10/5/12

Se aprobó la Ley de Identidad de Género


 
 El Senado aprobó la Ley de Identidad de Género que reconoce el derecho de las personas trans a registrarse con nombre de pila, imagen y sexo que concuerden con su identidad de género, en todos los documentos que acreditan su identidad. Para este registro no necesitarán intervención quirúrgica genital, ni terapias hormonales u otros tratamientos; aunque la ley, también incluye el acceso a estas intervenciones y tratamientos en el sistema de salud, sin necesidad de requerir autorización judicial o administrativa previa.

El triunfo de una larga lucha

Medio millar de personas festejamos junto a las compañeras y compañeros del Frente Nacional por la Identidad de Género, en la plaza del Congreso. Como militantes del PTS, que luchamos por una sociedad liberada de la explotación y todas las formas de opresión; como integrantes del FIT, que fue la única fuerza política que en la campaña electoral levantó esta demanda y como compañeras y compañeros de lucha de las organizaciones LGTB, con las que compartimos innumerables movilizaciones por nuestros derechos, compartimos la alegría de este triunfo.
Pero no festejamos el resultado de una votación de esa cueva de cínicos y ladrones, donde los senadores se llenaron la boca con la palabra “tolerancia” y aprobaron la ley con un descaro inusitado. Los representantes de los partidos que son responsables de los negociados de las empresas ferroviarias que provocaron la Masacre de Once, que dirigen las fuerzas policiales que asesinan a los pibes pobres del conurbano y a las travestis en situación de prostitución, personeros de empresarios y terratenientes, se dieron el lujo de vestirse de progresistas.
Por eso, no festejamos sus discursos y sus votos en el Senado. Sino el resultado de una larga lucha de centenares de activistas LGTB, muchas y muchos de los cuales compartieron anoche la plaza y tantos y tantas que murieron en plena juventud por las terribles condiciones de vida a las que las somete la clandestinidad y la marginación o fueron asesinadas por la policía.

“Quiero que haya un conservador”

“Quiero que en la comisión haya un conservador como Pinedo para que me modere a todos estos garantistas”. Eso dijo Cristina Kirchner en la reciente reunión de la comisión que elaborará un nuevo Código Penal.
Mientras los kirchneristas –mayoría absoluta en el Senado- preparaban sus discursos para aprobar la Ley de Identidad de género, la presidenta se reunía con esta comisión, ordenándoles que el proyecto del Código Penal no incluya una reforma a las penas por el aborto. “Por favor, que eso quede afuera del debate”, sugirió Cristina. Y así lo aceptaron, sin chistar, Gil Lavedra de la UCR, María Elena Barbagelata del FAP, Pinedo del PRO, el juez Zaffaroni, y otros. A Cristina y los “garantistas” no parece importarles que ya sean más de dos mil mujeres las que murieron bajo los gobiernos kirchneristas, a causa de algo tan evitable como las consecuencias de los abortos clandestinos. Las que mueren son las mujeres jóvenes y pobres que deben someterse a prácticas insalubres e inhumanas para interrumpir un embarazo no deseado. Las que viajan hacinadas en los trenes destartalados y que trabajan jornadas interminables en talleres textiles clandestinos, con ritmos de producción intolerables en fábricas o limpiando las casas de estos mismos jueces, funcionarios o diputados.
¿Quién puede creer, a esta altura, que habrá alguna voluntad de aprobar el derecho al aborto en un Congreso con mayoría kirchnerista que obedece las órdenes de Cristina? Si la Rosada ordena aprobar la ley de identidad, hasta los más rancios y derechistas senadores levantan la mano sin chistar. Pero el derecho al aborto es palabra prohibida para el oficialismo. Nunca más evidente que del Congreso, entonces, no saldrá nada bueno para millones de mujeres, si no es por la voluntad de lucha de un movimiento amplio y combativo que sin compromisos con el gobierno, ni con la oposición patronal, se proponga arrancar el derecho al aborto, para que sea legal, seguro, gratuito y no haya más muertas por abortos clandestinos, ni una sola mujer más sin la libertad de decidir sobre su propio cuerpo.