29/10/04

Los Encuentros de Mujeres ante una encrucijada

Durante el Encuentro de Mujeres de Mendoza, se reabrió un debate que la periodista Marta Dillon1 sintetizó así: “la violenta intervención de sectores fundamentalistas católicos exige debatir el modo de preservar este espacio democrático.”2
En estos encuentros, miles de mujeres discuten sobre la situación del país, sus condiciones de vida, etc. Aunque visibilizaron las muertes por abortos clandestinos, la violencia contra las mujeres, etc; desde hace algunos años, la ofensiva del Estado, los gobiernos de turno y la iglesia no sólo atacan su autonomía, sino que intentan impedir que, en ellos, se pueda avanzar en la lucha por nuestros derechos. Esta situación muestra que no existe ningún “espacio democrático” que pueda garantizarse sólo con mujeres coordinadoras o “tradiciones” sobre cómo deben realizarse los debates.
Manos oscuras estafan a miles de mujeres con los micros, la iglesia empapela la ciudad contra el derecho al aborto y el gobierno y la policía permiten que las escuelas, donde funcionan los talleres, amanezcan con pintadas fascistas amenazantes. ¿Cómo proceder contra esta intromisión de las instituciones que son las que legitiman y sostienen la opresión, en un Encuentro de mujeres que quieren organizarse para debatir y luchar contra eso? Este es, a nuestro entender, uno de los principales problemas que enfrentan los Encuentros, convirtiéndolos en enormes eventos que no sirven para que las que queremos luchar podamos organizarnos democráticamente.

Así, no...

Marta Dillon interpela a preservar los Encuentros de “los discursos predeterminados”3 de la iglesia y de la izquierda, a quien ridiculiza, estrenando una nueva versión de la teoría de los dos demonios. Un planteo tan elemental como decir que “para salir a luchar por nuestros derechos debemos luchar, previamente, por la libertad de todas y todos los que hoy se encuentran presos por luchar por sus derechos” es, para algunas mujeres, igual que convocar a patotas de varones para golpear a las feministas, poner bombas incendiarias en los ómnibus de la CTA y empapelar toda una ciudad con gigantescos carteles de rubios bebés proclamando que ése es nuestro único destino.
En prolongados debates, algunas mujeres señalaron que además de las presas y presos hay otros problemas, como por ejemplo los abusos, las violaciones, la invisibilización y la discriminación de las lesbianas, los embarazos adolescentes, los golpes y las humillaciones, etc. Es cierto. Nadie niega que son miles los problemas que nos atraviesan a las mujeres. Para enfrentarlos, debemos organizarnos y luchar. Pero hoy tenemos un problema adicional: todas y todos aquellos que salieron a la calle a enfrentar las medidas más reaccionarias de este gobierno, terminaron en la cárcel; es decir, nos está vedado el más elemental de los derechos que es el derecho a luchar.
Si no ponemos como primer punto que es necesaria la libertad de las mujeres de Caleta Olivia que luchaban por trabajo genuino, de las mujeres en situación de prostitución que se enfrentaron al Código represivo, de todas las presas y presos políticos, será más difícil organizarnos para luchar por todos nuestros derechos. ¿Será tan difícil de entender? ¿O será que no se quiere denunciar que el gobierno de Kirchner es el que tiene más presos políticos desde la última dictadura?
No nos extrañaría que, en algunas voces que se alzaron contra la izquierda, se trate más de esto último...

Así tampoco...

Por su lado, algunos sectores de la izquierda, dejan mucho que desear.
El PCR, fiel a su estrategia de conciliación de clases que lo ha llevado a apoyar a López Rega (el creador de la Triple A que asesinó a cientos de luchadores y el que prohibió los anticonceptivos); que luego en 1989 llamó a votar a Menem (el que provocó el mayor índice de desocupación y que instauró el Día del Niño por Nacer); ha repetido este esquema para no enfrentarse con la iglesia ni con el gobierno en los Encuentros de Mujeres. Llamando a la unidad y a respetar “el espíritu de los Encuentros” –basado en el consenso que permite que miles de mujeres que se pronuncian por el derecho al aborto tengan la misma trascendencia que unas pocas militantes católicas que impiden una democrática discusión sobre estos temas-, el PCR cumplió su papel de moderador al que nos tiene acostumbradas, para después proclamar de manera delirante que “el 9,10 y 11 de octubre del 2004, los ‘vientos del Encuentro’ barrieron las cenizas y aparecieron las brasas del Argentinazo”.4.
Mientras tanto, el PO, lamentablemente, señala que “la CCC, si bien se adaptó a las presiones exteriores (lo cual fue especialmente visible al momento de realizarse la marcha), se comprometió con la causa de los presos y militó para lograr la definición del Encuentro.”5 E incluso reiteran: “Hubo mucho acuerdo con las compañeras de la CCC. Estuvieron de acuerdo con nuestras consignas.” Y “La CCC denunció que se le caen los planes, que quieren estar con los piqueteros ‘duros’. Fue maravilloso”.6 Lo que no dicen es que PO se adaptó a la CCC... desestimando la propuesta del PTS de denunciar al gobierno de Kirchner y su política represiva durante la marcha. Para culminar con la autoproclamación pedante a la que nos tienen acostumbradas, señalando que la delegación del PO en el Encuentro son “el cimiento de la organización revolucionaria de la mujer”.7

Nuestra propuesta

Las mujeres del PTS sostenemos que no son lo mismo las del Opus Dei que las trabajadoras de Pepsico, Zanon, Bagley, Brukman, Caleta Olivia, etc. Que no se puede discutir “democráticamente” entre las activistas lesbianas, travestis, estudiantes y las fuerzas fundamentalistas de quienes aplauden la mano dura de Blumberg y el código represivo de Ibarra y Macri.
Por eso, consideramos que hay que aprovechar la oportunidad de que miles de trabajadoras ocupadas y desocupadas, jóvenes estudiantes, activistas y luchadoras de distintos grupos, movimientos y partidos de izquierda se reúnan cada año, para avanzar en coordinar planes nacionales y regionales de lucha que se planteen modificar efectivamente nuestras condiciones de vida, de manera independiente de la iglesia, el Estado, el gobierno y los partidos patronales.
Que en Mendoza no se haya podido hacer esto tiene su consecuencia: miles de mujeres de todo el país se pronunciaron por la libertad de las/os presas/os políticas/os pero no se votó ninguna campaña ni acción unificada, que hubiera podido ser un paso importante en la exigencia de libertad de nuestras compañeras. El movimiento de mujeres, bajo el gobierno de Kirchner y su política de mano dura sugerida por Blumberg, se encuentra en condiciones más difíciles para salir a la conquista de todos nuestros derechos.

1 Editora del suplemento Las 12 de Página/12.
2. “Mujeres en llamas”, Las 12, 15/10/04.
3 “Tal vez sea hora de cruzar el género con definiciones políticas que sienten las bases en adelante y que limpien el camino de discursos predeterminados –que en eso también tienen mucho que ver los partidos de izquierda que pretenden sacar definiciones en contra del pago de la deuda externa aunque se esté hablando de sexualidad- para empezar a avanzar sobre las contradicciones, que suelen ser el caldo donde se cuecen las mejores sopas”, del artículo citado.
4 Hoy, 27/10/04.
5 Prensa Obrera 872 - 14/10/04
6 Prensa Obrera 873 - 21/10/04
7 Prensa Obrera 872 - 14/10/04