15/11/03

La violencia tiene rostro patriarcal

El 25 de noviembre de 1960 Patria, Minerva y María Teresa Mirabal, conocidas como las "mariposas", fueron asesinadas en República Dominicana por orden del dictador Trujillo. Estos brutales asesinatos generaron el repudio nacional e internacional hacia el gobierno y aceleraron la caída del dictador. En homenaje a estas mujeres, cada 25 de noviembre se conmemora el Día Contra la Violencia hacia las Mujeres.

Las cifras del horror

América Latina y el Caribe registran los índices más altos de violencia contra las mujeres: el homicidio representa la quinta causa de muerte, el 70% de las mujeres padece violencia doméstica y el 30% reportó que su primera relación sexual fue forzada.
En nuestro país, se producen entre 5.000 y 8.000 violaciones por año. Según las especialistas, en todo el mundo, uno de cada cinco días de ausencia femenina en el ámbito laboral es consecuencia de una violación o de la violencia doméstica. En la provincia de Buenos Aires se calcula la existencia de 120.000 hogares donde las mujeres sufren maltrato.
Todas estas cifras se basan en investigaciones no oficiales. Sabemos que la mayoría de los casos de violencia, las violaciones y las muertes por abortos clandestinos no son denunciados por temor, por vergüenza o por la misma certeza de que la denuncia no será tomada en cuenta.
Esto último fue lo que le pasó a Claudia Sosa, la joven mendocina que denunció en reiteradas oportunidades a su marido policía, que la humillaba, la encerraba, la golpeaba brutalmente y la vejaba cotidianamente. A pesar de sus denuncias, este 25 de noviembre se cumplirá un año desde que se dictó la sentencia a 15 años de prisión para... la víctima. Claudia Sosa fue acusada de homicidio cuando en su desesperación gatilló el arma de aquel que la torturaba y la violaba bajo la mirada cómplice del Estado. Hoy, la "reparación" que le ofrece ese mismo Estado es una rebaja de la pena a seis años de prisión.

Este 25, ¡justicia para Marta!

El 16 de setiembre pasado, en el ANSES de la ciudad de La Plata, mientras cumplía su horario de trabajo, Marta Jáuregui fue encerrada bajo llave y sometida a terribles vejaciones por parte de un empleado del mismo organismo.
Ella es delegada paritaria nacional de ATE y militante de la CCC, el abusador es delegado de UPCN. Haciendo uso de una licencia que le permite su fuero gremial, el violador desapareció del lugar de trabajo y recién varios días después de los hechos y la denuncia correspondiente, el sindicato le quitó los fueros.
Sabemos que las leyes no suelen proteger a las víctimas de las violaciones y que en general la víctima es sometida a exponer los hechos una y otra vez con lujo de detalles. En general, debe justificar hasta qué ropa estaba usando y en qué lugar se encontraba, como si estas cuestiones fueran causantes del delito. A pesar de ello, Marta tuvo la valentía de denunciar el abuso sexual. Es nuestro deber acompañarla en esta situación. Por eso llamamos especialmente a la CTA, a los sindicatos combativos, a las organizaciones populares, a las agrupaciones de mujeres y a las feministas, a los partidos de izquierda a convocar y participar de la marcha del 25 de Noviembre para exigir justicia para Marta.

Mensajes de odio

Exigimos justicia para Marta y para todas las mujeres que sufren cotidianamente la violencia en este sistema en el que las normas, los valores y las creencias sitúan a las mujeres en una posición de inferioridad con respecto a los varones.
En un sistema basado en estas "jerarquías", la violencia hacia las mujeres contribuye a mantener ese orden por medio del terror y la fuerza. Las marcas de la agresión en el cuerpo de una mujer son mensajes de odio que le dicen a las otras mujeres: debes ser disciplinada, mantener silencio, ser sumisa y aceptar el dominio que se impone sobre tí.
Este sistema de opresión y explotación, en el que "lo normal" es la sumisión de muchos/as y el dominio de algunos, determina y facilita que innumerables medidas de control y coerción –incluyendo la violencia hacia las mujeres–, sean conductas invisibilizadas en su reproducción cotidiana y pasen desapercibidas para la sociedad, excepto para las mujeres, sus principales víctimas, las únicas que llevan las marcas incluso hasta la muerte.

Publicado en La Verdad Obrera Nº 128