12/3/06

Debajo de los adoquines está la historia

Después de tres días de toma, los estudiantes de la universidad La Sorbonne fueron desalojados con un operativo policial en el que hubo heridos y detenidos. Los 40 estudiantes que iniciaron la toma de esta emblemática universidad fueron rodeados, desde la primera noche, por gendarmería y policía que impedía tanto su salida como la entrada de más estudiantes que se solidarizaban con esta medida de lucha. Sin embargo, centenares de jóvenes mantuvieron rodeada la universidad, eludieron el cerco policial para acercarles alimentos a los que permanecían en la toma y, finalmente, en el tercer día, lograron vencer el cerco de las fuerzas de seguridad y más de 500 ingresaron al edificio.

Escenas de París, mayo de 1968.

Esto sucedía, mientras el resto de los estudiantes permanecían afuera, armando barricadas por las calles laterales del edificio, donde se estacionaban más de 10 camiones celulares de la policía y se desplegaban los efectivos antimotines.

Delante de mis ojos, un automóvil BMW fue atravesado sobre la Rue Cujas, uno de los laterales de la Sorbonne, para fortalecer la barricada. Horas más tarde, comenzó la represión. Los que permanecían en la toma arrojaron escritorios y otros elementos que encontraban en la universidad, sobre la policía. Finalmente, la represión también recayó sobre ellos y fueron desalojados.

A la mañana siguiente, en la Place de la Sorbonne, sobre el Boulevard Saint Michel, conversamos con una de esas jóvenes que permaneció durante los tres días de toma. Nos decía lo siguiente: Lo que pasa en Francia es enorme, al menos desde un punto de vista simbólico. El martes fuimos un millón en las calles, manifestando contra el CPE (Contrato de Primer Empleo). La Sorbonne estuvo ocupada durante tres días. Claro que aquí el número de personas era menor, pero al principio éramos 40 y luego fuimos 500... algo que, aunque sea a nivel simbólico, es muy importante. Todavía nerviosa por los últimos acontecimientos vividos, pero preocupada por hacerse entender por una cronista argentina, explica cómo es el movimiento: Tratamos de reunirnos, no hay líderes, no estamos detrás de líderes sindicales ni políticos, lo que implica que todo es más dificil de organizar. Pero la gente tiene ganas de cambiar las cosas, y aunque no se logre cambiarlas, al menos tiene ganas de reflexionar sobre cómo hacerlo.

Escenas de París, marzo del 2006.

Esta joven está muy lejos de parecerse a aquellos que habitan en los barrios periféricos de París, los protagonistas de aquellas revueltas de las banlieues que en noviembre del 2005, aparecieron en las tapas de los periódicos internacionales, incendiando todo a su paso. Esta joven estudiante, por el contrario, es blanca, viste ropa de otra calidad, acude a una de las mejores universidades del mundo y se prepara probablemente para ser una de las intelectuales de renombre de las próximas generaciones. ¿Qué une a esta joven “revoltosa” de clase media con esos otros jóvenes “revoltosos”, hijos de inmigrantes árabes y africanos, hartos del desprecio de la Francia racista?

Nosotros, en tanto estudiantes, es evidente que tenemos mucha más facilidad para manifestarnos, por eso es normal que seamos los primeros en enfrentar al CPE y esperemos no ser los últimos. Otros van a seguirnos. ¡Los trabajadores van a seguirnos, los estudiantes secundarios van a seguirnos, los trabajadores privados, los estatales, todos! Nosotros los llamamos; pero al mismo tiempo, somos nosotros los primeros que nos manifestamos, entonces tenemos la responsabilidad de reflexionar. Efectivamente, el CPE afecta en primer lugar a los jóvenes, es discriminatorio, porque afecta a los que tienen menos de 26 años y, los estudiantes somos mayoritariamente jóvenes. Entonces ¡es normal que manifestemos! ¡somos los primeros afectados por ese contrato que es injusto! El punto de partida es el CPE, pero nos damos cuenta que hay mucha gente que tiene problemas mucho más grandes y tenemos que reflexionar globalmente sobre el sistema. Ayer hubo una represión que es intolerable. Esto, para nosotros, es inadmisible y a la gente como yo, que estamos en este movimiento, también nos hace reflexionar. Porque no aceptamos que Francia esté gobernada... mejor dicho, “gestionada” por gendarmes o policías.

La asamblea ha culminado. Nuestra joven entrevistada ya se aleja; los estudiantes se juntan en las esquinas para seguir conversando; los periodistas se protegen de la lluvia bajo los toldos de los cafés. En todos los que tenemos más de 38 años, los que tenemos una militancia de izquierda, los que alguna vez leímos sobre Daniel Cohn Bendit, los que vimos el filme Grandes Noches, Pequeños Amaneceres... queda flotando el fantasma del Mayo Francés.

Y en el fondo de la plaza, sobre una empalizada que cubre obras de refacción en la Sorbonne, se lee lo que una mano anónima escribió con aerosol: “Debajo de los adoquines, está la playa”. La leyenda está viva.