17/11/07

"Estamos en los comienzos de una nueva etapa de radicalización"

En el marco de la Feria Internacional del Libro de Venezuela, nos encontramos en Caracas con Mary Alice Waters, integrante del Socialist Workers Party[1] de Estados Unidos desde la década del ’60, cuando fue Secretaria Nacional de la Young Socialist Alliance y directora de su periódico Young Socialist. Autora de numerosos artículos de política internacional y del libro Feminism and Marxist Movement[2], Mary Alice Waters se desempeña, actualmente, como presidenta de Pathfinder Press y directora de la revista New International.

El sociólogo sueco Göran Therborn plantea que no hay otro movimiento social, que haya logrado tantos cambios, como el feminismo en su lucha contra el patriarcado; a pesar de las contradicciones profundas que aún sobreviven. Actualmente, hay varias mujeres presidentas, existe un cuestionamiento más difundido de la violencia contra las mujeres y también avances indiscutibles en relación al derecho al aborto y los derechos reproductivos en algunos países del mundo. Sin embargo, al mismo tiempo, eso coexiste con el hecho que, de los 1300 millones de personas que viven con menos de un dólar por día, el 70% son mujeres y también se puede constatar el recrudecimiento de fuertes tendencias reaccionarias y fundamentalistas ante la cada vez mayor laicización de la vida cotidiana. ¿Cómo ves la situación de las mujeres, en este marco?

Es evidente, para todo el mundo, que ha habido cambios muy grandes en las últimas décadas en la posición política, social y económica de las mujeres, con todas las diferencias que hay entre diversos países. Y un elemento de esto es lo que se ve en la elección de mujeres presidentas, como en Argentina, en Chile y otras partes. A su vez, hemos visto un retroceso en la lucha y la organización de las mujeres para la reivindicación de sus derechos. Pero creo que esto es un elemento que corresponde analizar en el marco de la lucha de clases, ya que hemos vivido un período de menor lucha en las últimas décadas, si lo comparamos con lo que vivimos en las décadas de los ’60 y ’70. Pero creo que, otra vez, está comenzando un ascenso, por las crisis del capitalismo y la ofensiva permanente de los patrones y sus representantes políticos contra los derechos sociales y económicos, como lo estamos viviendo en EE.UU. Por eso creo que estamos en los comienzos de una etapa nueva de radicalización, de politización, de luchas populares y, dentro de ese marco, como siempre, vamos a ver otra oleada de organización y lucha de las mujeres, como también de otros sectores oprimidos. Y creo que vamos a tener condiciones más favorables para eso en los años venideros ¡y será un período muy positivo para las mujeres!

Paradójicamente, a pesar de que el marxismo ha retrocedido, la clase obrera empieza a resurgir después de esta larga ofensiva imperialista de las décadas del ’80 y ’90. Recientemente, la OIT publicó un informe en el que señala que aumenta la feminización del trabajo. La tendencia más importante en el mundo laboral, en la última década, es la incorporación cada vez mayor de mujeres al trabajo extradoméstico. Y por primera vez se registra que la mayor cantidad de mujeres que trabajan no lo hace en la agricultura, sino en el sector de servicios, es decir que la tendencia también es al crecimiento del trabajo de las mujeres en concentraciones urbanas. Durante la última década, la fuerza de trabajo femenina aumentó en 200 millones, y esta tendencia es más notable aún en América Latina. ¿Cómo ves esta relación entre el marxismo y la clase trabajadora, cada vez más feminizada? ¿Crees que las categorías del marxismo siguen siendo válidas, actualmente, para el análisis de estos nuevos fenómenos de la clase trabajadora y para pensar la lucha por la emancipación de las mujeres?

Creo que sobre la cuestión del retroceso del marxismo hay una confusión. Hay un retroceso de las fuerzas que se llamaban de izquierda, pero que en su gran mayoría fueron atraídas por la burocracia stalinista de la ex Unión Soviética, que era la negación del marxismo. Entonces, en este sentido, es una liberación, no un retroceso, porque ahora no hay nadie que crea que lo que ellos representaban fuera el marxismo. A la vez, hay más espacio para el marxismo verdadero. Al mismo tiempo siento que hay un rechazo más grande del stalinismo, pero que todavía subsisten prejuicios contra el marxismo. Pero lo que ha pasado es lo que en la revista New International titulamos como “el imperialismo norteamericano ha perdido la guerra fría”, porque ahora el imperialismo no puede contar con la burocracia de la Unión Soviética como aliado para imponer la coexistencia pacífica. Y ésa es una de las razones por la que está pasando todo lo que vemos hoy: en todo el mundo, el imperialismo tiene que enfrentar directamente las luchas populares. En este sentido, hay más posibilidades para el marxismo de reconquistar el movimiento feminista, el movimiento obrero, un análisis materialista de la opresión de la mujer y la vía de lucha revolucionaria para eliminarla.

A propósito de esto que decías sobre los prejuicios contra el socialismo, fundados en la burocracia stalinista y también en la propaganda imperialista, recordaba un artículo de Trotsky titulado “Si Norteamérica se hiciera comunista”, en el que le habla a la clase trabajadora de EE.UU.[3] Ahí, Trotsky señala que tanto la cultura como la enorme riqueza norteamericana son grandes impedimentos para la burocratización de una posible revolución socialista en el corazón del imperialismo. Justamente éste es el tema central de la Feria Internacional del Libro de Venezuela, donde estás invitada a hablar de “EE.UU., una revolución posible”.

Además de lo que señala Trotsky en ese artículo, la revolución socialista norteamericana va a solucionar muchos problemas del mundo. Una revolución victoriosa allá, en principio, no va a enfrentar un mundo capitalista imperialista y todas las presiones que enfrentan quienes luchan en todo el mundo. En este sentido, las posibilidades de una revolución victoriosa en EE.UU. puede sentar las bases fundamentales para un mundo socialista.

Volviendo sobre la incipiente recuperación del movimiento obrero a nivel internacional, tenemos las recientes huelgas de metalúrgicos en Alemania, la huelga de transporte que actualmente paraliza a Francia, hubo una huelga en la automotriz Chrysler en los EE.UU... pero, además, es importante el papel de los inmigrantes latinoamericanos en la lucha de la clase obrera norteamericana, que vienen de haber protagonizado, hace dos años enormes movilizaciones. ¿Qué relación te parece que se puede establecer entre esta lucha de la clase obrera norteamericana y la lucha de los trabajadores y los pueblos latinoamericanos contra el imperialismo?

Bueno, actualmente éste es uno de los problemas más graves que enfrenta la clase dominante en los EE.UU. Más grave, aún, que la guerra de Irak o Afganistán. Porque pueden retirarse de uno u otro campo de batalla en su “guerra contra el terrorismo”, si es necesario, ¡pero no pueden retirarse de EE.UU.! ¡no pueden “retirarse” de la explotación, de la fuente de plusvalía que es la base de todo su poder. Y en ese sentido, la clase dominante no puede vivir sin los 12 millones de inmigrantes indocumentados que hay actualmente en EE.UU., pero tampoco puede vivir con esta cuestión que existe hoy. Porque los inmigrantes están tomando cada vez más y más conciencia, más medidas de acción, más y más combatividad, más confianza en su lucha, aún cuando ésta debe ser llevada a cabo bajo condiciones muy difíciles, ya que están enfrentado permanentemente el riesgo de la deportación. Lo que pasó el 1º de mayo, hace dos años, e incluso este año –aunque fue una movilización más pequeña- da la sensación de que hoy, en EE.UU., hay una vanguardia nueva de la clase obrera que está emergiendo. Pero no es solamente un movimiento de inmigrantes. Es un movimiento proletario, donde hay una pelea planteada también en el seno del pueblo trabajador por ganar a la mayoría para el apoyo a la lucha de los inmigrantes. Hay trabajadores blancos, negros y asiáticos que también apoyan este movimiento, porque están en las luchas y en las fábricas codo a codo con estos trabajadores inmigrantes latinoamericanos. Por ejemplo, en las minas, hay más trabajadores mexicanos que están en condiciones horribles y peligrosas. Hace poco hubo una lucha en una mina de carbón en el estado de Utah que, finalmente, no fue victoriosa pero tampoco fue derrotada. Esto es más importante que lo que aconteció en Chrysler, que era más bien una acción impulsada por la burocracia para presionar a la patronal en una negociación. No era una lucha verdaderamente de la base. Pero hay otras que sí, donde las bases están tomando la lucha en sus manos, como la que te mencioné de los mineros de Utah y otra de los trabajadores de las empacadoras de carne, donde la mayoría son mexicanos, también.

Este proceso, sin embargo, aún lo canalizan políticamente tanto el Partido Demócrata como direcciones relacionadas con la Iglesia católica... ¿Hay posibilidades de que emerja una dirección independiente?

La Iglesia católica tiene una red para trabajar entre los inmigrantes. El Partido Demócrata, por su parte, está tratando de ganar los votos de estos sectores, por supuesto; ¡pero la gran mayoría no vota porque no tienen papeles legales! Es interesante lo del 1º de mayo... en EE.UU., la clase dominante estaba totalmente asombrada de lo que pasó en esa manifestación, porque fueron inútiles todas las tentativas de controlarla. Salieron por las calles, como en Los Angeles, donde hubo casi un millón. ¡Increíble! Y en gran medida, organizado a través de los mensajes que transmitían los programas de radio latinos. La clase dominante estaba totalmente asombrada y había algún elemento de terror al ver eso. Los sindicatos no están al frente de este movimiento, tampoco, porque la gran mayoría no son sindicalizados. Pero cada vez que hay una lucha, los trabajadores van a los sindicatos pidiéndoles ayuda, pidiendo que les permitan sindicalizarse, organizarse. Es un esfuerzo para la transformación de los sindicatos en instrumentos de lucha nuevamente.

Justamente, ayer, en la conferencia que tuve en FILVEN comentaba el papel que había cumplido la Industrial Workers of the World en la organización de la huelga de Pan y Rosas, de las obreras textiles de Lawrence; una organización sindical que agrupaba no solamente a las mujeres, sino también a los trabajadores negros e inmigrantes, algo que las direcciones tradicionales del movimiento obrero se negaban a hacer. Y alguien agregó, muy orgulloso, que uno de los fundadores de la IWW, Daniel De León, era un inmigrante venezolano. Por último, entonces, ¿cuál es tu opinión sobre la situación actual de Venezuela?

Creo que lo que está pasando actualmente en Venezuela es muy importante para todos nosotros. Hay una politización, una radicalización y avances en la conciencia muy importantes. A su vez, yo creo que las luchas más duras y decisivas todavía están por venir. La solidaridad con la lucha antiimperialista es importante para todas las Américas y todo el mundo. La necesidad de saber qué es el socialismo, la búsqueda de conocer... eso es parte del renacimiento del marxismo, aunque la gran mayoría no piense como uno, porque todavía hay muchos que identifican al marxismo con lo que existía en la Unión Soviética. Pero es parte de este proceso de resurgimiento del marxismo.

¿Y cuál es tu posición frente a las críticas que existen porque no se ha incluido el derecho al aborto en la reforma, por ejemplo, por el cual vienen luchando las mujeres venezolanas y que no ha sido contemplado por la asamblea nacional? ¿O por las medidas que se incluyeron y que fortalecen las tendencias a una mayor bonapartización del régimen?

Para mí, la cuestión no es la limitación de tiempo para la presidencia. La lucha de clases es mucho más fuerte que eso. Creo que estamos aún en los primeros pasos de la lucha aquí, que todavía está profundizándose. Y los problemas de la dirección de este proceso, es posible que sean eliminados con las luchas que vienen. Creo, además, que vamos a ver una lucha de las mujeres mucho más fuerte, dentro del marco de este proceso cada vez más radicalizado. Las cuestiones que existen ahora, como por ejemplo que el derecho al aborto haya sido dejado de lado en la reforma constitucional, no es la última palabra. Vamos a ver más, seguramente.
Por último, sé que desde los años ’70, el renacimiento del movimiento de las mujeres, ha tenido un apoyo muy importante en Argentina. Y sé que en las luchas que vienen, en un período no muy lejano, vamos a encontrar más posibilidad de trabajar juntas y enriquecernos con todas las tradiciones de lucha y política marxista y feminista. Y en ese momento, las mujeres de Argentina, estoy segura que van a jugar un importante papel.

[1] El SWP, bajo la dirección de Jack Barnes y Mary Alice Waters adoptó, desde la década del ’80, un cierto alineamiento con el Partido Comunista de Cuba, abandonando las banderas de la IVº Internacional.
[2] Versión en español, Marxismo y Feminismo, Fontamara, México.
[3] Este artículo fue escrito por Trotsky, en 1935, para un amplio público norteamericano, durante la Gran Depresión, cuando millones de personas se radicalizaban y se interesaban en aprender qué era el marxismo y que significaba la revolución socialista en Estados Unidos. Versión digital en www.ceip.org.ar / Escritos 1929-1940.