13/5/09

Lo ominoso (a propósito del “monstruo de Mendoza”)

El caso del hombre que violó a su hija, sistemáticamente por más de veinte años, con la que engendró siete hijos-nietos y que los medios insisten en titular “el monstruo de Mendoza”, conmueve al país y al mundo. En todas partes se habla de este caso, se opina, se analiza, se repudia y se abren interrogantes de la más diversa índole: ¿es el incesto un delito? ¿quien comete estos crímenes es un delincuente o un enfermo? ¿cuál es la responsabilidad de la madre en el asunto? ¿y cuál le cabe a la hija misma, víctima de las violaciones?
La sociedad se espanta. Y ante tanto espanto, es tranquilizador atribuirle el epíteto de “monstruo”. “Monstruo” es, según el diccionario, una “producción contra el orden normal de la naturaleza”: algo insólito, extraño, una rareza, lo que resquebraja la norma y lo esperable, lo cotidiano, lo conocido.
La sociedad se espanta y entonces, nada mejor que suponer que se trata de un “monstruo”, por lo tanto, una criatura única, extra-ordinaria. Ese pensamiento nos tranquiliza, apacigua la angustia. Si es excepcional, no tenemos de qué preocuparnos. No volverá a ocurrir algo así. No, en lo inmediato; no, en nuestra cercanía. Las estadísticas, en esto, nos sosiegan.
Pero lo monstruoso, por definición, es aquello que se muestra, aparece, irrumpe (¿no comparten, acaso, la etimología monstrum y monstrare?). En Mendoza como en Amstetten, en cambio, hubo largas historias de silencio, de ocultamiento, de secretos, de escondidas.
Lo que aterra de estos casos, entonces, no es lo monstruoso, no es la rareza que irrumpe para mostrarse en el orden cotidiano. Parafraseando al padre del psicoanálisis, podemos decir que lo que nos hace estremecer es precisamente lo familiar que se sabe secretamente desde hace mucho tiempo.
Sigmund Freud, en su artículo titulado Lo ominoso, analiza el término en alemán unheimlich, conformado por un prefijo negativo más el término multívoco heimlich, que significa lo familiar, lo íntimo, pero también “lo que estando destinado a permanecer en el secreto, en lo oculto, ha salido a la luz.”
¿No es acaso esta familiaridad la que provoca la angustia de quienes, como espectadores inusitados, asistimos a la revelación de aquello que “estaba destinado a permanecer en secreto”?
La angustia deviene entonces, quizás, de reconocer que estas espeluznantes historias no son anómalas. Para muestra, baste saber que, apenas se divulgó el caso del “monstruo de Mendoza”, la línea telefónica provincial para denuncias por abuso sexual y maltrato, recibió más de cien llamadas en apenas un rato.
Que no se trate de algo extravagante, nos obliga por tanto a pensar en qué mundo vivimos, bajo qué condiciones se reproducen una sociedad y sus instituciones (incluyendo la “sacrosanta” familia) capaces de provocar tamañas miserias humanas.
El gobernador de Mendoza, Celso Jaque, salió a respaldar a la justicia que, aún habiendo recibido las denuncias del caso, no actuó durante tantos años: dijo que “hay que mejorar toda la sociedad, no sólo las instituciones.” Y pidió “recuperar los valores”.
¿Qué sociedad hay que mejorar? ¿Ésta, heredera de un milenario patriarcado martirizador, hundida en la decadencia infinita de un capitalismo en crisis? ¿Qué valores? ¿Acaso aquellos que señalan que las mujeres somos objetos y no sujetos; los que indican que los hombres no lloran y poseen por la fuerza, a su antojo; los valores que rotulan que hay seres humanos inferiores y otros superiores destinados a ejercer su dominio mediante la imposición del terror y el abuso?
La sociedad en la que vivimos, dividida entre un puñado de poderosos parásitos y millones de parias condenados a la explotación, la humillación y la miseria, origina, reproduce y legitima esos valores. Valores que incuban a los familiares (dramáticamente familiares, trágica y aberrantemente familiares) monstruos (ominosos) de Mendoza.


7 comentarios:

Anónimo dijo...

Me parece muy bueno tu artículo.
En mi escuela,mis compañeras,estaban más alteradas por el incesto -por obvias razones-que por el hecho en sí de la violencia ejercida por este adulto hacia su hija.
Nadie habla de algún tipo de terapia hacia esta mujer,ni hacia el entorno.
En todo momento cuidan a este hombre,como si esto fuera la prioridad.
Es más,en los medios habla cada "especialista" que da miedo.
Uno de ellos,y esto me pareció aberrante,dijo que lo que le pasó a esta mujer es irrecuperable,condenándola a lo peor ya desde el discurso.
Saludos!!

Daniel Rico dijo...

Muy bueno, realmente no alcanza con el horror y la condena, hay que dar un paso mas y tratar de entender porque puede pasar algo asi, que condiciones sociales hacen posible estas cosas y ver como se pueden cambiar.

saludos

Andrea D'Atri dijo...

Otros comentarios recibidos en mi correo electrónico...

Comparto tus conceptos,la profundidad de tus reflexiones,desenmarcarar esta cultura patriarcal,sensibilizar sobre el dolor de las victimas,activar el compromiso de Tod@s contra el terrorismo sexual y elcapitalismo asesino
Te felicitoy agradezco tu escrito,con mucho afecto;
Raquel

Estimada Andrea:
¿Por qué no enviás este estupendo artículo a Los Andes de mendoza?
Sería muy interesante que la publiquen. Mendoza es una sociedad conservadora, donde todo "se tapa", pero como es chica,finalmente, te enterás "por rumores"..."pero de muy buena fuente"....
Y lo del incesto se ha tapado en familias de muy alto nivel económco y familias prominentes.!!!!
Felicitaciones

Susana Tampieri

Anónimo dijo...

Totalmente de acuerdo EDUCAR, ENSEÑAR, a los niñ@s a cuidarse a quererse, parece una utopía pretender que chicos que vienen de hogares violentos sepan como cuidarse, protegerse de su mismo entorno, pero ahí está el trabajo, AYUDAR, INSISTIR de que debe haber en cada escuela de cada rincón del país,EducaciónSexual!!! Ayuda Psicológica!!!! para todos los/as niñas/os maltratados, abusados.
INSISTIR, INSISTIR ante las autoridades competentes y nosotras desde nuestro lugar seguir bregando porque toda esta información llegue donde debe llegar.
Gracias
Lidia

Anónimo dijo...

Genial Andrea, un análisis genial. ¿Me permitís que lo haga circular?
Me encantó y lo comparto plenamente!!
saludos
Marité gutiérrez - CEIM San Nicolás

Ramón Minieri dijo...

Gracias, Andrea, por esta claridad - como de costumbre. Quisiera reproducir este comentario en el blog El Mosquito Recargado, http://elmosquitorecargadosiglo21.blogspot.com/

Nos darías permiso?

Un saludo fraternal. Ramón

Andrea dijo...

Gracias, Ramón, por los elogios. Por supuesto que puede reproducirse!
Saludos, A.