que hace la sociedad burguesa de la opresión de las mujeres, la discriminación de las personas que no se ajustan a la heterosexualidad normativa, la marginación de quienes construyen otras formas de relaciones interpersonales que no se amoldan a la pareja convencional.”




LA MUJER, EL ESTADO Y LA REVOLUCIÓN Y OTROS TÍTULOS DE EDICIONES IPS SE ENCUENTRAN EN STAND 424 - BIBLIODIVERSIDAD PABELLÓN AZUL, CALLE 7
37º FERIA DEL LIBRO

13/12/09

Chapultepec


¿La historia de cuántos reyes se resume en su boca?

¿Qué princesas del Sena y del nopal le heredaron su piel?

¿De qué volcán emergió ese grito ancestral que hoy es rojo presente?

Enigmas del mestizaje.

Preguntas lanzadas al viento en Chapultepec.

11/11/09

Detrás de la ventana...


Detrás de las ventanas del Hilton, el huracán es sólo una tormenta que arruina el paseo a Costa del Sol y obliga a cambiar el plan por unas compras en las exclusivas tiendas de Galerías

Detrás de las ventanas de la casa de gobierno, el huracán es un imprevisto que desbarata los cálculos presupuestarios anuales y obliga a rendir cuentas sin distinguir quién ha ganado las elecciones

Detrás de las ventanas de internet, en cualquier lugar del mundo, el huracán es sólo una mancha blanca que se mueve sobre el mapa de un país lejano

Detrás de las ventanas de esta colonia, el huracán es una preocupación que nos entristece y hablamos de él, pero no nos moja

Pero allá sabe a tragedia, a desapariciones, a cosechas perdidas, a casas destrozadas, a caminos cortados y puentes derruidos, a desesperanza.

El huracán, para la inmensa mayoría, es una catástrofe que no da tiempo a enterrar a los muertos.

Porque, en el capitalismo, también los huracanes son de clase

4/7/07

A ver si se saca el sombrero, señor...

En memoria de las catorce víctimas de la mina de Río Turbio, Argentina
¿Y a quién reclamar, señor? Ellos dicen que fue un accidente. Pero yo creo que fue un asesinato. ¿Cómo que quién es el asesino? ¡Si está clarísimo, señor! ¡Los obreros tenemos una larga lista de nombres de asesinos, responsables y cómplices, para el que quiera escucharnos! ¿Pero hay alguien dispuesto a escucharnos?
Mi padre fue minero. Se vino desde lejos, porque aquí había trabajo. Sí, aquí, en el fin del mundo, lejos de todo, un lugar que parece que se cae del mapa. Ya hace sesenta y dos años que se inauguró el yacimiento minero de Río Turbio. En esa época había italianos y españoles, también. Después empezaron a llegar trabajadores chilenos, bolivianos, Pero acá somos todos mineros, ¿entiende? No hay diferencias.
Yo estaba trabajando aquí en el '75, cuando la explosión se llevó a once compañeros. Justo ese día tenía franco, no me olvido más. La explosión se sintió tan fuerte que todo el pueblo corrió a la mina. En esa época éramos cinco mil y teníamos record de producción. Eran otros tiempos. Después vinieron los '90 y parecía que se cerraba. Cuando no quedaban más que mil obreros, el gobierno la privatizó; pero el nuevo dueño no cumplió el contrato, jamás hizo inversiones. Acá no había mantenimiento, por eso pasó lo que pasó otra vez...
¿Y que quería que hiciera mi hijo, señor? No le quedó otra que ser minero, también, como su abuelo y su padre. Para nuestros hijos no hay universidad, ni trabajos en escritorios bonitos. Murió en su ley, señor. Pero no fue un accidente, a mí que no me la cuenten. Lo encontraron con la cabeza adentro de un pozo que había hecho él mismo, en su desesperación por tomar un poco de aire. Imagínese los gases consumiendo el oxígeno en el corazón del cerro, sin esos aparatos que compraron ahora, que te permiten respirar veinte minutos más en situaciones extremas. ¿Pero ahora para qué nos sirven, dígame?
Ahí, al ladito de la Santa Bárbara está la foto. ¿La vio? Las mujeres pusieron las flores y las cartas para sus esposos, sus padres, sus hijos, sus hermanos, sus novios. Ellas no pueden entrar, sabe. Pero ahí nomás, en la puerta del socavón, al lado de la santita; lloran su pena...
El dueño se llevó casi doscientos millones de dólares en ocho años. ¡Doscientos millones de dólares, señor! Pero, además, el Estado le daba otros doscientos millones de dólares en subsidios. ¿Sabe quién gobernaba la provincia cuando se privatizó la mina? Sí, ése mismo, el que ahora es presidente del país. Entonces, ¿no es cómplice del patrón en este asesinato? Y los otros cómplices son los del sindicato, señor. Porque ellos nunca dijeron nada, aceptaron que trabajáramos hasta diez horas ahí abajo... y esto se veía venir.
Si, doblemos por acá. Allá en la otra cuadra es la iglesia. Mire, si casi no vamos a poder llegar a la puerta de tanta gente.

Los obreros cargaron los catorce féretros sobre sus hombros y se encaminaron en dirección al cementerio. Un paisaje duro, como los mineros, enmarcaba la procesión de todo el pueblo de Río Turbio. Alguien gritó los catorce nombres de los muertos al viento. El cantor, con la voz entrecortada por la emoción, arrancó con su copla: "A ver si se saca el sombrero, señor, que va a pasar un obrero... a ver si se saca el sombrero, señor, que va a pasar un minero."


Publicado en el libro Microrrelatos Minero,de Fundación Juan Muñíz Zapico, Ediciones Madú, Asturias, 2006. Ganador del II Concurso de Microrrelatos Mineros - Premio Accésit Testimonio Histórico