24/11/05

Iglesia y Estado: Se gritan y se enojan, pero conviven bajo el mismo techo

Bajo el sugerente título de Una luz para reconstruir la Nación, la conferencia episcopal se pronunció sobre diversos temas sociales. Con “preocupación” por la situación de desigualdad, los obispos se preguntan “cuál es la responsabilidad que les cabe a las autoridades políticas de antes y de durante la crisis. Pero también a los demás sectores de la sociedad, en especial a los empresarios y sindicalistas...”1
Nada dicen sobre la alianza que ellos mantuvieron con empresarios como los banqueros Trusso, Alfredo Yabrán y con políticos de la década menemista. ¡Ni mencionan los 29 millones de dólares que Menem les dio en aportes del Tesoro Nacional, como sobresueldos para algunos obispos! Tampoco sobre las millonarias cifras que, en carácter de planes asistenciales, pasaron a la administración de la Iglesia desde la época de Duhalde y también bajo el gobierno de Kirchner.
Justamente, como el documento parece criticar veladamente al gobierno, fue aplaudido por el derechista López Murphy y el oligarca diario La Nación. Lo que seguramente ni imaginaban los obispos es que Raúl Castells del MIJD, Amancay Ardura de la CCC y Patricio Echegaray del PC iban a apoyar sus declaraciones.
Echegaray sostuvo que ahora, con el cardenal Bergoglio a la cabeza, la Iglesia argentina “tiene una mayor preocupación hacia lo social”2. Parece que no terminaron de leer el párrafo que los obispos nos tenían reservado más abajo, donde condenan a las “huelgas desproporcionadas, que no reparan en las injustas consecuencias sufridas por los más débiles”, en una clara alusión a la lucha de las y los trabajadores del Hospital Garrahan.
El documento termina con un análisis de la década del ‘70 y el terrorismo de Estado que, una vez más, esboza la teoría de los dos demonios: “conviene que los mayores nos preguntemos si trasmitimos a los jóvenes toda la verdad sobre lo acaecido en la década del ‘70. O si estamos ofreciéndole una visión sesgada de los hechos, que podría fomentar nuevos enconos entre los argentinos. Ello sería así si despreciásemos la gravedad del terror de Estado, los métodos empleados y los consecuentes crímenes de lesa humanidad, que nunca lloraremos suficientemente. Pero podría suceder también lo contrario, que se callasen los crímenes de la guerrilla, o no se los abominase debidamente.”
Por si faltaba alguna provocación de esta manga de parásitos, el documento fue presentado por el obispo Carmelo Guiaquinta, que hace pocos días amenazó con llamar a la desobediencia civil a todos los católicos si el Estado seguía con sus planes de impartir educación sexual en las escuelas.

Ya nos cansamos de usar la frase “mucho ruido y pocas nueces” para la verborragia kirchnerista, pero es una expresión inequívoca para referirnos a su relación con la Iglesia.
Desconoció al vicario castrense Baseotto, pero no al vicariato –institución creada por la dictadura de Aramburu y Rojas, que permite que los militares tengan sus propios curas, los mismos que les llevaron tranquilidad a sus conciencias después de las torturas perpetradas durante la última dictadura-.
Mientras Baseotto amenazaba con sus condenas bíblicas al ministro de Salud, era protegido por el Vaticano, que estrenaba un nuevo Papa. En esa ocasión, el embajador argentino en la “santa sede” transmitió a Benedicto XVI “la firme voluntad del presidente Kirchner de fortalecer las relaciones entre los dos Estados”3.
Con el mismo “espíritu fraternal” actúa el agredido ministro... Cuando se trata de trabajadores en huelga, como en el Garrahan, los acusa de “terroristas sanitarios”. Pero cuando los reaccionarios de sotana lo amenazan con arrojarlo al mar, se ríe y dice que los obispos “para nada” son sus enemigos.4
Es que la Iglesia y el Estado, a pesar de los “kakareos”, siguen unidas por estrechos lazos económicos y políticos. Las prebendas de estos parásitos incluyen un presupuesto oficial de 12 millones y, además, los aportes “extras” que hacen algunos organismos del Estado (incluida la SIDE), la eximición de impuestos para sus propiedades, salarios de $5000 a sus obispos, gastos de sus viajes a Roma a costa del Estado, subvención a los seminarios y de 1000 millones de pesos anuales para sostener a los colegios católicos. Mientras, se hunden la educación y la salud pública, mueren cientos de mujeres por abortos clandestinos, son abusados niños y adolescentes por curas que permanecen impunes... Y Cristina homenajea a la Virgen de Luján en un almuerzo con empresarios presidido por el obispo Rubén Di Monte –el que dijo que los homosexuales son “enemigos de Dios” y que, en tiempos menemistas, se alzó con nada menos que un palito verde de sobresueldos pagados por el Estado-.
Así las cosas, los trabajadores y el pueblo pobre debemos exigir la separación definitiva de la Iglesia del Estado. Y que los curas... ¡vayan a laburar!

1 Una luz para reconstruir la Nación, documento de la 90º Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Argentina, 11/11/05.
2 La Nación, 13/11/05.
3 Clarín, 13/05/05.
4 La Nación, 7/11/05.