5/4/01

130 años de la Comuna de París

Hace 130 años, la bandera roja de los obreros ondeaba en lo alto del ayuntamiento de París. Desde el 18 de marzo de 1871 y por apenas un poco más de dos meses, el pueblo de la capital francesa se adueñó de la ciudad y el poder pasó a manos del proletariado.
Cercado por el ejército prusiano comandado por Bismarck, el gobierno de Thiers1 había firmado la paz con Alemania, permitiendo que el enemigo ocupara la ciudad. Pero el pueblo parisino se opuso al armisticio y Thiers tuvo que huir a Versalles, con sus tropas, su policía y sus funcionarios de gobierno, mientras en París un comité de elección popular tomó el poder, iniciando una gestión revolucionaria que debió enfrentar no sólo a las tropas extranjeras sino también a la reacción burguesa nacional.
Este nuevo gobierno, conocido como La Comuna sustituyó el ejército regular de las clases dominantes y armó a todo el pueblo; proclamó la separación de la Iglesia del Estado, suprimiendo la subvención al clero y otorgándole un carácter estrictamente laico a la educación pública. El poco tiempo que pudo resistir La Comuna, asediada por ejércitos profesionales, fue suficiente para establecer otras leyes en beneficio de los trabajadores: se prohibió el trabajo nocturno en las panaderías; fue abolido el sistema de multas del que se hacía víctima a los obreros; se proclamó la igualdad de la mujer y se promulgó un decreto por el cual todas las fábricas y talleres abandonados o paralizados por sus dueños eran entregados a las cooperativas obreras con el fin de reactivar la producción. La Comuna dispuso, también, que la remuneración de todos los funcionarios administrativos y del gobierno no fuera superior al salario normal de un obrero.
Por todo ello, La Comuna era una amenaza mortal para el viejo mundo de los capitalistas, basado en la opresión y la explotación.
Y por ello fue cercada y asediada, y sus valerosos combatientes fueron fusilados, perseguidos y desterrados. Sólo los trabajadores franceses apoyaron a su propio gobierno, luchando y muriendo por él. Porque, como señala Lenin recordando la heroica gesta de los obreros parisinos, ellos luchaban por la emancipación de la clase obrera, por un futuro mejor para todos los trabajadores. Razón por la cual, toda la burguesía de Francia, los terratenientes, los corredores de bolsa y los fabricantes, todos los explotadores se unieron contra ella. Incluso Bismark dejó en libertad a 100.000 soldados franceses que tenía prisioneros para que colaboraran en el aplastamiento del París revolucionario.
Así fue como después de duros combates y una heroica resistencia, los obreros parisinos fueron vencidos por la reaccionaria unidad que tuvieron las tropas, antes "enemigas", de Thiers y Bismark.
Muchos son los sangrientos y heroicos relatos de aquellos días. Los mismos diarios burgueses de la época cuentan de la cantidad de muertos enterrados en las mismas calles de París con prontitud, de los aullidos provenientes de la tierra de aquellos que aún no habían terminado de morir. De la estúpida y cobarde petulancia de las mujeres burguesas que engalanaban las puntas de sus sombrillas mojándola en la sangre obrera derramada en las calles. Fueron 30.000 los masacrados en batalla. Otros 45.000 fueron detenidos y, posteriormente, muchos de ellos fueron ejecutados. Miles más fueron desterrados o condenados a trabajos forzosos. Louise Michel, una de las trabajadoras combatientes de La Comuna, fue apresada y llevada a juicio sumario. Su declaración es un ejemplo, entre otros, del espíritu que movía a los comuneros. Ante el tribunal, no se quebró, e interrogada sobre su actuación dijo: "Pertenezco enteramente a la revolución social".
Hoy, 130 años después de aquellos acontecimientos, la causa de La Comuna no ha muerto. A veces con ejércitos todopoderosos, bombardeando países semicoloniales; otras veces con la imposición del hambre, la desocupación y la expoliación de nuestras riquezas, la burguesía sigue asediando a los trabajadores y los pueblos pobres del mundo. En La Comuna hubo casi 100.000 pérdidas que lamentar.
Hoy, 16 millones de niños mueren cada año de hambre y enfermedades curables en los países del llamado Tercer Mundo; la mitad de la población de estos países tiene un nivel de subalimentación similar al de los campos de concentración nazis de 1940.
La lucha por abolir el capitalismo es más necesaria que nunca. Esa misma lucha que iniciaron los trabajadores y el pueblo de La Comuna de 1871. Aún habiendo sido derrotados enseñaron al proletariado a plantear en forma concreta las tareas de la revolución socialista. La clase obrera es la única fuerza en el mundo que puede eliminar el capitalismo, para salvar a la humanidad de las catástrofes que la amenazan, construyendo una sociedad de productores libremente asociados. Hoy, somos más de 1.000 millones los trabajadores en todo el mundo que podemos paralizar la economía capitalista, destruir el funcionamiento del mundo burgués, y organizar una sociedad sin explotación sobre las ruinas de su Estado.
Luchamos por esa República obrera que dio a luz, por primera vez en la historia, en los gloriosos días de La Comuna. Sostenemos con Lenin que "la causa de la Comuna es la causa de la revolución social, es la causa de la completa emancipación política y económica de los trabajadores, es la causa del proletariado mundial y en este sentido es inmortal".2

1 Jefe del poder ejecutivo de la República Francesa desde febrero de 1871.
2 Lenin, V.: "En memoria de la Comuna"