8/3/09

Discurso pronunciado en el acto de Pan y Rosas del Día Internacional de la Mujer

PARTE 1


PARTE 2


PARTE 3

DISCURSO COMPLETO
Amigas, compañeras, compañeros…
La crisis económica se empieza a sentir en nuestro país con suspensiones y despidos en las fábricas y tarifazos que golpean la economía de nuestros hogares. Pero la crisis nos afecta a todos, a hombres y mujeres… ¿es algo de lo que hay que hablar justo en el Día Internacional de la Mujer?
Está claro que los capitalistas nos han declarado la guerra a todas y todos los trabajadores del mundo. Este año, probablemente, con las marcadas tendencias a la depresión de la economía mundial, en el planeta habrá 20 nuevos millones de desocupados y desocupadas y 200 millones de personas pasarán a vivir en la extrema pobreza. Y la crisis no es sólo despidos: entre quienes conserven su empleo, serán 1.400 millones de personas las que no cobrarán más de dos dólares por día.
Y el “auto-rescate” que el capitalismo se está pagando para salvarse, en todo el mundo, ya supera los 5 billones de dólares. Equivale a algo más de dos dólares por día por cada habitante del planeta, es decir, ¡lo mismo con lo que sobreviven inhumanamente 2.500 millones de personas en la actualidad! Con ese “auto – rescate” capitalista que votaron los gobiernos de EE.UU. y de Europa, también queda claro que los Estados no son más que juntas de administración de los negocios burgueses: con lo que invirtieron en salvar a los bancos ¡se podrían haber comenzado a paliar los problemas más acuciantes del hambre en todo el planeta! Los capitalistas se llevaron sus cuantiosas ganancias a costa de nuestra explotación ¡y ahora, reciben salvatajes del Estado mientras pretenden que nosotras y nosotros cubramos sus pérdidas!
Pero el impacto de la crisis no es igual para todos. En América Latina, la tasa de desocupación es casi dos veces mayor entre las mujeres que entre los hombres y el 60% de las mujeres que trabajan lo hacen en brutales condiciones de precarización.
Más vulnerables aún, frente a la crisis, son las mujeres migrantes. La mayoría de estas mujeres de los países más pobres son trabajadoras domésticas en los países imperialistas, o trabajan en maquiladoras donde la dictadura patronal se hace sentir con todo su peso, sometidas a jornadas laborales extenuantes, sin días libres. Incluso son víctimas de abusos físicos y sexuales o del tráfico de personas. Ahora, además, son condenadas por las leyes racistas y xenófobas –más endurecidas ante la crisis económica-. Mientras el capital viaja libremente por todo el planeta, las personas somos criminalizadas, perseguidas, encarceladas, consideradas “ilegales”, deportadas y víctimas de los mayores abusos por buscar un lugar donde vivir mejor.
En las 3 mil zonas francas que hay en el mundo –donde los empresarios pueden llenar sus bolsillos sin pagar impuestos- trabajan más de 40 millones de personas, sin ningún derecho. ¡Pero el 80% son mujeres que tienen entre 14 y 28 años! Ya hoy, antes de que la crisis empeore aún más las cosas, las 200 personas más ricas del mundo poseen lo mismo que los 2.500 millones de personas más pobres. Y mientras esos 200 supermillonarios son hombres, el 80% de los más pobres son mujeres y niñas.
Y en esto están todos de acuerdo: neoliberales y “progresistas” nos dicen que tenemos que hacer un esfuerzo común… trabajadores y capitalistas, para afrontar la crisis.
Nosotras, por el contrario, decimos que la crisis la paguen los que la provocaron, que la crisis la paguen los capitalistas. Ni despidos, ni suspensiones ni rebaja salarial. Que se repartan las horas de trabajo entre todas las manos disponibles con el mismo salario, a costa de las ganancias capitalistas. Ante las amenazas de cierres de empresas: ocupación bajo control obrero y nacionalización sin pago para ponerla a producir de acuerdo a las necesidades populares.
Pero la crisis económica también profundizará aún más la crisis alimentaria que ya, con el aumento desorbitado de los precios de los alimentos de los últimos años, eleva a 950 millones la cifra de personas desnutridas en el mundo. Las mujeres, que son las que producen la mitad de los alimentos del planeta, sólo poseen un 2% de la tierra.
Mientras tanto, los grandes pulpos multinacionales introducen los cultivos transgénicos, talando bosques, agotando la fertilidad del suelo, propagando el uso de plaguicidas tóxicos y condenando a la extinción a las especies animales.
Con la crisis económica, además, se reducirán las supuestas “ayudas humanitarias” con que los países imperialistas intentan paliar las catástrofes que, el mismo capitalismo provoca con su depredación de los recursos naturales y del medio ambiente. Inundaciones, sequías y otros desastres que afectarán fundamentalmente a los más pobres entre los pobres, con sus secuelas de enfermedades, pérdida de viviendas, falta de alimentos y muertes. Y también se reducirán los presupuestos para salud, educación y otros servicios sociales, haciendo recaer sobre la ya fatigosa doble jornada de trabajo de las mujeres, más tareas para la reproducción de la vida.
Por eso decimos ni un peso a los banqueros y los especuladores: plata para educación, salud y vivienda. Nacionalizar la banca y el comercio exterior. Expropiación de los terratenientes, las grandes cerealeras y sus puertos privados que lucran con el hambre del pueblo. Pongamos la riqueza del campo al servicio del pueblo trabajador.
El capitalismo no tiene nada que ofrecernos más que barbarie. La más brutal de las barbaries para las mujeres: cada minuto una mujer pierde la vida en el parto o por complicaciones del embarazo. Somos el 70% de los 900 millones de personas analfabetas. Cada día se practican 500 mil abortos en condiciones insalubres y clandestinas en el mundo, causando la muerte de 70 mil mujeres. Cada año, 4 millones de mujeres y niñas son traficadas para la explotación sexual. En esta época imperialista, donde todo se compra y se vende, el tráfico de armas, drogas, órganos y mujeres constituyen los “negocios” más rentables, que aumentarán acicateados por la crisis.
El cuerpo de las mujeres no sólo es objeto de la esclavitud sexual, la prostitución y la pornografía, también es un campo propicio para una rentable especulación científica: vientres de alquiler, experimentaciones en reproducción asistida y una propaganda penetrante y abusiva de modelos de belleza que se espera que podamos alcanzar, aun a riesgo de morir en cirugías, liposucciones y dietas anorexígenas.
No estamos frente a una crisis pasajera. El único pronóstico realista es prepararse para la catástrofe que querrán descargar sobre nuestras espaldas.
Por eso repetimos: si los capitalistas hicieron cuantiosas ganancias en los últimos años; ahora ¡que la crisis la paguen ellos!
Pero las mujeres trabajadoras y del pueblo pobre, además de sufrir las peores consecuencias de la crisis, también se ponen de pie ante las catástrofes económicas y sociales. Hoy estuvieron aquí con nosotras las primeras en ponerse de pie frente a los despidos y las suspensiones y los cierres de empresas: las mujeres de Massuh, las de automotrices de Córdoba… Ellas preanuncian lo que está por venir. Porque si hay algo que distingue a las crisis, con su cortejo de calamidades, es que siempre despiertan las mejores cualidades de las mujeres: su pasión, su heroísmo y su devoción.
Esas masas de mujeres anónimas que salieron a enfrentar distintas crisis, en el transcurso de los siglos, incluso han logrado escribir el prólogo de las más heroicas páginas de la historia de la humanidad. Es que siempre luchan con más energía y persistencia por lo nuevo quienes más han sufrido con lo viejo.
A fines del siglo XVIII Francia atravesaba un largo período de depresión económica. Los grandes terratenientes estaban protegidos contra las pérdidas, como ahora todos los capitalistas. Pero el pueblo se empobrecía pagando impuestos altísimos y por el aumento del precio de los alimentos. Fue en medio de esa situación de escasez y pobreza que las mujeres de los barrios más pobres de París salieron a las calles, exigiendo pan y dando inicio nada menos que a la gran Revolución Francesa de 1789.
A principios del siglo XX, Rusia temblaba bajo el imperio del Zar y los golpes aún más crueles de la Primera Guerra Mundial. Millones de campesinos y obreros morían en el frente, mientras sus familias perecían por hambre y frío. Pero en un día como hoy, en el Día de la Mujer de 1917, las obreras textiles de San Petersburgo decidieron manifestarse valientemente reclamando “Pan, Paz y Abajo el gobierno del Zar”. Miles de obreros se plegaron a su huelga espontánea. Pronto se sumaron los estudiantes, los pequeños comerciantes de las ciudades y la huelga se extendió como la pólvora. Estas mujeres obreras dieron el puntapié inicial de nada menos que la gran Revolución Rusa de 1917.
Y los ejemplos se suceden siempre ante las grandes crisis económicas y sociales a las que el capitalismo nos somete recurrentemente. Entonces nos preguntamos ¿Qué harán las mujeres ante la crisis que, otra vez, nos amenaza?
Que las mujeres hayan llegado al poder, que hayamos conquistado algunos derechos que no conocíamos el siglo pasado, que algunas ocupen sus bancas en los parlamentos… no impide que la barbarie de la pobreza, la opresión y la miseria de millones de seres humanos… siga ocurriendo. Porque ni siquiera todos los derechos que ganamos con nuestra lucha pueden subvertir un orden basado en la más profunda de las desigualdades: que un puñado de capitalistas se enriquezcan a expensas de la explotación de millones de seres humanos.
Por eso, estamos convencidas de que todas aquellas que quieran luchar por la liberación de las mujeres deben tener como estrategia la perspectiva de la revolución socialista. A los honestos luchadores que nos dicen que el socialismo es un movimiento de la clase trabajadora por su libertad y que no tienen por qué prestar especial atención a la lucha de las mujeres, las mujeres con ansias de emancipación les decimos: la lucha por el socialismo, la lucha por una sociedad liberada de la esclavitud asalariada y de toda opresión, es el único medio que tenemos las mujeres para conseguir nuestra verdadera libertad, por lo tanto, es también nuestra bandera.
Porque no pedimos… ¡exigimos! nuestro derecho al pan, pero también a las rosas.