28/12/04

Custodios de Cristo Rey al ataque

El “espíritu navideño” no cuajó en los corazones de los nacionalistas católicos que, en las últimas semanas, han atacado todas las expresiones que no coinciden con sus ideas. La marcha del orgullo gay, la marcha de la Resistencia de las Madres de Plaza de Mayo, la muestra del artista León Ferrari, la conferencia de la médica Rebecca Gomperts a favor del derecho al aborto y la ley de educación sexual en la Legislatura porteña fueron blancos de sus violentos ataques.
Mientras tanto, el cardenal Bergoglio pide un desagravio a la Virgen y los curas de la paquetísima Iglesia del Pilar siguen arengando a sus fieles contra el “diabólico” Centro Cultural emplazado a su lado.
Por si no fuera suficiente, la justicia y el gobierno se arrodillan, no para rezar, sino para cumplir las “órdenes celestiales”: censura contra Ferrari, prohibición de la segunda conferencia de Gomperts y Kirchner repitiendo, para quien quiera oírlo, que no habrá derecho al aborto en Argentina mientras dure su mandato. Amén.

¿Quiénes son estos ángeles cuSStodios?

El 27 de octubre pasado, un grupo de católicos celebraba una misa en memoria de Bruno Genta, uno de los nazis más prominentes de Argentina. Quienes lo recordaban eran los hermanos Gristelli, de la Agrupación Custodia, y Antonio Caponnetto, titular de la ultra-derechista revista Cabildo.
Los hermanos Gristelli fueron, en el 2001, el grupo de choque que custodió al asesino Etchecolatz, comisario torturador de la dictadura, a la salida de los tribunales, golpeando con palos a los manifestantes que protestaban contra la impunidad.
A pocos días de celebrar su misa de homenaje a Genta, se los volvió a ver en la Catedral gritando “¡Fuera la basura homosexual!” y haciendo el saludo nazi frente a las cámaras de TV, contra la XIII Marcha del Orgullo. En esa ocasión, una línea de infantería “resguardó” a los Custodia, que no cesaban de despotricar contra el gobierno nacional, en el que ven encaramada a la “guerrilla marxista” de los ’70. Aunque parezca ridículo, estos nazis criollos son capaces de esos y otros dislates, como el de considerar cobardes a los milicos por haber sólo “desaparecido”, en vez de haber fusilado al “enemigo”.
El 8 de diciembre, en desagravio a la Virgen que –según ellos- había sido víctima de la “blasfemia enfermiza del infame Ferrari”, convocaron a una procesión. En el petitorio que pensaban entregar denunciaban “la persistente obra de descristianización de la sociedad, la destrucción sistemática de todo vestigio de un orden público cristiano, la aplicación del funesto ideario de la cultura de la muerte, la sanción de normas contrarias a la ley divina y a la ley natural, la profanación y el vejamen de los bienes y valores más resguardados por la Iglesia, y hasta la promoción insensata de la contranatura, con los previsibles efectos disolventes para la educación familiar.” Y aludían a una “irrespirable atmósfera anticatólica” que los impele a reaccionar de manera “viril”, en defensa de la Iglesia y de la “esencia del ser argentino”.
Como se ve, el mismo programa que el de la Iglesia, pero en la voz de energúmenos menos sutiles que los de la jerarquía eclesiástica.

El infierno tan temido

La Iglesia que alberga a estos energúmenos fascistas ha crucificado a León Ferrari por su obra Ideas para infiernos. Sin embargo, el verdadero motivo de su repudio es que el artista ha convertido en arte público lo que no es más que un secreto a voces: la complicidad de la Iglesia con la dictadura militar que, entre los 30.000 desaparecidos, se ha cobrado como víctima al hijo del mismo Ferrari. Sus collages, que ilustraron la versión del Nunca Más reproducida por Página/12, muestran de manera innegable la estrecha relación entre cardenales y militares, tal como hubo anteriormente entre Hitler y el Vaticano. Una estrecha relación entre Iglesia y Estado que continuó con cada uno de los posteriores gobiernos de esta democracia para ricos.
En la dictadura, se trataba de un “intercambio de favores” digno de la mafia: los prelados “defensores de la vida” daban la comunión a los torturadores de embarazadas, bendecían a los que robaban bebés y confesaban a las víctimas próximas a perecer, mientras le decían a madres y familiares que nada sabían del paradero de los “desaparecidos”. Mientras tanto, Videla y Martínez de Hoz promulgaban decenas de decretos que establecían los sueldos a cobrar por obispos, vicarios castrenses, curas jubilados y seminaristas.
Además de las exenciones de impuestos, los pasajes y otras prebendas de la Curia, lo cierto es que, para el 2005, los chupacirios se embolsarán 14 millones de pesos en efectivo, previstos en el presupuesto nacional. A lo que se suma una cifra desconocida, pero que podría ser de casi el doble que eso, en calidad de subsidios a los colegios privados católicos.
Pero, además, como si la complicidad con la siniestra dictadura y el curro de vivir sin laburar no fueran suficientes, esta manga de parásitos mantenidos por el pueblo se ha visto envuelta, en los últimos años, en resonantes escándalos de abuso sexual de niños, niñas y adolescentes.
No sólo el caso del mediático padre Grassi ha conmovido a la opinión pública, sino otras decenas de casos como el de los veintiún niños de un jardín de infantes de Mar del Plata, ultrajados por un docente con la complicidad de un cura. O el del sacerdote Héctor Pared, imputado por la corrupción de seis menores de un hogar de Florencio Varela. O el caso de monseñor Storni, acusado de acosar a jóvenes seminaristas, quien presentó su renuncia y viajó al Vaticano en busca de protección. También se recuerda el caso del obispo de Quilmes que protegió a un sacerdote acusado de abusar de un adolescente, que siguió celebrando misa hasta que fue denunciado a la justicia por la madre del joven, a quien el obispo le dijo que “tenía que ser más misericordiosa con las personas, que por vocación eligen el celibato, porque tienen momentos de debilidad”.
Estos “defensores de la vida” son los que se oponen a los anticonceptivos, nos niegan el derecho al aborto y se sienten agraviados cuando se habla de una ley de educación sexual, promoviendo la “castidad” para evitar los embarazos no deseados y el contagio de enfermedades de transmisión sexual. Como consecuencia de tanto cinismo, mientras tanto, en el último año en todo el mundo se produjeron casi 5 millones de infecciones con HIV – Sida, siendo 40 millones los enfermos del planeta y 3 millones las víctimas mortales. Y 400 mujeres mueren por año, en nuestro país, víctimas de los abortos clandestinos. La mayoría son adolescentes y pobres, mujeres trabajadoras y de los sectores populares.

La Santa Alianza

Menem se jactaba de ser el presidente de la historia que más veces se vio con el Papa. Parece que, como premio por tamaña devoción, el pontífice lo invitó a formar parte del “foro de notables” que propagaba las ideas contra el aborto y en defensa de la moral cristiana en el mundo. Algo que culminó con la instauración del Día del Niño por Nacer, una celebración abiertamente antiabortista que se conmemora en Argentina desde aquella época de la convertibilidad hasta nuestros días. Además, Menem no se cansaba de repetir que los indultos a los militares, propiciados durante su gobierno, fueron consultados “con todos los jerarcas de la Iglesia, y principalmente con el Santo Padre, a quien le pareció que era una medida que tendía a la pacificación argentina”.
Después vino el chupacirios de De la Rúa quien, a poco de asumir, ya estaba insistiendo en su condena al aborto. Eso y la represión del 19 y 20 de diciembre, además de su huida en helicóptero, fueron las únicas decisiones que tomó enérgicamente.
Con la asunción de Duhalde, las cosas no cambiaron en absoluto. En una carta enviada al Papa, decía “desde el comienzo de mi mandato presidencial, he procurado hacer valer los principios más sagrados (...), en especial la protección de la vida desde el momento de la concepción y la familia, fundada en el matrimonio, como núcleo fundamental de la sociedad”.
Y con Kirchner tampoco hubo más que gestos inocuos. En marzo de este año, el Vaticano, en una audiencia con el canciller Bielsa, expresó su agradecimiento al gobierno por “la posición argentina con respecto al aborto”. Es que el presidente, días antes, había afirmado categóricamente que “no tenía en estudio ningún proyecto de ley que despenalizara el aborto”. Mientras tanto, la Iglesia ha recibido, por parte del gobierno Kristiano la administración de cientos de millones de pesos de planes para desocupados.
La alianza entre la Iglesia y el Estado, el régimen y sus partidos patronales sigue en pie. Una Santa Alianza que nos ha declarado la guerra a las masas trabajadoras y el pueblo pobre, atacando la libre expresión y luchando encarnizadamente contra todo intento de nuestra parte por obtener derechos a una vida mejor. Los nazis criollos son los soldados enviados al frente. Pero los generales visten de traje y de sotana, y sus cuarteles son los edificios vistosos que rodean la Plaza de Mayo. ¡Por la separación efectiva de la Iglesia del Estado! ¡Basta de subsidios a la Iglesia y la educación privada! ¡Que los curas vayan a laburar!