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23/12/14

2014: El balance de las mujeres

Se termina un año y también un ciclo político que el oficialismo bautizó como la década ganada. Como sucede siempre para estas fechas, es tiempo de balances y reflexiones. ¿Cuál es el balance que podemos hacer las mujeres de este 2014? Seguir leyendo aquí.

8/10/13

¿Querés colaborar con la campaña del Frente de Izquierda?

Para difundir en la web.
Andrea D'Atri es candidata a diputada nacional por la Ciudad de Buenos Aires. La agrupación de mujeres Pan y Rosas te invita a difundir su candidatura, para fortalecer la lucha por los derechos de las mujeres, la izquierda al Congreso.



8/9/13

Políticos, policías, empresarios y jueces se encuentran entre proxenetas y clientes

Algunos legisladores kirchneristas santacruceños estarían exigiendo que Rubén Contreras renuncie a la presidencia del bloque, después de sus escandalosas declaraciones sobre los prostíbulos que hicieron que la Secretaría de la Mujer de Santa Cruz lo denunciara por apología del delito. La declaración de Contreras de que si no hubiera prostitución, “habría violaciones”, fue realizada mientras se trataba la adhesión a la ley nacional de prevención y sanción de la trata de personas y la asistencia a sus víctimas. Hace quince días, la legislatura salteña aprobaba la intervención de la municipalidad de Salvador Mazza, donde el intendente Carlos Villalba fue encontrado, durante un allanamiento, en un local donde se ejercía la prostitución ilegalmente y había menores de edad.

Medidas para “guardar el decoro” que no alcanzan a ocultar lo evidente: las redes de trata se expandieron de manera descomunal, en el país, durante la última década, vinculadas al turismo, a la “ruta de la soja” y “la ruta del petróleo” –cuyos recorridos se convirtieron en los principales lugares de reclutamiento y destino de las mujeres secuestradas- y, fundamentalmente, porque estas redes actúan con la impunidad que les otorga contar con funcionarios políticos, integrantes de las fuerzas represivas, empresarios y jueces entre los propios proxenetas o los clientes “vip”.

Si no fuera por la participación o la colaboración de políticos y policías, ¿cómo puede explicarse que más del 70% de los casos de secuestros y desapariciones por redes de trata son mujeres que están esclavizadas en whiskerías, cabarets y otros locales nocturnos habilitados por los municipios? En algunas provincias, como en Tucumán, el escandaloso fallo que dejó en libertad a los secuestradores de Marita Verón mostró que las redes de trata no son pequeñas organizaciones marginales, sino parte constituyente de un verdadero régimen político mafioso que incluye a la “corpo judicial”, pero también a la policía, políticos y empresarios que comparten negocios y encubrimientos mutuos, alcanzando –en este caso- hasta el mismísimo gobernador Alperovich.

Actualmente, como lo denuncian distintas organizaciones por los derechos de la mujer, más de 600 mujeres y niñas permanecen desaparecidas, secuestradas por estas redes. Un 50% de las víctimas son argentinas; la mayoría proveniente de las provincias del norte del país y muchas de ellas son enviadas a Chile, Brasil, México y España, sin dejar rastros. Pero Argentina –y Santa Cruz es una de las provincias que encabeza este oprobioso ránking- también es un país de destino para paraguayas, dominicanas, chilenas, bolivianas, brasileñas y peruanas que son engañadas con promesas laborales y finalmente, son privadas de su libertad, se les retienen los documentos, son violentadas, abusadas y obligadas a ejercer la prostitución. Según la coordinadora de una investigación realizada por la Unidad Fiscal de Asistencia en Secuestros Extorsivos y Trata de Personas (UFASE) y el Instituto de Estudios Comparados en Ciencias Penales y Sociales (INECIP), la policía tiene una participación directa en estas redes y su presencia es, también, “un método de sometimiento a las víctimas. En algunos casos, la presencia era permanente, los policías cumplían funciones dentro de la whiskería. En otros, era circunstancial, aparecían haciendo supuestos controles. Y en otros, aunque no se tenga fehaciente confirmación, en calidad de clientes”.

20/9/12

Por un gran movimiento por los derechos de la mujer trabajadora y la juventud

Por Andrea D’Atri y Laura Lif


En la Argentina K, la mitad de las trabajadoras están precarizadas y sin derecho a organizarse. ¡Nadie habla de estos millones de jefas de familia, madres solteras, jóvenes superexplotadas, inmigrantes! Por eso, en nuestra Conferencia Nacional de Trabajadores, votamos impulsar una campaña por los derechos de la mujer trabajadora que ya cuenta con múltiples iniciativas, en todo el país.
En la Ciudad de Buenos Aires, compañeras de Pan y Rosas, de la Juventud del PTS y obreras textiles se organizaron con el lema “En la industria textil, los derechos de las obreras no están de moda”. Otro de los sectores más precarizado es, sin dudas, el servicio doméstico. Por eso, en Neuquén, junto a la banca obrera del Frente de Izquierda, colaboramos con la Asociación de Empleadas Domésticas, presentando un proyecto de ley por sus derechos laborales.

¡Organizar a las mujeres que somos mayoría en educación, salud y servicios!

Las mujeres somos mayoría en escuelas y hospitales, donde nuestras compañeras de la agrupación Marrón clasista y la Corriente Nacional 9 de Abril, impulsan esta campaña por los derechos de la mujer trabajadora. En ADEMYS organizamos el curso “Aportes de los estudios de género a la práctica educativa”. Pusimos en pie comisiones de mujeres en INDEC, Ministerio de Economía, INCAA, Promoción Social de la Ciudad, IOMA y otras dependencias.
En otros sectores de servicios, como en telefónicos y aeronáuticos, también nos organizamos para viajar a Posadas.

¡Basta de discriminación en la industria!

Y aunque somos minoría en el sector industrial, en las fábricas alimenticias hay miles de compañeras que tienen trabajos no calificados, con altos ritmos de producción que provocan lesiones y enfermedades. Por eso, con la comisión interna de Pepsico, peleamos ¡y ganamos! la categorización para las obreras, un gran estímulo para llevar esta lucha a otras fábricas. Ahora, la comisión interna de Kraft plantea “Kraft discrimina a las mujeres”, exigiendo categorías, aumento del plus de guardería y otras reivindicaciones. En Sociales-UBA, con la agrupación Bordó de alimentación y trabajadoras de la fábrica Soriano, iniciamos una campaña denunciando las deplorables condiciones de trabajo.
También nos organizamos en la industria gráfica. En WorldColor, las mujeres, el sector más explotado, se preparan, con el apoyo de la comisión interna que dirige la Bordó, para viajar al Encuentro; como en Donnelley, donde en planta son todos varones, pero su comisión interna sacó una declaración contra los femicidios, mientras las mujeres de sus familias formaron su propia comisión y recorren fábricas vecinas para organizar el viaje.

¡Junto a las aguerridas mujeres de los ingenios azucareros!

Estas millones de trabajadoras son las que sufren acoso de los jefes y patrones; las que se organizan en los barrios para buscar a sus hijas secuestradas por las redes de trata o para pedir justicia para sus hijos asesinados por el gatillo fácil; las que además cargan con las tareas del hogar; y que pelean por tierra y vivienda para sus familias, como en los asentamientos del noroeste.
En Jujuy, acompañamos la lucha de la comisión de mujeres del Ingenio La Esperanza. En Tucumán, impulsamos la solidaridad activa con la comisión de mujeres del asentamiento del Ingenio San Juan, que resistieron los desalojos de Alperovich y las amenazas de la patronal y la burocracia azucarera. ¡Fueron los trabajadores rurales de UATRE los que, en una charla organizada por Pan y Rosas, propusieron juntar dinero para que las compañeras pudieran viajar al Encuentro!

¡Ni una muerta más por abortos clandestinos! ¡Desmantelamiento de las redes de trata! ¡Basta de violencia contra las mujeres!

Y las más jóvenes engrosan las dramáticas estadísticas de muertes por abortos clandestinos, ¡6 de cada 10 mujeres que llegan a los hospitales con riesgos causados por abortos, tienen entre 15 y 18 años! Pero Cristina, que se jacta de la “ampliación de derechos”, se mantiene junto a los reaccionarios jerarcas de la Iglesia, en contra de legalizar este elemental derecho ¡que hubiera impedido que murieran más de 2500 mujeres en los años de gobierno K!
Las jóvenes son víctimas de secuestros por redes de trata y prostitución que operan con total impunidad, con la complicidad de las fuerzas represivas, funcionarios políticos y judiciales. Cada 30 horas, una mujer es asesinada: el último y letal eslabón de una larga cadena de violencias contra las mujeres.
Por eso, en todo el país, Pan y Rosas y la Juventud del PTS luchamos por educación sexual, acceso a los anticonceptivos y derecho al aborto. Exigimos el desmantelamiento de las redes de trata y las fuerzas represivas del Estado. ¡Basta de violencia contra las mujeres! Esas son, también, las banderas que llevamos al Encuentro.

¡Vamos al XXVII Encuentro Nacional de Mujeres!

Ocultando su maternidad para conseguir un empleo, soportando el acoso sexual, realizando malabares para combinar horarios de trabajo con exigencias familiares, sufriendo las consecuencias de todas las formas de violencia... así transcurre la vida de millones de mujeres trabajadoras y jóvenes en la Argentina K. Vidas que no se muestran en Clarín ni por “cadena nacional”.
Por eso, el PTS, su Juventud y Pan y Rosas nos proponemos organizar a centenares de trabajadoras, amas de casa y estudiantes en un gran movimiento por los derechos de la mujer trabajadora y la juventud. El primer paso es prepararnos para viajar al XXVIIº Encuentro Nacional de Mujeres del 6, 7 y 8 de octubre en Misiones.

Los ojos de las mujeres

Sin embargo, nuestra lucha por la emancipación femenina no se agota en la destacada participación que tenemos en los Encuentros, ni tampoco se limita a la organización de comisiones, agrupaciones sindicales, estudiantiles y otras formas de participación política en la que confluimos con compañeras independientes.
Le damos una gran importancia a la elaboración teórica marxista, publicando ya varias ediciones de nuestros libros Pan y Rosas y Luchadoras, como también La mujer, el Estado y la revolución, de la norteamericana Wendy Goldman, junto a centenares de artículos en revistas, periódicos y folletos. En los últimos meses, organizamos charlas en Psicología UBA, Quilmes y La Plata, además de seminarios sobre Marxismo y Feminismo, donde participaron centenares de estudiantes, compartiendo por primera vez las aulas universitarias con las mujeres trabajadoras, en la UNLu y la UNSAM del norte del conurbano, en Jujuy y Tucumán.
Lamentablemente, la mayoría de la izquierda, sostiene “ritualmente” algunas consignas por los derechos de la mujer, cuando la ocasión lo impone, pero cotidianamente reproduce, sin cuestionar, el machismo imperante. Otros se adaptan acríticamente a las “modas” teóricas feministas, abandonando el marxismo y la perspectiva revolucionaria. En el PTS consideramos que una crítica despiadada a las miserias de la vida cotidiana, entre ellas el machismo, es parte de nuestra comprensión marxista del mundo, de nuestro programa en la lucha por transformar radicalmente la sociedad capitalista y de nuestra práctica militante. Porque, como decía León Trotsky, “si en realidad queremos transformar la vida, tenemos que aprender a mirarla a través de los ojos de las mujeres.” Todas y todos los militantes del PTS, siguiendo las mejores tradiciones del marxismo, asumimos con esfuerzo, paciencia y orgullo las tareas de elevar la autoconfianza de las mujeres trabajadoras y desterrar los prejuicios machistas del movimiento obrero, que sólo dividen y debilitan las fuerzas de los explotados.

¡Nos vemos en Misiones!
Bajo el kirchnerismo, los Encuentros se fueron vaciando y haciendo cada vez más rutinarios, por la acción de la Iglesia, del gobierno y las agrupaciones reformistas como el PCR que no quieren que se discutan y voten acciones por el derecho al aborto y por los derechos de las mujeres trabajadoras. Sin embargo, pese a estos intentos por vaciarlos de participación, siguen siendo un gran escenario político, de debates e intercambio de experiencias vitales de miles de mujeres.
Para muchas compañeras que viajan con Pan y Rosas y el PTS, representa una gran oportunidad para hacer una “escuela política” en gran escala y una experiencia de actividad común entre militantes y compañeras independientes.
Allí, esperamos debatir, divertirnos, intercambiar experiencias, enfrentar juntas a las fuerzas reaccionarias de la Iglesia, pelear por nuestras ideas, compartir actividades culturales, sociales y políticas... y fundamentalmente, empezar a construir un movimiento de mujeres de lucha, independiente de todas las variantes políticas patronales, para conquistar todos nuestros derechos.

7/11/11

El mundo del trabajo contemporáneo y la desigualdad de género

Intervención en la conferencia "El mundo del trabajo contemporáneo y la desigualdad de género", en el Congreso de Trabajo Social de la Universidad Nacional del Centro (Tandil)

Cuando la Dra. Andrea Oliva me invitó a este Congreso me pidió que participara, esencialmente, en calidad de militante, que hablara de las luchas de las mujeres trabajadoras. Y luego, tuve la grata sorpresa de enterarme que compartiría la mesa con Claudia Mazzei, con quien hemos compartido otras charlas en San Pablo sobre las mujeres trabajadoras, sus luchas, el marxismo y el feminismo…

Lo primero que pensé es que, inevitablemente, cuando hablamos del entrecruzamiento de las categorías de género y clase para referirnos a las mujeres trabajadoras, estamos hablando necesariamente de precarización laboral, de doble o triple jornada de trabajo, de mayores tasas de desempleo, de la constatación de menores salarios por el mismo trabajo, de mayor exposición al acoso sexual…De esto saben mucho más y mejor las compañeras que están aquí en esta mesa.

Sin embargo, esta vez quiero tomar la cuestión de género y de clase, pero para referirme a las mujeres trabajadoras desde otro ángulo: desde su capacidad de lucha y transformación y su potencialidad como sujetos revolucionarios.

Todo lo dicho anteriormente, necesariamente conlleva a las mujeres de las clases explotadas a ser uno de los sectores socialmente más conservadores en los tiempos rutinarios de la vida cotidiana. La socialización temprana en la obediencia y la sumisión, recae con todo el peso de las instituciones patriarcales de la familia, la Iglesia, incluyendo la violencia, el abuso, el maltrato, sobre las mujeres.

Sin embargo, cuando en esos tiempos de calma irrumpe la lucha de clases en sus múltiples formas –desde la huelga económica hasta la insurrección-, las mujeres que ayer defendían el statu quo, se convierten en aguerridos destacamentos de vanguardia. En todos aquellos momentos en que se rompe la continuidad, lo que Lidia Menapace llamó “las formas no programables de la historia”, las mujeres reaccionan con una presencia que deja de lado los compromisos domésticos.

A diferencia de lo que sucede con los hombres, una acción colectiva, cualquiera sea su envergadura, significa para las mujeres una alteración no sólo de los ritmos cotidianos de la producción, sino una alteración de sus ritmos mucho más rutinarios de la reproducción. El trabajador que participa de una huelga puede experimentar el enfrentamiento de clase, reconocer que el Ministerio de Trabajo no es parte de un Estado neutral, asistir a la existencia de fuerzas represivas del Estado cuya función es la conservación y defensa del derecho de la propiedad privada… Pero las mujeres enfrentarán, además, la experiencia de ver trastocados todos sus hábitos domésticos, su vida programable y se encontrará enfrentada a aquello que, cotidianamente, permanece invisible de su opresión de género.

Esas mismas cadenas invisibles que mantienen a la mujer esclavizada en el trabajo reproductivo es también lo que las impulsa a la lucha, resquebrajando las cadenas: las mujeres obreras generalmente irrumpen en la historia impulsadas por la necesidad de defender y resguardar a sus hijos del hambre, de la falta de techo, de la miseria. Y esto no deja de ser paradójico porque, en parte, es el ejercicio histórico del rol estereotipado que ordena que sólo se es una verdadera mujer si se es madre, el que engendra la posibilidad de esta irrupción de mujeres enérgicamente opositoras a las condiciones de existencia que impone el sistema capitalista. Es en esas circunstancias que la influencia de la Iglesia, los estereotipos inculcados de la sumisión y la obediencia y la ideología más reaccionaria sobre la naturaleza de las relaciones familiares pueden ser barridos al calor de una lucha, mucho más pronto que lo que podría hacerlo la más paciente de las explicaciones contra el patriarcado en tiempos de cotidianeidad.

Quisiera traerles aquí algunas anécdotas deshilvanadas de nuestra experiencia militante con compañeras obreras de una de las multinacionales alimenticias más grande del mundo: Kraft-Terrabusi.

Cuando el mundo se aterrorizaba por la gripe A, las obreras de base de la fábrica exigieron condiciones de higiene acordes a la epidemia. La empresa no respondió. Las obreras exigieron, además, días de asueto en el pico de la epidemia, los días más fríos del invierno, ya que no querían llevar a sus hijos a la guardería y el jardín de infantes que funciona dentro de la planta, teniendo en cuenta que la empresa no acataba las normas de seguridad que ya se estaban implementando en todas las escuelas. La empresa no respondió y las obreras se organizaron, encabezando una masiva huelga contra la patronal y desobedeciendo al sindicato. A la huelga le siguieron, en pocas semanas, los despidos masivos. Pero a los despidos, le siguió otra lucha que incluyó la toma de la fábrica, las declaraciones contra los trabajadores de la CGT, el gobierno provincial y nacional, la embajada norteamericana y un extenso apoyo social, con centenares de estudiantes que en la capital le “hacían el aguante” mientras las obreras y obreros se manifestaban en la zona norte del conurbano. Esto terminó con una brutal represión policial con caballos, gases y balas de goma, pero también con la reincorporación de los delegados y el fortalecimiento de las y los activistas que, pocos meses después se organizaron y ganaron la comisión interna de la fábrica.

En esa comisión interna participan compañeras de Pan y Rosas que, lo primero que hicieron al ganar la comisión interna, fue organizar a sus compañeras de fábrica para participar del Encuentro Nacional de Mujeres. Pusieron en pie una comisión de mujeres, para la que no era condición ser afiliada al sindicato ni ser de la comisión interna para participar. Ni siquiera era condición ser obrera de la fábrica: la comisión se abrió a la participación de las madres, esposas, hijas y novias de sus compañeros de trabajo. Se empezaba a dar el primer paso en la unidad de las filas obreras.

Una paradoja: porque muchas organizaciones de izquierda populista o stalinista han sembrado la idea de que la lucha de las mujeres por sus derechos, su organización rompería la unidad necesaria de las filas obreras para enfrentar al enemigo de clase. Sin embargo, siempre nos hemos guiado por la idea que podemos sintetizar, parafraseando a Marx, en que no puede liberarse quien oprime a otros. Porque no hay posibilidad de que la clase avance hacia posiciones revolucionarias sin considerar también que existe la opresión en sus filas; que millones de mujeres trabajadoras y del pueblo pobre sufren la humillación, el sometimiento y el desprecio de la mano de los miembros masculinos de su clase.

Desde nuestra perspectiva, consideramos que cada vez que una mujer es abusada, golpeada, humillada, considerada un objeto, discriminada, sometida… la clase dominante se ha perpetuado un poco más en el poder. Y la clase obrera, en cambio, se ha debilitado. Porque esa mujer perderá la confianza en sí misma y por lo tanto en sus propias fuerzas. Atemorizada, creerá que la realidad no puede cambiarse y que es mejor someterse a la opresión que enfrentarla y poner en riesgo su vida. Y la clase obrera se debilita, también, porque ese hombre que golpeó a su compañera, que la humilló, que la consideró su propiedad, está más lejos que antes de transformarse en un obrero conciente de sus cadenas, está un poco más lejos de reconocer que, en la lucha por romper sus cadenas, debe proponerse liberar a toda la humanidad de las cadenas y contar a todos los oprimidos como sus aliados.

Si la unidad de las filas obreras es necesaria, entonces es imperioso erradicar los prejuicios contra los inmigrantes, las barreras que se alzan entre efectivos y contratados, combatir contra la ideología que impone la represión del adulto sobre el joven y, en este mismo sentido, luchar denodadamente contra la opresión de las mujeres. Ellas deberán dejar de ser “las proletarias del proletario”, como decía Flora Tristán en el siglo XIX.

Pero la organización y la lucha de las obreras de Kraft tuvo nuevos jalones.Además de empezar a conmemorar dentro de la fábrica el 8 de marzo y de impulsar un petitorio en todas las fábricas alimenticias de la zona para que se declare feriado en las alimenticias el Día de la Mujer, ya que la mayoría de las obreras son mujeres, la comisión de mujeres de Kraft sacó un boletín en el que abrieron diversos debates, entre ellos contra la violencia hacia las mujeres y por el derecho al aborto.

Hace pocos meses, a raíz de que los supervisores fueron sancionados por la empresa por haberselos encontrado mirando pornografía en horario de trabajo, las trabajadoras de Kraft escribieron un artículo que titularon “Mujer bonita es la que lucha”, denunciando los estereotipos, la visión de las mujeres como objeto sexual, la violencia de la trata y la prostitución y llamando a las mujeres a convertirse en luchadoras contra estos modelos que se nos imponen socialmente.

Evidentemente, esa paciente propaganda entre sus compañeros y compañeras no fue en vano. Apenas hace unas semanas, los obreros varones encabezaron la paralización de tareas y llamaron a la huelga cuando una obrera denunció haber sido acosada sexualmente por uno de los supervisores y la empresa la suspendió a ella por la denuncia, sin sancionar al acosador. Se sellaba una unidad obrera que no tenía precedentes: la solidaridad de los trabajadores y las trabajadoras no surgía del reclamo salarial o de enfrentar alguna medida patronal de las habituales. En otra fábrica de la industria gráfica, a corta distancia de Kraft, un caso similar se resolvía con la indemnización de la trabajadora acosada. En Kraft, en cambio, los obreros rompieron sus lazos de género con los supervisores para demostrar que la unidad de las filas obreras incluye también la comprensión de que no puede liberarse quien oprime a otros y que ellos no estaban dispuestos a ser parecidos, ser cómplices o neutrales frente a esta situtación.

Las compañeras de la comisión interna de Kraft estuvieron el martes en las puertas del Congreso de la Nación reclamando el derecho al aborto y hace pocas horas recibí un correo electrónico de una de ellas preguntando por qué los compañeros y compañeras del movimiento obrero no estaban ya preparándose para participar de la marcha del orgullo LGTB que se hará este sábado en Buenos Aires. Escribe: “no es sencillo ser gay, lesbiana o bisexual y poder decirlo y vivirlo abiertamente (y excluyo en este punto a los trans, travestis, porque no conozco a ninguno en una fábrica y eso también expresa la desigualdad que hay);en el movimiento obrero es como que está todo bien siempre y cuando no le des un beso a tu novio o novia adelante mío y si bien hay un espíritu mas democrático después del matrimonio igualitario, la homofobia no se termina con esa ley y menos en los lugares donde estamos. Por ejemplo, a una cuadra de Kraft hay travestis que ofrecen servicios sexuales y hay quienes las contratan, laburantes de Kraft, eso se naturaliza: la travesti tiene que prostituirse para subsistir; nadie cuestiona el hecho de por qué no puede vivir de otra forma, trabajar por ejemplo, en la fábrica, como nosotros.” Después culmina diciendo: “es la marcha del orgullo y nosotros militamos creo yo orgullosamente por una sociedad distinta en donde cada uno pueda vivir y realizarse libremente, y por ello estamos por el fin del capitalismo que nos oprime y explota. Y como revolucionarios levantamos las banderas de todos los que luchan por liberarse de esas cadenas.”

Quiero citar aquí a nuestra amiga Claudia Mazzei Nogueira que dice con el lenguaje de la teoría marxista lo mismo que nuestra compañera obrera de Kraft señala con su agudeza política. Dice Claudia: “para el buen funcionamiento del sistema capitalista, la premisa de una verdadera igualdad es absolutamente inaceptable, una división sexual del trabajo menos desigual tiende a permanecer no integrable en la lógica dominante y resistente para quien lucha por ella.” Para después agregar: “es imprescindible que, en la lucha por una división sexual del trabajo sin desigualdad, esté presente, más allá del combate a la opresión masculina sobre las mujeres, el objetivo de superar la relación capital/trabajo.”

Las mujeres de la agrupación Pan y Rosas, luchamos por una sociedad donde no haya mujeres obligadas a la doble jornada de trabajo, impuesta por la división social del trabajo al servicio de las ganancias capitalistas. Luchamos por una sociedad en la que, abolida la esclavitud asalariada, la humanidad y eso incluye a las mujeres, ¡fundamentalmente a las mujeres! oprimidas por este sistema- tenga la libertad de soñar todos sus sueños y la posibilidad de concretarlos.

13/10/10

¡A ver si se saca el sombrero, señor, que va a pasar un obrero! ¡A ver si se saca el sombrero, señor, que va a pasar un minero!


El accidente ¿una fatalidad? No, fue la desidia patronal.
El rescate ¿un milagro? No, el trabajo humano...
¡Vivan los mineros! ¡Viva la clase obrera!

22/4/10

Chocolate amargo




9/12/09

Aquí se ve, la fuerza del SME

Más información sobre la lucha del Sindicato Mexicano de Electricistas haciendo click aqui

26/9/09

Macartismo gordo gordo gordo

“No nos pueden ganar la calle estos troscos”, dicen que gritó enfurecido Hugo Moyano entre dirigentes de la CGT, mientras analizaban el conflicto de Kraft-Terrabusi. Poco antes, había justificado que la central obrera no moviera un dedo por los trabajadores despedidos alegando que en la comisión interna “actúan sectores de ultraizquierda que politizan los reclamos.”
Mientras todos estaban expectantes por la inminente represión que auguraban los centenares de policías bonaerenses con caballos, perros, lanza-gases y escopetas que recorrían la planta de la multinacional yanqui de Gral. Pacheco, el secretario general del gremio de la alimentación, Rodolfo Daer, declaraba en los medios: “Como consecuencia del pensamiento ideológico, los conflictos producen desbordes irreparables y de profunda dificultad en la búsqueda de una solución.”
Los gordos hacían gala del más reaccionario macartismo para asegurar el aislamiento de la heroica lucha que centenares de trabajadores sostuvieron durante más de un mes, sin contar con el apoyo de su propio gremio. Pero para los burócratas sindicales, la política no es mala palabra. Sólo es mala si está en boca de los obreros, los que, para interés de la burocracia y especialmente de las patronales empresarias, conviene que no piensen en política; mientras los gordos se postulan como diputados del peronismo y, como Hugo Moyano, sueña a mediano plazo con el sillón de la gobernación bonaerense.
Cuesta pensar que más de 2500 obreros se hayan convertido en ultraizquierdistas de la noche a la mañana, máxime teniendo en cuenta que no hace más de tres meses votaron mayoritariamente por las listas encabezadas por Scioli o por De Narváez. Sin embargo, mantuvieron la fábrica alimenticia más grande del país paralizada y exigiendo la reincorporación de sus compañeros despedidos, defendiendo también a sus delegados que no responden a las órdenes de los gordos y esto, para los que están atornillados en sus sillones, es exasperante.Cuán dura tiene que ser la cara de la burocracia sindical para atreverse a demonizar a los trabajadores que luchan, mientras se arrastran por los pasillos de los tribunales teniendo que responder a juicios y acusaciones de robos, fraudes y asociaciones ilícitas. Ellos, los que están metidos en las mafias de los medicamentos, los que bajo el kirchnerismo aumentaron los ingresos de sus sindicatos en un 700%, los que están corrompidos hasta la médula y a la luz del día, se atreven a dar argumentos para convencernos de que aquellos que lucharon todo este mes pidiendo alcohol en gel para prevenir la gripe A y luego para impedir los despidos, son demonios sólo porque algunos se identifican con posiciones políticas que no son las suyas.

9/9/09

Dígale NO a Terrabusi

Chocolates y alfajores Milka, Terrabusi, Rhodesia, Tita, Shot, Toblerone; galletitas Express, Cerealitas, Oreo, Pepitos, Club Social, Mayco; jugos Tang, Clight, Verao, fideos Don Felipe, Canale, Terrabusi y Vizzolini; gelatinas, flanes, postres y bizcochuelos Royal... ¿te suenan? Los fabrican las obreras y obreros de Kraft-Foods Argentina (la ex - Terrabusi). Lo de "argentina" es una manera de decir, porque la empresa es norteamericana. Tan imperialista que se arroga el derecho de desconocer las leyes laborales de nuestro país y al propio Ministerio de Trabajo que dictó una conciliación obligatoria en el conflicto que generaron con 160 telegramas de despido y a la que Kraft-Foods respondió militarizando la planta para impedir el ingreso de las trabajadoras y trabajadores despedidos, disparando balas de goma y gases lacrimógenos a las familias que los apoyaban en la puerta.
Pero parece que están acostumbrados a multiplicar sus ganancias a los tiros: Kraft se convirtió en una de las empresas más grandes de su rubro cuando, en la Primera Guerra Mundial, le vendió alimentos al ejército norteamericano. Y la relación con el gobierno norteamericano continúa actualmente: Mary Schapiro, directiva de Kraft-Foods, fue nombrada directora de la Comisión de Valores de la gestión Obama. Y lo que continúa, además de la relación con el estado imperialista, son las millonarias ganancias: casi 1500 millones de dólares es lo que la misma empresa informa haber ganado en la primera mitad del año. Tantas ganancias que la presidenta de la empresa, el año pasado, cobró casi 20 millones de dólares. Lo que las obreras y obreros de Kraft llegan a cobrar, con suerte, después de trabajar 3 mil años.
Entonces, si la crisis financiera no es la excusa para el ajuste... ¿por qué dejar a 160 trabajadoras y trabajadores en la calle? Para ellos es sencillo: quieren liquidar el Cuerpo de Delegados elegido democráticamente en la fábrica, el sindicato y todo resto de ese “activismo” que expresa la bronca de cientos de mujeres y jóvenes trabajadores de la planta, hartos de la superexplotación y del pisoteo, los que estallaron cuando la gripe A amenazaba su salud y la de sus familias y reclamaron medidas de higiene y prevención que la patronal se negó a conceder.
La patronal de Kraft-Foods son de esa gente que, por acá, se dice “es pesada”. Con sólo mencionar que, en Honduras, pertenecen a la Cámara de Comercio Hondureño – Americana que respaldó el golpe de Micheletti. Y en Argentina, no se quedan atrás: integran la COPAL –Coordinadora de Industrias de Productos Alimenticios-, donde Kraft ocupa la vicepresidencia, conviviendo con el presidente Jorge Zorreguieta, el ex Secretario de Agricultura y Ganadería de la dictadura militar y actual padre de la princesa holandesa. El tipo fue elegido, seguramente, para mantener firme la tradición de la COPAL, ya que fue esta misma institución patronal la que promovió el lock out empresario un mes antes del golpe de 1976. Como decía mi abuela... “dios los cría y ellos se juntan.”
¿Por qué no hacemos lo mismo de este otro lado? Son 160 las familias que necesitan de nuestro apoyo para triunfar en esta lucha que es de todos, porque no debe haber casi nadie, en este país, que alguna vez no haya probado una Tita, una Rhodesia, un chocolate Milka, un alfajor Terrabusi, un vaso de jugo Tang, una gelatina Royal, unos fideos Vizzolini... ¿Por qué estos imperialistas golpistas, esta vez, tendrían que salirse con la suya?

24/7/09

La hoguera que nunca se extingue

Entrevista a Elena Mansilla, de Las Heras (Santa Cruz), realizada en mayo de 2007.

Las Heras es un pequeño poblado petrolero, enclavado en medio del sur patagónico. Desde Buenos Aires, el viaje parece interminable: salimos temprano desde el aeroparque metropolitano y, luego de más de tres horas de vuelo, arribamos a la ciudad puerto de Comodoro Rivadavia; sin pausa, subimos al ómnibus que nos trasladó –costeando el Océano Atlántico-, más al sur, hasta la localidad de Caleta Olivia. Desde esa pequeña ciudad, otro ómnibus, recién después de dos horas de viaje hacia el oeste, nos dejaría en nuestro destino final, a dos mil kilómetros de nuestros hogares. Atrás dejamos el mar, por un camino que cruza la meseta áspera y ventosa, ofreciendo un único paisaje amarronado y monótono sólo alterado por las perforadoras que excavan la tierra en busca de petróleo.

Caleta Olivia, Cañadón Seco, Pico Truncado y Las Heras son pueblos hermanados por la explotación petrolera; ayer, estatal y hoy, en manos de grandes empresas transnacionales. Las Heras es una pequeña localidad de diez mil habitantes, distribuidos en un tablero de treinta y seis cuadras de largo por diez de ancho.

Todos se conocen, por eso nuestra presencia es advertida inmediatamente. Un gendarme, sin identificación, nos pregunta qué estamos filmando y nos invita a presentar nuestras credenciales en un improvisado cuartel que funciona en el predio de un centro cultural. Es que la presencia inusitada de más de trescientos gendarmes desde los acontecimientos del verano pasado, desborda la capacidad de un pueblo sin cuartel ni hoteles de magnitud. Cuando nos negamos a acompañar al soldado, alegando que no presenta su identificación obligatoria, la cámara queda encendida y registra sus palabras, sin que él lo advierta. Nos dice que están ahí por orden del Presidente de la Nación, porque la policía fue “desbordada” por el alzamiento de todo el pueblo. La excusa de estar filmando un video documental sobre la flora y la fauna patagónica, nos permitió escapar de las fuerzas represivas que vigilan permanentemente.

Vamos a encontrarnos con Elena. Para no causarle más problemas que los que tiene, recorremos las calles azarosamente, distrayendo a la policía que ya nos está siguiendo para averiguar a qué vinimos hasta aquí. Los hijos de Elena, ya liberados, fueron detenidos junto a sus hermanos después de la “pueblada”. Estos últimos aún permanecen presos. Ella y otras mujeres que son madres, esposas, novias, hermanas e hijas de los detenidos, crearon una comisión para reclamar por su libertad. Hoy, cuando el miedo recorre las calles de Las Heras de la mano de gendarmes y policías, estas mujeres son las únicas que se atreven a desafiar el orden impuesto mediante la represión.

Pero la sangre, los golpes y la muerte no son nuevos en este territorio. Entre 1850 y 1880, estas tierras fueron arrebatadas por el Estado nacional a los pueblos originarios, que fueron literalmente exterminados. Más tarde, fueron ocupadas por empresas británicas que criaban ovejas para la exportación de lana y carne, imponiendo sus propias normas salariales y condiciones de trabajo, en una región que no contaba con organizaciones sindicales. Pero en 1920, con la creación de la Sociedad Obrera, los peones quebraron el orden establecido por latifundistas nacionales y empresarios ingleses, con huelgas masivas. El entonces presidente de la Nación, Hipólito Irigoyen, envió tropas del ejército para reprimir a los trabajadores. En Las Heras fue ejecutado uno de los líderes obreros; más de mil quinientos fueron fusilados, degollados, heridos y detenidos.

La historia más reciente también encierra miseria, dolor y represión: en 1992, la privatización de los Yacimientos Petrolíferos Fiscales por parte del gobierno nacional –en ese entonces, presidido por Carlos Menem-, fue respaldada por el que era gobernador de esta provincia eminentemente petrolera. Su nombre es Néstor Kirchner y, actualmente, ocupa el sillón presidencial. Su apoyo a la privatización de la riqueza nacional fue recompensado, en aquel entonces, con quinientos millones de dólares en concepto de regalías que fueron girados a bancos europeos.

Fue así como llegaron Halliburton y otras empresas de los Estados Unidos, que abandonaron el país cuando, pocos años después, cayó el precio internacional del crudo. Las Heras, de un día para el otro, perdió la mitad de su población que huía de la desocupación y la miseria. De un modo que ninguna estadística puede explicar, en dos años se suicidaron más de veinte jóvenes y adolescentes en este pueblo tan pequeño del sur argentino.

Pero la actividad volvió a repuntar y otras multinacionales y empresas que tercerizan servicios petroleros se radicaron en la región: Repsol, Pan American Energy, Vintage Oil, Dolland, Tecpetrol, Chevron, Metrapet-Serpecom, Indus y Argentina 2000. Mientras tanto, la riqueza es sólo para las empresas extranjeras que hacen sus negocios y para el gobierno provincial, que cobra doscientos cincuenta dólares por minuto en concepto de regalías, con los que mantiene un fuerte aparato clientelar. Para los trabajadores: contratos precarios, jornadas extenuantes, condiciones deplorables y salarios miserables. Como a principios de siglo pasado, la mayoría de los petroleros de hoy no están encuadrados en los convenios legales. Bajo la figura de “trabajadores de la construcción”, cobran menos que otros operarios de su misma rama industrial. Por eso reclamaron.

Durante el año 2005, los petroleros hicieron huelgas, movilizaciones y cortes de ruta, junto a trabajadores estatales, docentes, obreros de la construcción, pesqueros, mineros y desocupados. Pero en el verano del 2006, el conflicto tuvo una escalada inesperada. Los trabajadores cortaban la ruta y el acceso a la planta de Repsol y el líder de la protesta fue detenido. Entonces, alrededor de mil manifestantes rodearon la comisaría para reclamar la libertad del dirigente obrero, mientras la gendarmería custodiaba los yacimientos. En medio de los disparos policiales contra la multitud, un oficial cae muerto y treinta manifestantes son heridos. Inmediatamente, el gobierno nacional envía más de doscientos gendarmes para contener la protesta.

Después de dieciocho días de huelga en los que se paralizó la explotación del yacimiento de Las Heras, parecía que el conflicto se resolvía a favor de los trabajadores. Sin embargo, días más tarde, la jueza que intervenía en el caso de la muerte del policía, ordena la detención de decenas de manifestantes. Rápidamente, las mujeres organizan una comisión por la libertad de los presos, reparten panfletos en las entradas de los campos petroleros, organizan movilizaciones hasta el juzgado de la localidad vecina de Pico Truncado, soportan el asedio de militares y policías apostados en la región.

Una de esas mujeres es Elena. Tiene cuarenta y cuatro años y, cuando nos dice su edad, pensamos que no dista mucho de la nuestra. Sin embargo, las inclemencias del tiempo pero, fundamentalmente, las de la vida dura y penosa que le ha tocado, le dan la apariencia de una mujer mayor.

Elena nació y vivió su infancia en Comodoro Rivadavia, con sus cinco hermanos, en una modesta casa que se sostenía con los magros salarios de su madre, que era trabajadora doméstica, y su padre, obrero soldador. Aunque quiso ser maestra, las dificultades le impidieron dedicarse al estudio y la obligaron a trabajar desde muy joven. Sus hermanos varones se convirtieron, inevitablemente, en obreros petroleros. Su hermana, se casó con un trabajador del mismo gremio. Sólo ella tuvo un novio que no se dedicaba a las mismas tareas y, aunque dice que no quería casarse, con sólo diecisiete años se unió en matrimonio con este conductor de camiones, con el que tuvo cinco hijos. Repitiendo la historia, uno de ellos es chofer de una empresa petrolera, otro trabaja en la empresa de servicios petroleros más importante de la zona y el mayor, es soldador y mecánico, como su abuelo. El más pequeño de los varones, apenas está terminando la escuela primaria y la nena, llegó un año después que el anterior. Desde hace pocos meses, Elena es viuda: su marido fue asesinado en un confuso episodio en la puerta de su casa, por un grupo de jóvenes embriagados. Uno de ellos estuvo detenido y, extrañamente, escapó de la comisaría y aún pasea impunemente por las calles de Las Heras, donde no es nada fácil pasar desapercibido.

Pero, como dice Elena, “gracias a Dios, aprendí el arte de la costura”, porque tuvo que empezar a trabajar para mantener su hogar. “Quise estudiar y nunca lo pude hacer. Y me quedaban cosas pendientes. Digo, bueno, si me caso voy a ser para mi familia, entonces no me voy a casar. Pero ¡oh, sorpresa!, me había quedado embarazada, así que me decidí casarme. Yo pensaba si él no quiere, lo tengo igual, ése era mi lema. Pero él estaba muy decidido en casarse.”

Dos de sus hijos, estuvieron encarcelados durante los primeros días del conflicto y luego, fueron liberados. Dos de sus hermanos aún permanecen detenidos en localidades vecinas, pero no cercanas. Pero Elena advierte que se trata de una maniobra del poder: “Si hubieran detenido a todos estos trabajadores acá, el pueblo hubiera ido a reclamar ahí. Entonces, el gobierno determinó si los llevamos y los esparcimos por toda la provincia, los familiares, los amigos, van a tener que pagarse el pasaje que es tan caro, no van a poder dejar el trabajo, la familia para ir a verlos, entonces, acá va a quedar todo tapado. Pero se llevó el chasco, porque no pensó que las mujeres, que ya están cansadas de mirar televisión, de mirar telenovelas, iban a salir a gritar todo esto, toda esta injusticia. Porque es muy injusto. Tantas mentiras que hemos escuchado, promesas que no se han cumplido, todo el dinero que sale… yo siempre pienso eso: mi padre, mis hermanos, mis hijos siempre han trabajado en el petróleo y siempre han cobrado mal. Se han muerto de frío en los tiempos de invierno. Yo sé cómo se sufre eso. A mí me hartó.”

Elena dice que los reclamos que vienen desde lejos, caían en saco roto. Pero “cuando nosotras nos pusimos a gritar… unas cinco locas que gritan, como decía el cura, fuimos escuchadas.” Ella está segura que a las mujeres, el poder les tiene miedo; aunque reconoce que también si no hay más mujeres “que se animan” es porque el mismo sentimiento a veces las invade a ellas. Dice que a veces, alguna mujer acompaña tímidamente, “pero si te ve que no aflojaste, va a tener la misma actitud. Si te sentís respaldada, de adentro tuyo sale la explosión.”

Ella quiere unificar la lucha, “una lucha que es mía y que ha empezado a ser una lucha de todos. Una lucha para todo el país, para que se terminen estas injusticias en Argentina.” Nos cuenta que a sus compañeras de la agrupación de mujeres les decía “yo estoy cansada que nos vengan con toda esta política sucia. Nosotras no queríamos saber nada de política. Pero estamos haciendo política. Entonces, es como que esta parte de lucha, para mí es grande. Yo creo que si sacamos a algún detenido, es un logro fantástico.”

Esta nueva experiencia cambió la cotidianeidad de su vida, hasta ahora, rutinaria. Elena dice que, desde que formó la comisión, habla de todo lo que le pasa con sus compañeras de lucha, aunque antes no conversaba ni con su vecina. Ahora, envía comunicados de prensa a los medios, viaja semana tras semana a Caleta Olivia y Pico Truncado a visitar a sus hermanos, enfrenta jueces y policías, se reúne en asambleas con otras mujeres y trabajadores que siguen bregando por la libertad de sus hermanos de clase.

Antes de dejar su casa, nos da un mensaje para otras mujeres “que no se repriman, que todo lo que han querido desde chicas surja, y se oiga lo que una tiene adentro. Es sólo buscarse entre sí, que se junten. Tenemos formas de luchar y ser escuchadas. Una lucha de mujeres, porque luchando las mujeres vamos a tener una solución: un país que a nosotras nos guste, basta de mentiras, basta de promesas que no se cumplen. Eso es todo.”

Más tarde, nos permitieron asistir a una de las asambleas que, casi clandestinamente, se reúne en el garaje de una casa que está del otro lado del pueblo. Un puñado de obreros petroleros y mujeres, la mayoría jóvenes, debaten qué hacer el próximo 25 de Mayo, cuando se conmemora una fecha patria. El intendente de Las Heras convoca a un acto en la plaza central del pueblo. Mujeres y obreros petroleros se preguntan si podrán boicotear el festejo oficial con su presencia, reclamando la libertad de los presos. “¿Y si nos reprimen y somos más los que quedamos detenidos?”, se preguntan. Otro responde: “Si reprimen, nos metemos en la Iglesia.” Un joven delegado interpela a la asamblea: “¿Van a estar todos?” La dueña de casa, que ha prestado su garaje para la reunión, dice: “sí, yo voy.”

Por la noche, volvimos a nuestro hotel en Caleta Olivia y, al día siguiente, recorrimos este pequeño puerto a orillas del Atlántico. El diario dice que “enviados del Banco Mundial están observando el desarrollo regional” y que la provincia “exporta combustible por 1.969 millones de dólares.” Un aviso a color invita a los estudiantes a postularse a la beca que la petrolera Repsol promueve junto con la Universidad Nacional de la Patagonia. Pero otros titulares llaman nuestra atención: “Obreros marítimos iniciaron huelga por tiempo indeterminado”; la Federación Argentina de Trabajadores de Prensa convoca a una asamblea en la región; “docentes de la Universidad inician un paro por tres días”; “preparan el paro en el transporte urbano”; abogados de un organismo de derechos humanos denuncian “la existencia de permanentes prácticas violentas por parte de la policía”. Y unas declaraciones del presidente, del mismo que fuera gobernador de esta provincia cuando se efectuó la privatización de la explotación del petróleo, nos indignan: “La despenalización del aborto no es un proyecto del gobierno.”

En Caleta Olivia, con el frío de la mañana, un pequeño ejército de mujeres, vestidas de verde, sale a barrer las calles y arreglar el césped de las plazas; quitan las hojas secas y limpian los monumentos. El gobierno encontró, de este modo, una forma de paliar la desocupación: con bajos salarios, decenas de mujeres jóvenes integran las cuadrillas municipales que mantienen limpia a la ciudad.

Tenemos que esperar que se haga la tarde y Elena venga desde Las Heras a visitar a su hermano, detenido en una comisaría de esta localidad. Hacemos tiempo, recorriendo el pueblo y preguntando la historia a los vecinos. Y así nos enteramos que un dibujante, que trabajaba para la vieja empresa estatal Yacimientos Petrolíferos Fiscales, diseñó una fuente para la ciudad con una estatua de Venus. Pero el párroco no permitió que se levantara la imagen de una mujer desnuda en pleno centro de Caleta Olivia y fue así, entonces, como la Venus se cambió por un imponente obrero petrolero de cemento y hierro forjado, rodeado de banderas de todos los países latinoamericanos de donde siguen llegando trabajadores en busca de un futuro promisorio. Los lugareños no tardaron en bautizarlo “Gorosito”, aludiendo a un personaje de la televisión de aquella década del ’70, cuando el obrero petrolero –símbolo de la prosperidad regional- se erigía como un monumento que distinguiría a Caleta del resto de las localidades vecinas. Hoy, paradójicamente, frente al “Gorosito”, hay una gasolinera extranjera; una de esas empresas contra las cuales se enfrentan los trabajadores de la región.

Por la tarde, nos reencontramos con Elena. Ella dice que todo esto no habría pasado si el muerto –durante aquella manifestación- hubiera sido un obrero, en vez de un policía. Para Elena, no estamos en democracia. Y esta lucha de los trabajadores, que son sus hermanos, sus hijos, sus compañeros, ha sido “manchada con sangre, para taparla, para darle un escarmiento al obrero. Para que los trabajadores digan ‘tengo un sueldo miserable y me la tengo que aguantar.’”

Con ráfagas de viento de ciento veinte kilómetros por hora y una temperatura que, en invierno, puede alcanzar los veintiún grados bajo cero, Las Heras queda atrás en nuestra aventura patagónica.

Dice la leyenda de los tehuelches que antiguamente poblaron estas tierras, que la Patagonia era sólo hielo y nieve cuando un cisne la cruzó volando, por primera vez. Venía desde más allá del mar, donde había nacido Elal, a quién cargó en su blanco lomo para depositarlo sobre la cumbre del cerro Chaltén. Durante tres días y tres noches, Elal permaneció en la cumbre, contemplando el desierto helado que su estirpe de héroe transformaría para siempre. Dicen que varias islas se distinguen todavía desde la costa patagónica y que en alguna muy lejos, donde ningún hombre vivo puede llegar, vive Elal, sentado frente a una hoguera que nunca se extingue.

Como no se extinguirá la llama de estas valerosas mujeres de Las Heras, que siguen luchando por la libertad de sus seres queridos.

10/7/09

Golpe a golpe


Entrevista realizada en mayo de 2006

La casa de Mati queda a pocas cuadras de la de Valeria, la maestra. Claro que no lo sabíamos de antemano y nos perdimos un rato antes de encontrar el barrio donde vive con su mamá y su hijo de dos años. Es el feriado del 25 de mayo. El presidente decidió celebrar la fiesta patria con un acto en la Plaza de Mayo, frente a la Casa de Gobierno, que no ha sido ocupada por los políticos oficialistas desde la caída del presidente De La Rúa, en medio de las movilizaciones populares de diciembre de 2001. Cuando llegamos, encontramos a Mati junto a su madre mirando el acto oficial, por televisión. Todo el país está esperando el discurso del presidente Néstor Kirchner, porque un “operativo clamor” originado en su entorno pide que anuncie su candidatura para la reelección el año próximo. ¿Lo dirá?(1)
Mientras tanto, sobre el escenario, las Madres de Plaza de Mayo con sus pañuelos blancos sobre cabellos también blancos, le dan un aire inusual a este acto público: por primera vez, viejas antagonistas a los poderes de turno acompañan a un presidente. Simultáneamente, debajo del escenario y buscando ocultarse de las cámaras, se encolumnan los representantes de aquella “vieja política” con la que el presidente dice haber acabado, pero que garantizaron que la plaza pareciera llena: con prebendas, clientelismo, ómnibus pagados por las intendencias y los sindicatos, se volvió a movilizar al “aparato peronista”. Desistimos de hacer la entrevista en los tiempos previstos: ahora somos cuatro las que estamos sentadas frente al televisor, ironizando sobre la ropa elegante de la primera dama y su sonrisa de “miss universo”. Tomamos unos mates, en el comedor de esta casa amplia y linda, rodeada por la pobreza de un Neuquén no apto para turistas.
Para Mati, ésta es la etapa de la “vuelta al barrio”, como dice el tango, porque cuando cumplió doce años se fue a Rosario a cuidar a su abuela y cursar la escuela secundaria en busca de mejores posibilidades. En Rosario, además, estudió teatro, y recuerda haber conocido “otras cosas, lo que ofrecen las grandes ciudades y los barrios marginales, no.” Pero la nostalgia pudo más, y con dieciocho años cumplidos volvió a Neuquén, a estudiar administración de empresas, pero cerca de la familia. Mientras tanto, trabajó como camarera para distintos bares y restaurantes. Sin embargo, no pasaba necesidades y, aunque su madre trabajaba como asistente social, ella “vivía en otras cosas. Mi mamá siempre estaba participando en las cosas del barrio, pero yo no le daba importancia.”
El primer golpe le hizo ver que, en el mundo, hay sexos y hay clases: contratada por una empresa, para servir a los invitados de un elegante banquete, fue acosada sexualmente por un ricachón que pensó que Mati estaba incluida en el menú. Ella pudo eludir el mal trago, pero la denuncia ante su patrón la hizo sentir ridícula. ¡El jefe no entendía por qué había desperdiciado semejante “oportunidad”! Recuerda que, al principio, “me daba miedo contarlo, me daba vergüenza, pensaba si no era también porque yo tenía el pantalón ajustado.” Pero después hizo una denuncia pública, habló en las radios locales y tuvo muchas dificultades para volver a conseguir empleo como camarera.
El segundo golpe fue más contundente: era 19 de diciembre de 2001 y vio cómo los vecinos de su propio barrio corrían a saquear los supermercados, presas de la desesperación que provocan la falta de trabajo y de perspectivas. “Lo primero que me impactó es que me encontré con compañeras mías de la escuela primaria y todas estaban con chicos, con dieciocho años y con nenes; la mayoría había abandonado los estudios, estaban resignadas. Eran cosas que me impactaron: niñitos que no conocían el yogur. ¡Y eran mis vecinos! Yo estaba en una burbuja, no veía, estaba como un montón de otros jóvenes que hoy también están así, que no se chocaron con esa realidad con la que me choqué yo. Me llamaba la atención que no distinguían entre el yogur y la crema de leche, y en los saqueos se tomaban la crema de leche como yogur. Fueron cosas que me marcaron.” Su comentario encierra el dolor y la sorpresa de quien jamás imaginó que el hambre pueda ser algo más profundo y desgarrador que tener ganas de comer. Entonces decidió sumarse al Movimiento de Trabajadores Desocupados de Neuquén, ése al que todos conocen como el MTD.
La experiencia en el MTD fue el tercer golpe, pero esta vez, se trataba de uno que abría un boquete desde donde se podía avistar otro futuro. “Ahí empecé a darme cuenta que era necesaria una organización. No era cuestión de salir y, al ver un camión, salir a apedrearlo así porque sí, que teníamos que ganarnos a nuestros otros vecinos. Entonces, necesitábamos una organización.” Y se convirtió en una de las más destacadas activistas juveniles del movimiento. “También pensábamos que, aunque nuestros padres eran trabajadores desocupados, como juventud necesitábamos una organización también, dentro de la misma pero otra, porque teníamos distintas necesidades. Y por eso decidimos organizarnos como Juventud del MTD.” De pronto, el barrio contaba con talleres de salud sexual y reproductiva, prevención de enfermedades, educación. “Hicimos toda una cosa así con los compañeros de universidad, con docentes. Se consiguió que se dieran clases de apoyo para que los adultos pudieran terminar sus estudios. Y también organizamos ámbitos donde poder discutir y debatir lo que nosotros necesitábamos.”
Pero una de las cosas que más la entusiasmaba era participar en las actividades con los obreros de Zanon, una fábrica gigantesca, la más moderna de Sudamérica para la producción de cerámicos. Su patrón quiso vaciarla, cerrarla, pero los obreros la tomaron, reconectaron el gas para encender el horno, pagaron las deudas que el dueño mantenía con las empresas de servicios, retomaron la relación con proveedores y clientes y, todavía hoy, sostienen la producción bajo control obrero.
Cuando Mati conoció a los trabajadores de Zanon, el MTD estaba encargado de las guardias de seguridad que, junto con los obreros ceramistas, custodiaban la fábrica. La decisión era incorporar a los desocupados al plantel de trabajadores, apenas aumentara la producción. Entonces convocaron a la juventud del MTD y les ofrecieron puestos en la fábrica, algo que para algunos era el primer empleo de su vida. “No lo podíamos creer. ¡Que pusieran esa confianza en nosotros! Yo estaba por que entraran los compañeros grandes… pero se decide, en una asamblea en el barrio, que los puestos eran para los jóvenes, que teníamos que transmitir al resto de la organización que la unidad de ocupados y desocupados realmente da sus frutos cuando se pelea por algo.”
De golpe, entonces, se convirtió en obrera de Zanon. “Primero pensé que iba a entrar en administración, pero entré en la producción, en el laboratorio ¡que en mi vida había entrado en un laboratorio! Pero los compañeros me fueron explicando lo que era un cerámico, ¡no sabía qué era un cerámico!”, exclama riéndose. “Ahora controlo la materia prima antes de que empiece la producción, para que no haya problemas cuando empieza. Pero antes hice control de proceso, desde que ingresa la arcilla a la fábrica, hasta que salen las cajitas con los cerámicos. También hice control de arcilla: me caminaba toda la fábrica, hablando con los compañeros. Era la única mujer en medio de todos los compañeros. Me gustaba más porque tenía más contacto con la gente. Ahora estoy encerrada en el laboratorio, me dicen rata.” Y vuelve a reírse.
Aunque le gustaba ser la única mujer de la planta, reconoce que este lugar excepcional no estaba exento de dificultades. “Es difícil, porque yo tenia que ir y controlar que el compañero estaba haciendo bien su trabajo. Y yo era una que entró nueva: piba, joven, mujer, y tenía que ir a decirle a un compañero de cincuenta años –que hace quince que estaba trabajando-, que estaba haciendo mal su trabajo. ¡Ni bolilla me daban! Lloraba, me hacía malasangre y venía un compañero que decía exactamente lo mismo que decía yo y le hacían caso enseguida.” Aceptaba la protección de algún compañero con “autoridad” o se ganaba el respeto, sola; era difícil someter a discusión este problema ante sus pares. “El coordinador del sector me decía ‘nadie te va a decir nada a vos’ y entonces iba y lo planteaba él. Pero yo no quería eso, porque yo estaba haciendo mi trabajo. Eso fue hasta que tomé la decisión de decirle a cada compañero ‘no, pará, yo trabajo como vos, y si te vengo a decir algo es porque es así, y está a la vista que lo que estás haciendo está mal. Primero los trataba de usted; después, ya no. Los trataba de igual a igual porque sino, no daban bolilla.”
Cuando Mati ingresó a Zanon, era una de las catorce mujeres que se repartían en tareas administrativas, recepción, selección de producto, atención del comedor y cocina. Hoy hay más mujeres; algunas trabajan en los consultorios médicos que la fábrica tiene en las localidades de Neuquén y Centenario, para sus trabajadores. Sin conocer demasiado de teorías feministas, Mati nos señala, con simpleza, “creo que con los compañeros varones somos trabajadores los dos, pero tenemos una igualdad a partir de una diferencia.” Y esta diferencia es la que la empujó a crear y participar en la comisión de mujeres de la fábrica, que no sólo está abierta a la participación de las obreras de Zanon, sino también de las esposas, novias, hijas, hermanas y madres de los trabajadores. Para Mati es necesario erradicar “muchos prejuicios que vemos todos los días en la fábrica.” Le preguntamos cuáles y nos responde “si hay una reunión después del horario de trabajo, van todos los compañeros y las compañeras no pueden ir, porque tienen que ir a buscar a sus hijos al colegio o ir a cuidarlos. También nosotras necesitamos otro trato. Somos iguales, somos trabajadores, ¡pero un manotazo en la espalda no es lo mismo para uno que para otro!”
Claro que el golpe de una mano amiga, en la espalda, que nos impulsa adelante, que nos invita a no decaer o que nos muestra su apoyo, no provoca el mismo malestar que los otros golpes. “Estamos trabajando para hacer una guardería dentro de la fábrica. También hicimos talleres de salud sexual y reproductiva y del rol que ocupan las mujeres en los movimientos sociales. Hicimos talleres sobre violencia. Tenemos que volver a hacer, porque muchas compañeras están pidiendo eso.”
Todavía, a las mujeres les cuesta más intervenir en las asambleas de la fábrica, ante la mirada de todos. Mati recuerda que, en una oportunidad, pidieron la palabra en la asamblea de Zanon, para contar de sus actividades y hubo piropos, silbidos de cortejo. “La típica: cada vez que pasa alguna a hablar, algún silbidito, alguna cosita… Entonces dijimos que no, que basta, que no era chistoso, que no nos sentíamos halagadas, y entonces pedimos que se vote que eso era una falta de respeto a las compañeras.”
Pero a pesar de las dificultades, Mati es una orgullosa obrera ceramista. “Hoy, mi trabajo es donde estoy haciendo una experiencia muy nueva, que para mí es algo histórico. Que los trabajadores estemos produciendo, manejando la fábrica, tomando decisiones de qué vamos a hacer con el dinero que se ganó, si lo vamos a invertir en la producción, en sueldos, en mantenimiento. Quiero que triunfemos para que le podamos seguir dando el ejemplo a un montón de trabajadores. Para que vean cómo los están explotando en las otras fábricas ¡Tenemos una fábrica de cerámicos al lado y trabajan terriblemente, en condiciones horribles! Para mí, Zanon es un ejemplo para el resto de los trabajadores. Hoy por hoy, es una de las empresas recuperadas que está mejor, tanto económica como políticamente, ayudando, llevando la solidaridad de clase con los trabajadores de Las Heras, que están en lucha, con estatales y privados de acá o de Buenos Aires. Es como la semillita de ir desparramando la solidaridad de clase.”
Apenas inició esta experiencia, su madre le advirtió “vos tené cuidado con lo de la lucha de clases, porque no es así.” Sin embargo, Mati siente que cuando entró a la fábrica conoció “el socialismo, de cerca.” Enseguida, aclara: “aunque Zanon no es el socialismo, pero vi el control obrero, lo vi ahí, vi que no es algo que está en los libros. Y empecé a querer conocer más y a poner mi granito de arena en esto: que la sociedad tiene que cambiar y que se puede hacer.” Nos repite para que no nos queden dudas de sus propias convicciones, “para mí, el socialismo es un mundo sin explotación, que podamos vivir en una sociedad que sea justa…”, se arrepiente, “no, no es la palabra.” Vuelve a intentar una definición que le parece más precisa “que tengamos las oportunidades por igual, que no haya algunos muy poquitos que tienen todo y haya un montón de gente que se esté muriendo de hambre.” Se explaya “el problema, para mí, es que eso no lo podemos hacer como en Zanon, que si gana Zanon, ya está… tiene que ser en todo el mundo.”
Mati vuelve a calentar el agua para la última ronda de mates. Ya está cayendo la tarde en este barrio marginal de Neuquén. Cuando nos acompaña hasta la puerta, vemos a unos pibes cantando en la esquina “golpe a golpe, ya no debo caer”. Como Zanon. Como Mati, a quien la vuelta al barrio, terminó abriéndole los ojos al universo.

(1) Recién un año después, se oficializó la candidatura de su esposa, la senadora Cristina Fernández, que competirá por la presidencia en las próximas elecciones nacionales de octubre 2007.

19/6/09

Presentación de las candidatas de Pan y Rosas en el Frente de Izquierda

Ayer se realizó la presentación de candidatas de la agrupación de mujeres Pan y Rosas en el Frente de Izquierda, para estas elecciones. Myriam Bregman, abogada del Centro de Profesionales por los Derechos Humanos y candidata a diputada nacional por la Pcia. de Buenos Aires y Christian Castillo, docente universitario, dirigente nacional del PTS y candidato a diputado nacional por la Ciudad de Buenos Aires hicieron un saludo al acto de Pan y Rosas. Para ver todo el acto, la intervención de María Rosa Solinas, obrera y candidata a diputada por la Pcia. de Buenos Aires y Andrea D'Atri, especialista en Estudios de la Mujer, dirigente nacional del PTS y candidata a legisladora porteña, hacer click AQUI.

18/6/09

Paraísos ajenos

Entrevista con Dora Franco, de La Boca (Ciudad de Buenos Aires), realizada en noviembre de 2006


Parte 1

Parte 2

“Caminito” es el paseo por excelencia.[1] Y aunque ahora los pintores vendan sus cuadros en euros y dólares, los restaurantes cobren cifras exorbitantes por un plato de pasta y los ómnibus de turistas hagan intransitables las calles, La Boca siempre ha sido un barrio humilde, de trabajadores inmigrantes.

En la época del Buenos Aires colonial, esta zona del sur estaba habitada por los esclavos negros traídos por los españoles. Más tarde, se afincaron los saladeros y las curtiembres que preparaban la carne y los cueros que se exportaban al mundo. Recién hacia 1870 empezaron a llegar los inmigrantes italianos que le dieron ese aire pintoresco que todavía conserva, convirtiéndola en uno de los barrios más populosos de la ciudad. Fue por ellos que a los fanáticos del club de fútbol local los llaman, aún hoy, “los xeneizes”, que quiere decir “genoveses”, en el dialecto de esa región italiana. Cuando los barcos anclaban en el puerto de La Boca, se arreglaban mástiles, se renovaba la pintura descascarada. Así fue como el barrio fue adquiriendo esa fachada multicolor en sus casas precarias, armadas con chapas y maderas sobrantes de los buques. Trabajadores socialistas y anarquistas le dieron su impronta política a principios del siglo XX.

Hoy son otros inmigrantes los que habitan los desvencijados conventillos y casas de inquilinato. Vienen de los países fronterizos, mayoritariamente de Bolivia, Paraguay y Perú. Sufren el desempleo, la precarización laboral o la superexplotación, además de la xenofobia y el racismo. Dora es una de ellos. Paraguaya, con sesenta años cumplidos, empleada doméstica, vive en un inquilinato que más se parece a una vieja mansión corroída por el tiempo y la humedad, en cuyos pasillos corren y juegan los niños vecinos, sin que se pueda hacer nada para evitar el bullicio. Hace calor y las puertas de las habitaciones en las que se reparten varias familias, están abiertas de par en par.

Dora nos ofrece un mate para empezar la charla, contándonos que nació en la ciudad de Caacupé que, en guaraní, significa “yerba detrás del monte”. Cuando relata su infancia, lo primero que viene a su memoria es el recuerdo de su padre que trabajó como hachero y empleado de distintas empresas madereras en Paraguay y Argentina. “Él aprendió en La Forestal, trabajó también en Formosa y Resistencia. Él y mi tío venían a trabajar por temporada a la Argentina. Venían en barco.”

La Forestal es el nombre de una empresa de origen británico que ha destruido los recursos naturales del norte argentino, con la superexplotación de los trabajadores de la zona y la complicidad del poder político. Mientras contaba con sus propios ferrocarriles y puertos para la exportación de madera y tanino, La Forestal pagaba a sus trabajadores con vales que debían canjear en los almacenes que eran propiedad de la misma empresa. Para enfrentar la lucha de los obreros, la empresa contaba además con una fuerza de represión propia, armada por el gobierno. Pero con la participación de socialistas y anarquistas, en 1919 empezaron las grandes huelgas contra la empresa explotadora, que terminaron en 1922 con una salvaje represión ordenada por el gobierno de Hipólito Yrigoyen, que dejó un saldo de centenares de muertos y una veintena de dirigentes huelguistas presos. La empresa se fue del país recién en 1966, dejando diezmados los extensos bosques de quebracho de la región.

Dora recuerda que su padre hablaba mucho de la explotación del hombre por los patrones “que ni conocían lo que tenían. Pero estaban los ‘capanga’, que le dicen, los capataces, que una vez que uno entra a esas empresas ya no puede salir, los matan porque toda la vida tienen que deber.”

Su padre enfermó de asma y ya no pudo volver a trabajar. Su madre era modista y entonces, ella y su hermana mayor fueron a trabajar a la casa de una señora italiana, como empleadas domésticas. “Cuando yo tenía trece años más o menos, ya fui a trabajar en una casa porque ya no teníamos ni para comer, mi papá enfermo y qué se yo... hasta hambre se puede decir que teníamos, porque la mandioca la sembrábamos nosotros y a la mandioca hay que dejarle su tiempo que engrose y la sacábamos toda sin tiempo, verde, digamos...”

Antes de eso había hecho la primaria completa y hasta había empezado a cursar el primer año del secundario. Cuenta que las monjas querían llevarla como pupila “y eso es a las tres de la mañana para levantarte y ordeñar las vacas que tienen y limpiar.” También recuerda que, en esa época, tenía que concurrir a catequesis. “Tenías que ir en fila a confesarte no sé de qué y yo ¡me desmayaba de hambre! Me desmayaba en la misa con el olor de las otras viejas que se perfumaban para ir y nosotras del hambre nos caíamos ahí, todas como moscas, los domingos.”

Cuando le pregunto qué soñaba ser de grande, me responde “yo nada. Trabajar y ayudar a la gente que está mal. Pero no pensaba en eso de que era explotada por el patrón. Al contrario, era una de las que decía ‘ay, si encuentro un buen patrón, qué bien que la vamos a pasar’. Ahora que estoy recontra desinflada me doy cuenta y quiero decirle a las demás... pero sigue lo mismo.”

Su primer trabajo fue, también, una forma de independizarse de la tutela de sus padres. “En ese momento, no me parecía ningún trabajo. Era salirse de la casa, estar ahí parece un paraíso... pero ajeno.” Y esa es quizás la mejor definición que puede hacerse de una vida que transcurrió, más tarde, en palacios de condes italianos y mansiones de millonarios empresarios argentinos. “Le llamaban criada. Pero yo creo que debe ser como esclava, pero no nos dimos cuenta... no sé... me gustaba trabajar, ganar la plata, qué se yo.”

Después recuerda que también estudió para ser auxiliar de enfermería en el centro de salud de Caacupé. Pero le quisieron dar una beca para continuar sus estudios en la capital del país, Asunción, y sus padres no permitieron que se trasladara. Fue así como siguió siendo empleada doméstica, ama de llaves, dama de compañía, cocinera... y con poco más de veinte años entró a trabajar en la casa del dueño de una gran empresa textil en la que trabajaban más de dos mil operarios. Allí conoció el acoso sexual. “A una la agarran de tonta”, dice. Pero pudo escapar a tiempo. No fue la única vez en que tuvo que enfrentar a patrones que creen que el derecho de propiedad se extiende también sobre el cuerpo de las empleadas.

En ese lugar conoció al que fue su marido por casi veinticinco años, un obrero de mantenimiento, especialista en mecánica automotor, alcohólico y violento. “A los tres meses de haberme casado ya me estaba pegando, a las patadas.” Y esa relación que fue y vino, por temporadas, en Paraguay y Argentina, terminó por la intervención de su único hijo que un día le aclaró: “¿Quién te dijo a vos que hasta que la muerte los separe? ¡Eso lo habrá escrito algún macho al que le convenía no separarse!”, cuenta que le dijo. Pero esta aclaración no bastó para convencerla de que su vida no podía continuar así, atada a un matrimonio imposible con un hombre que llegaba borracho, sólo para humillarla. Todo terminó cuando un día, según nos cuenta, a él se le cayó una petaca y ella se rió. Entonces él la tomó del cabello y la arrastró, luego le apretó el cuello contra la pared. El hijo increpó al padre: “Yo te puedo hacer eso también, eh. ¡Qué vivo que sos!” Pero después de enfrentarlo a él, le habló a ella: “Le volvés a perdonar ahora y ya no tenés hijo. Esta es la última vez. De vos depende. Esta vez va en serio.”, nos cuenta Dora que dijo su hijo adolescente. Ella dice que sintió un poco de compasión por su marido, pero que también se dio cuenta que “el amor al prójimo, tanto le enseñan a uno, que es para cagarle.” Y lo echó, para siempre, de su vida.

Dice que su hijo “con cariño, con verdades, me abrió la mente. ¡Sesenta años! y tengo que escuchar a un chico de quince que ya luchaba.” Entonces relata orgullosa cómo su hijo adolescente organizaba a los estudiantes de su escuela para reclamar que arreglen los vidrios de las ventanas, que mejoren las condiciones de estudio, para movilizarse contra las leyes de educación que el gobierno imponía por mandato del Banco Mundial. “Yo no sabía cómo luchar y de pronto descubrí que él sí sabía.”

Dora, acostumbrada a vivir en paraísos ajenos, ya no cree en ninguno ni sueña uno propio. Ahora le preocupa que las empleadas domésticas, la mayoría inmigrantes, encuentren la forma de organizarse para pelear por sus derechos. No es para menos: en Argentina, el 94% de las empleadas domésticas trabaja “en negro”, es decir, que no tiene beneficios de salud, jubilación, vacaciones, indemnizaciones por despido, protección por maternidad, asignaciones familiares o cobertura por accidentes de trabajo. Más de un tercio son jefas de hogar y el 46% son pobres. A eso hay que agregarle las situaciones de acoso moral y sexual, el abuso y la superexplotación. Algunas trabajadoras viven en situaciones de verdadera esclavitud, abandonadas a la discriminación y el desamparo.

A Dora le preocupa esta problemática, por eso pone tanto interés en las luchas de la clase trabajadora. La moviliza, también, la lucha de las mujeres por su emancipación. Y lee todo lo que cae en sus manos, como hacía su padre, porque dice que le interesan mucho, además, las noticias internacionales. Explotada allá y aquí, porque la explotación no tiene fronteras.

Pero la lucha tampoco... Y como dice esa vieja canción de La Internacional, para los que viven de su trabajo, la tierra será su propio paraíso, el “y vy maraé y”[2] de Dora, que siempre le fue ajeno.

[1] Así se denomina una calle peatonal del barrio de La Boca, en Buenos Aires, que figura en los circuitos turísticos.
[2] “Paraíso” en guaraní.

16/6/09

“Basta de violencia contra las mujeres. Por los derechos de la mujer trabajadora y la legalización del aborto”

CHARLA CON LAS CANDIDATAS DE PAN Y ROSAS EN EL FRENTE DE IZQUIERDA, JUEVES 18, 19:00 HS., RIOBAMBA 144, C.A.B.A.

(PTS, 16/06/09) Bajo el lema “Basta de violencia contra las mujeres. Por los derechos de la mujer trabajadora y la legalización del aborto”, obreras, enfermeras, maestras y estudiantes de la agrupación de mujeres Pan y Rosas que son candidatas del Frente de Izquierda (PTS, MAS, IS), invitan a debatir sobre la situación de las mujeres ante la crisis capitalista, este jueves 18 de junio, a las 19:00 hs. en el Instituto del Pensamiento Socialista, Riobamba 144, Ciudad de Buenos Aires.
Andrea D’Atri, candidata a legisladora –quien junto a Christian Castillo, candidato a diputado nacional por la Ciudad de Buenos Aires, participarán de este panel- señaló: “Mientras Elisa Carrió o Gabriela Michetti defienden los intereses de los capitalistas y tienen el apoyo de la jerarquía eclesiástica que impide se opone a nuestros derechos, son las mujeres trabajadoras y de los sectores populares las que sufren jornadas laborales extenuantes, salarios miserables y precarización, las que mueren por las consecuencias de los abortos clandestinos e inseguros y las víctimas de las mafiosas redes de trata.” Y agregó: “El kirchnerismo no va a hacer nada para cambiar esta situación que ha empeorado notablemente, bajo el mandato de Cristina. Por eso, en esta campaña, la posición oficial del FPV es contraria a la despenalización del aborto, tal como lo quieren la presidenta, Scioli y el Vaticano.” Para finalizar, hizo un llamado a “apoyar las propuestas del Frente de Izquierda en estas elecciones y a sumarse a la agrupación Pan y Rosas, para seguir poniendo de pie un movimiento de mujeres en lucha por nuestros derechos, independiente del Estado y los partidos patronales.”

Secretaría de Prensa del PTS en el Frente de Izquierda y los Trabajadores Anticapitalista y Socialista PTS-MAS-IS

Nuestras propuestas en estas elecciones

Ayudanos a difundir este spot con las propuestas de las candidatas de Pan y Rosas en el Frente de Izquierda. Es muy sencillo, podés copiar la URL y enviarla por correo electrónico, facebook, twitter y otras redes sociales o podes insertar directamente el código que te adjuntamos abajo para que el video se vea directamente en tu blog.

URL: <http://www.tvpts.tv/spip.php?video=491>
CODIGO PARA INSERTAR VIDEO: lo obtienes haciendo doble click en el video

Charla con las candidatas de Pan y Rosas en el Frente de Izquierda
jueves 18 de junio - 19:00 hs
Instituto del Pensamiento Socialista "Karl Marx"
Riobamba 144 - Ciudad de Buenos Aires

29/5/09

"El derecho al aborto es un asunto de salud pública"

(PTS, 29/05/09) Ayer, en el Día de Acción por la Salud de las Mujeres, Andrea D'Atri, candidata a legisladora por el Frente de Izquierda (PTS – MAS – IS) planteó que “contrariamente a lo que dice la ministra de Salud –que lo considera un asunto de política criminal- el aborto es un asunto de salud pública. Por eso el Frente de Izquierda plantea lo que Cristina Kirchner no está dispuesta a hacer para no enfrentar al poder de la Iglesia y que menos aún podemos esperar de Carrió o Michetti, las candidatas de Bergoglio: La separación de la Iglesia del Estado y por el derecho a decidir sobre nuestras vidas. Por el derecho al aborto legal, seguro y gratuito, realizado en los hospitales públicos para terminar con la muerte de más de 400 mujeres cada año en nuestro país, como consecuencia de los abortos clandestinos.”

Andrea D’Atri, reconocida luchadora por los derechos de las mujeres finalizó denunciando las condiciones laborales de las trabajadoras de la salud: “En Argentina, hay una enfermera cada cuatro médicos. Son muchas las que abandonan los estudios porque deben trabajar al mismo tiempo, en condiciones de precarización laboral. La rotación de turnos, las horas extras y la necesidad de tener varios empleos para alcanzar magros salarios, además de la doble jornada de las tareas domésticas, de muchas de estas enfermeras que son jefas de hogar, generan un estrés laboral que se conoce como ‘burn out’, literalmente ‘estar quemado’.” Luego agregó: “A esto hay que sumarle que el sistema sanitario está siempre al borde del colapso, a pesar del esfuerzo de las trabajadoras y trabajadores de la salud que cobran salarios de miseria, aumentando la carga de esfuerzos sobre sus espaldas. Por eso proponemos el aumento del presupuesto de salud, entre otras medidas.”

Secretaría de Prensa del Partido de los Trabajadores Socialistas (PTS) en el Frente de Izquierda y los Trabajadores, Anticapitalista y Socialista